Acceso a la salud para las infancias en prisión: negligencia que pudo costar una vida

Redacción Animal Político · 18 de enero de 2023

Rocío llegó al Reclusorio de Chiconautla en 2019. Sin saberlo tenía 6 meses de embarazo, pero no fue hasta su detención que un sangrado fuerte provocado por la tortura recibida le dio la noticia de que, en tres meses, una vida la estaría acompañando dentro de prisión.

Su hija, a quien decidió nombrar Brenda, 1 nació los primeros meses de 2020 y hasta ahora es una niña que ha crecido rodeada de muchas mujeres que la cuidan y la protegen a toda costa. Mujeres que podrían, en sus propias palabras, dar la vida por ella si esto fuera necesario.

Rocío y Brenda tienen una relación muy cercana, duermen en el mismo espacio y Rocío se levanta todos los días muy temprano para poder terminar de trabajar en la talacha 2 del penal y pasar más tiempo con ella.

Hoy Brenda tiene casi tres años. Un día hace unos meses comenzó con un fuerte dolor de garganta, tos y fiebre. Como siempre, Rocío se acercó al área médica del reclusorio para que pudieran atenderla. Los médicos determinaron que la situación de Brenda no era grave y recetaron medicamentos básicos.

A los pocos días, la pequeña Brenda comenzó a toser y vomitar sangre. Los médicos del penal fueron avisados y Brenda siguió con el mismo tratamiento a pesar de sus condiciones. No fue sino hasta dos días después que una noche dejó de respirar y empezó a convulsionarse que el reclusorio determinó urgente derivarla a una instancia médica.

Después de 4 horas de espera, Rocío y Brenda fueron trasladadas al hospital más cercano en donde Brenda fue internada de urgencia y Rocío esposada en la sala de espera dejando pasar el tiempo para recibir noticias de su hija.

Durante una semana completa, Rocío estuvo esposada dentro de las instalaciones médicas en el área de visitas pudiendo ver a Brenda cada cierto tiempo. El pronóstico no era del todo favorable, pero Rocío confiaba en la fuerza de Brenda para salir adelante. Como Rocío es una persona privada de su libertad, al cabo de siete días y sin previo aviso la regresaron al Centro Penitenciario sin permitirle despedirse de Brenda.

Por su parte, Brenda permaneció dos días más dentro de las instalaciones médicas, siendo ésta la primera vez que ella salía del Centro Penitenciario y no comprendía quiénes eran las personas (sobre todo los hombres) que la rodeaban, ni por qué estaba conectada a tantos cables y sin poder ver a su mamá.

Hoy, afortunadamente, Brenda se encuentra fuera de peligro y ella y Rocío siguen viviendo juntas dentro del Centro Penitenciario, pero las secuelas que esto dejó para ambas son heridas permanentes creadas por un Sistema Penitenciario completamente ineficiente.

La Ley Nacional de Ejecución Penal Federal 3 y su Artículo 34 establece que “La Autoridad Penitenciaria deberá tomar las medidas necesarias para garantizar la atención médica de urgencia en los casos en que las Personas Privadas de la Libertad o las hijas e hijos que se encuentren bajo la custodia de las madres en reclusión la requieran”.

Sin embargo, esta es una situación que actualmente sigue siendo absolutamente deficiente en el sistema penitenciario y que no cobra efectos hasta que la situación es realmente crítica para la salud de las personas privadas de su libertad, sus hijas e hijos.

¿Cómo es posible que el Centro Penitenciario permitiera que Brenda llegara a un punto de asfixia sin tomar acción antes? ¿Qué podemos esperar de quiénes salen de prisión, si mientras estaban dentro se les trató de la manera más deshumanizante? Porque claramente si el panorama de Brenda hubiera tenido otros resultados, se hubiera vuelto una cifra más de esas negligencias médicas que ocurren dentro de los Centros Penitenciarios, y Rocío hubiera tenido que vivir su pérdida sin ningún acompañamiento emocional profesional y, por supuesto, sin justicia para ambas.

A todos como sociedad siempre nos duele cuando nuestras infancias padecen de algún tema de salud, sobre todo ahora que el Sistema de Salud en México ha tenido tantas complicaciones y les ha fallado a tantos niños y niñas, como a las infancias que viven con cáncer. Imaginarse que así es la vida de centenas de niñas y niños que viven dentro de prisión en México, 4 además de las paupérrimas condiciones en las que se encuentran, es desgarrador.

En muchas ocasiones la grave ausencia de Servicios de Salud en los Centros Penitenciarios, una agenda olvidada por los gobiernos, orilla a que las Personas Privadas de su Libertad busquen soluciones a sus problemas por ellas mismas, soluciones que muchas veces suelen ser contraproducentes y agravan la situación.

La sororidad y acompañamiento entre mujeres en estos casos y en muchos otros dentro del contexto en el que se encuentran, y ante la ausencia y negligencia médica que viven todos los días, es indispensable.

A nosotras, como mexicanas y mexicanos fuera de ese contexto, también nos corresponde hacernos responsables y exigirles a nuestros gobiernos que cumplan con una atención médica digna y completa para TODAS las personas de este país, incluyendo a las Personas Privadas de su Libertad.

Porque es muy fácil, sin tener contexto alguno, apuntar con un dedo a quienes nosotros creemos “culpables”.

No terminamos de entender que, sin nuestra ayuda, la situación que actualmente enfrentan las personas privadas de su libertad no tiene una solución viable. Por eso urge involucrarnos ya que es evidente que el acceso al derecho a la salud es un tema francamente olvidado por las autoridades y que está fuera de sus manos.

* Cristina Flores es Directora de Salud Mental de @LaCanaMx.

 

1 Los nombres en este artículo fueron cambiados para resguardar la identidad de sus protagonistas.

2 Actividades de mantenimiento y cuidados dentro del Centro Penitenciario que les corresponden a las Personas Privadas de su Libertad.

3 Disponible aquí.

4 A nivel nacional se reportaron 392 menores, según el Censo Nacional de Sistemas Penitenciarios Estatales 2021