Redacción Animal Político · 14 de octubre de 2025
El anuncio del cese al fuego recién acordado en Gaza pregona el final de la ofensiva genocida de Israel contra el pueblo palestino. El corazón se llena de alegría al ver las imágenes de las calles de Gaza; llena de ilusión ver niñas y niños bailar y reír, a pesar de que lo hagan entre los escombros. Escuchamos a Yusuf, de 16 años, platicar todo lo que hará ahora que abran las fronteras, y vuelven las ollas gigantes de Hamad a llenarse de comida que aliviará el hambre de niñas y niños. Se siente la esperanza desbordarse desde el aviso; hay mucha razón para la felicidad, donde todo ha sido horror y dolor. Estas son las imágenes que queríamos ver, sin duda, pero el alivio que sentimos no debe nublarnos al punto de que compremos la narrativa de los perpetradores.
En el texto que escribimos apenas unos días antes de este cese al fuego, ya decíamos que estamos frente a una pedagogía de la crueldad que convierte la vida cotidiana en espectáculo de exterminio y nos sitúa, como advierte Ward Churchill, ante la exigencia de no aceptar que sea el opresor quien defina lo que es “realista” para los oprimidos. En los medios, el cese al fuego se cubrió como “el Plan de Paz de Trump”, un regalo narrativo al principal financiador del genocidio. Lo primero que tenemos que reflexionar es que esta no es una victoria de Trump. Esta es la salida que están encontrando para despresurizar una situación global que se sale de su control. La semana pasada el mundo se llenó de movilizaciones masivas que exigían la libertad para Palestina, y por más que Israel gaste dinero en limpiar su imagen y posicionar su narrativa, nada funciona. Recordemos que su plan no era una Gaza para Palestina, Trump publicaba al inicio de su gobierno un infame video de “Trump Gaza” donde salía él mismo con Netanyahu brindando en camastros, mientras escenas de lujo y adoración a Trump se mezclaban. En proyecciones más serias, tan solo en mayo de este año, la administración de Trump presumía estar trabajando en un plan para reubicar de forma permanente (y forzada) a 1 millón de palestinos de Gaza en Libia. Hace menos de un mes, los emprendedores del asco y los arquitectos de la deshumanización del pueblo palestinado como Izaac Herzog, Itamar Ben Gavir y Bezael Smodrich, se referían a Gaza como una bonanza para el desarrollo inmobiliario, afirmando que Israel y Estados Unidos “pagaron mucho dinero por esta guerra, así que tenemos que compartir porcentajes de la venta de tierra en Gaza”.
Su plan siempre fue el exterminio, y eso no lo podemos olvidar. La presión que se le puso a Israel, Estados Unidos y prácticamente a todos los gobiernos del mundo, sumada al boicot promovido por la solidaridad con Palestina, rindió frutos. Trump y Netanyahu no cambiaron sus planes por la bondad de sus corazones, sino por la amenaza a sus intereses y a los del capital. Las flotillas, las marchas, las publicaciones en redes sociales (sí, también sirvieron para romper la narrativa israelí), el valiente periodismo desde Gaza, el trabajo del personal médico que mantuvo con vida a miles de palestinos, toda forma de cuidado y resistencia frente al horror desenfrenado logró este cese al fuego. Que no nos quiten que esta desescalada sí estaba en nuestros planes y no en los de ellos.
La alegría de detener el fuego y la destrucción debe tomarse con sobriedad, porque si bien da paz no despertar a encontrar nuevas dimensiones de horror desatadas sobre Gaza, no podemos pretender que queden impunes los crímenes que se cometieron a plena vista de todos los gobiernos, mismos que hoy nos querrán invitar a la normalización de Israel sin pagar consecuencia alguna. Estamos viendo a un asesino serial de niños, cuyo proveedor de armas le acaba de decir que ya no le es posible seguir facilitando su masacre; nos alegramos por los niños sobrevivientes, pero no podemos en toda conciencia limpia celebrar al asesino serial y a su patrocinador. Netanyahu y todo su gabinete deben enfrentar a la justicia internacional, Israel debe pagar reparaciones, las ocupaciones ilegales deben suspenderse y los ataques de colonos en Cisjordania deben condenarse.
Hay mucho por delante en la movilización y la protesta. La propuesta de designar a alguien como Tony Blair —responsable de haber llevado al Reino Unido a la guerra en Irak en 2003— reproduce la misma narrativa de celebrar y normalizar a los perpetradores que hoy promueve Trump, en vez de condenarlos. El Estado de Israel ha cometido un genocidio, esto no ha cambiado. Pero el problema no es solo que no se respete lo pactado, sino que tampoco podemos aceptar volver a la supuesta “normalidad” anterior al 7 de octubre: un Estado fundado en el colonialismo de asentamiento perpetúa necesariamente una lógica de deshumanización de sus vecinos. Un verdadero acuerdo de paz tendría que comenzar con juzgar y responsabilizar a los perpetradores, desnormalizar el sistema de violencia que sostiene a ese Estado y abrir una vía real hacia la emancipación del pueblo palestino. Esto exige también un ejercicio de memoria. El intento de normalizar el genocidio ya está en marcha, a través de una maquinaria sistemática de propaganda. Por lo tanto, es precisamente ahora, cuando la complicidad de los Estados que respaldan a Israel y su maquinaria de guerra ha perdido toda legitimidad, cuando debemos ejercer el trabajo de resistencia que surge de la memoria colectiva.
Celebremos que paró el genocidio, teniendo claro que ya están faltando a los acuerdos, reconozcamos que la presión global masiva de la que participamos en mayor o menor medida doblegó al poder, mantengamos nuestra articulación y solidaridad con el pueblo palestino que vuelve a los escombros de sus casas. Pero al mismo tiempo señalemos y sostengamos responsables el silencio, la omisión y la complicidad de quienes no fueron capaces de condenar un genocidio, de romper relaciones, de actuar a la diminuta altura de oponerse al asesinato de niñas y niños por los miles. Esa rabia nos trajo hasta aquí, que nadie nos quite la memoria hasta que haya justicia.
Palestina Libre.
* Pablo Montaño (@PabloMontanoB) es politólogo y coordinador de Conexiones Climáticas. Contacto: [email protected]. Carlos Tornel (@CarTor_88) es investigador independiente. Parte del equipo del Tejido Global de Alternativas en México. Contacto: [email protected].