Acompañé a mi hija a abortar

Redacción Animal Político · 13 de febrero de 2023

Acompañé a mi hija a abortar

Acompañar a alguien en su decisión de abortar es una expresión del amor. En el marco del 14 de febrero, día del amor y la amistad, desde GIRE compartimos la historia de Catalina, a quien le estamos profundamente agradecidas por mostrarnos que es posible mirar el aborto con respeto y sin estigma.

Leía hace no mucho que ese vínculo que existe entre una madre y sus hijas es complejo, y es verdad, pues tenemos cargas ancestrales sobre moral, estatus social, entorno familiar y religioso, y ciertamente complejos y situaciones propias no resueltas; dicho esto, algunas se podrán asustar, después de todo siempre se habla del amor de una madre a sus hijos, ¿no?

Después de leer ese artículo cerré los ojos y recordé a mi hija cuando nació, lo bella que me pareció aún un poco ensangrentada. La recordé cuando comenzaba a comer solita, cuando comenzó a caminar, cuando comenzó a hablar… me perdí en esas imágenes, recordé qué es lo que pensaba al verla lidiar con las agujetas o verla garabateando, qué sentía por ella cuando se asombraba al ver la luna o al descubrir un sabor nuevo, o cuando me abrazaba… cuántas veces no me encontré llorando al sentir tanto amor.

El tiempo inexorablemente pasa y ella comenzó a crecer y muchas cosas se modificaron con el paso del tiempo; comenzó a expresar sus ideas, pensamientos y emociones. ¡Qué padre!, pensaba en mis adentros cuando eran afines a las mías. Pero qué descontrol y temor cuando eran diferentes, desconocidas para mí en cierta forma. Irremediablemente pensé en mi madre y en las mujeres que me criaron. Me percaté de cuántos lazos tengo con esas mujeres que tanto amo y respeto. Ellas me criaron y también me transmitieron lo que a su vez aprendieron. Recordé que en más de una ocasión esos miedos y palabras aprendidas se las transmití a mi hija.

En algún momento algo hizo corto circuito en mí cuando comenzó la denominada “edad difícil” de mi pequeña y decidí dejar en un cajón esos lazos que aún cargaba, algunas de esas enseñanzas aprendidas, y opté por entender su perspectiva, sus emociones, pensamientos e ideas. Quise ser realmente su apoyo, su remanso en esa edad de difícil crecimiento. Nuestra herramienta principal fue la conversación, fue el entendimiento de que ella no es mi extensión, ni mi “yo joven”, ni mi reflejo. ELLA ES ELLA, un ser individual maravilloso, grandioso y único.

Un día hace no mucho llegó a casa temerosa y me dijo algo que ninguna madre quiere escuchar de su pequeña adolescente: “MAMÁ, ESTOY EMBARAZADA”. No puedo describir el agujero oscuro que se formó frente a mí, el vacío que sentí en el estómago y el inmenso miedo. De inmediato llegaron a mí voces, reclamos, miedos, preguntas, emociones revueltas. Sí, sí, esas mismas. “¿Qué hice mal? ¿Por qué me hiciste eso? ¿No aprendiste nada? ¡Jodiste tu vida! Bla bla bla bla…

Pensé en cuántos pequeños llegan a este mundo sin protección, sin las herramientas necesarias para encontrar su camino, en cuánta frustración viven niñas y adolescentes que se encuentran en esta misma situación y por diversos motivos; me abrumé. Pero respiré y paré el mundo por un instante, tomé su mano y le dije: “Te escucho, hija”. Hablamos y al final entendí que, aunque no queramos, aún tenemos lazos negativos que no nos permiten hablar de muchos temas con nuestras hijas y que ciertamente son necesarios. Seguimos con tabúes innecesarios.

Ella, como muchas adolescentes, tiene idea sobre algunas cosas, pero no tiene certeza. La miré y sabía lo que tenía que hacer; no soltarla, apoyarla, escucharla y sentir lo que ella sentía en ese momento. Es mi hija más allá de la sociedad y del entorno familiar, por eso no la juzgué, sólo la escuché y lo reafirmé: soy su madre y la amo, la quiero ver feliz, exitosa y siendo un gran ser humano.

Cayó en la cuenta de que aún no puede ser responsable de otra vida, está en pleno proceso de entender la suya, y por eso mi hija decidió abortar y yo decidí acompañarla a que lo hiciera. Sé muy bien el estigma que esa palabra genera en nuestra sociedad y en el entorno familiar, pero de todos los caminos posibles sólo encontré viable uno: acompañarla en el proceso de aborto. No pude imaginar a mi hija con miedo y abortando sola, así que juntas buscamos y encontramos en internet a GIRE, que nos apoyó en esta travesía.

Nuestro primer contacto fue con una joven mujer que nos explicó el proceso a seguir, Ximena es su nombre, y siempre estaré agradecida por su cálido trato y el respeto inmenso a mi hija y a mí. Confieso que tenía temor, precisamente por el estigma social, pero desde el primer momento Ximena nos lo borró con sus palabras, nos explicó que ella es abogada y que estaríamos protegidas en todo momento.

El equipo que nos apoyó fue sumamente profesional y sobre todo muy humano. El camino de esos días estuvo plagado de emociones encontradas, pero nunca tuve duda de acompañar a mi hija en este proceso. Las pláticas con el doctor, el proceso en la clínica, dándole mi amor, mi apoyo, y ambas acompañadas en todo momento por Ximena. Me percaté de que estar tomando su mano en todo momento fue lo mejor que pudo haber sucedido para mi hija y para mí.

Hoy día mi hija tiene apoyo psicológico proporcionado por esta maravillosa organización y está comprendiendo situaciones que yo misma amándola como la amo no he podido explicarle. Mientras tanto, yo sigo amándola, respetándola, apoyándola en su recorrido de vida, y aprendiendo y desechando enseñanzas que no se ajustan al amor inmenso que le tengo. Estoy cierta de que el camino por recorrer es muy largo aún en educación sexual, virginidad, discriminación, violencia de género, educación reproductiva y aborto, pero sin duda GIRE y otras organizaciones están realizando una gran labor en este rubro.

Han pasado ya algunos días de este proceso y no imagino haber dejado a mi hija pasar por el proceso de aborto sola. Reflexiono en las adolescentes que lo pasan solas por miedo, por no poder platicar con las personas que aman y en muchas ocasiones en situaciones de riesgo. Organizaciones como GIRE trabajan mucho para que el peligro, el miedo y el estigma sean erradicados. ¿Cuál es mi deber como madre en una situación como ésta? Proveer en todo momento apoyo, amor y comprensión, tirar estigmas que por generaciones nos han lastimado y castigado. Es una obligación social enfrentar esto desde el amor, no desde las apariencias; desde la honestidad y no desde el miedo.

@GIRE_mx