Acapulco 2030 ¿un escenario catastrófico?

blogeditor · 25 de enero de 2017

Acapulco 2030 ¿un escenario catastrófico?

Por: Khublai Villafuerte

No es sorpresa que 10 de las 20 ciudades más peligrosas del país estén ubicadas en la costa, todas ellas en el Pacífico. Al frente de estas se encuentra Acapulco, donde los saqueos que se dieron durante las recientes protestas por el gasolinazo, los constantes bloqueos a la autopista del Sol y la toma de los pozos por grupos del Acapulco rural son el génesis de un fenómeno más complejo.

Acapulco es un ejemplo claro de cómo las cuatro megatendencias del siglo XXI de las que habla David Kilcullen en su libro Out of the Mountains (crecimiento demográfico, litoralización de la población, urbanización y conectividad) pueden dar pie a un grave problema de ingobernabilidad de no ser entendidas y atendidas de manera sistémica y acertada.

Creer que es suficiente con reformar a la Policía, introducir a las Fuerzas Armadas o pintar las paredes de colores alegres cuando el problema subyacente proviene del choque entre varias tendencias es un error garrafal. Por un lado el crecimiento poblacional y la tendencia demográfica a concentrarse en las ciudades de los litorales genera una fuerte presión sobre el metabolismo de ciudades costeras. Por otro, la deficiente urbanización, la falta de fuentes de empleo y la mala administración de los recursos naturales generan bolsas de pobreza acentuada donde el descontento crece progresivamente.

No sólo en Acapulco, sino en muchas otras ciudades, los cinturones de pobreza donde la gente carece de oportunidades son un campo fértil para la delincuencia organizada y grupos políticos antisistémicos.

Ante ello, nos enfrentamos a un escenario que en los siguientes 15 años puede devenir en algo tan extremo como viaductos elevados para transitar por zonas ingobernables, pandillas cuasi insurgentes que pelean por el poder disfrazados de movimientos políticos legítimos e incluso, la toma de instalaciones estratégicas como la red eléctrica o los pozos de agua, con la finalidad de extorsionar al gobierno y acaparar los recursos naturales.

Poco a poco, el problema deja de ser económico o de seguridad para ser, totalmente, de gobernabilidad. Grupos fuera de la ley que continúan expandiendo sus actividades y engañan a la población al proveer de un ingreso e incluso de “seguridad” (léase: cobro de piso) a varias familias, comienzan a erigirse como autoridad.

Este amalgama político delincuencial y la reciente ola de populismo puede incluso darles legitimidad ante la gente. En una zona como Acapulco, no sería raro comenzar a escuchar argumentos en la arena pública por parte de estos grupos que exploten los miedos de la gente: “sin nosotros no hay seguridad”; o “si el gobierno entra al barrio, les quitarán su agua y se la darán a los hoteles”.

Para enfrentar el problema es imperativo comenzar por lo obvio: desarrollar un sistema de seguridad ciudadana en las ciudades, ordenar el crecimiento urbano e implementar sistemas de planeación robusta para los recursos naturales.

También es necesario enfocar los esfuerzos de múltiples dependencias en procesos de recuperación territorial en zonas que hoy comienzan a plantear problemas de gobernabilidad; lugares donde incluso la Policía no se puede presentar. Esto es, legitimar el actuar del estado proveyendo de seguridad, , educación, recursos, formas de acceder a empleos e inclusión en las dinámicas positivas de las ciudades donde se encuentran.

De lo contrario el problema que se comienza a ver en Acapulco se expandirá a otras ciudades y pronto podríamos ver un escenario como el siguiente…

Acapulco 2030 ¿un escenario catastrófico?

Año 2030. El viaducto del Sol, la única forma de llegar a Acapulco, se erige sobre 200 km al interior del estado de Guerrero. Lo que solía ser la Autopista del Sol es hoy tierra de nadie tras hacerse intransitable luego de que varias pandillas y cárteles locales instalaron puntos de control “comunitarios”.

El puerto es hoy uno de los pocos paraísos tropicales a los que aún se puede ir en el país. El cambio climático no fue tan duro ahí como lo fue con Ixtapa o Puerto Vallarta, donde hubo una diáspora hacia el interior de los estados.

Para acceder a él, uno se encuentra con varios puntos de control y un muro de 5 metros que protege a la zona diamante de la cruda realidad que es la zona periurbana. Al pasar, el turista citadino puede escuchar una bienvenida en la radio así como los ya famosos enfrentamientos que se realizan entre las pandillas locales para ver quién controlará la periferia de la ciudad por los próximos tres años (sin posibilidad de reelegirse, claro). Las que llevan las de ganar son la “Policía Genuina del Renacimiento” y el “Frente de Batalla por el Agua Para Todos”.

En estas zonas escasean recursos primordiales como gas, agua o electricidad y estos grupos terminaron por utilizar sus medios para obtenerlos y revenderlos en los barrios que dominaban. Cualquier esfuerzo del gobierno por rescatar estas zonas es inútil ya que hace tiempo que dejó de tener autoridad para si quiera intentar hablar con la población. Son, en definitiva, un México aparte, uno como muchos otros que crecieron en las zonas marginadas de las ciudades de nuestro país.

 

* Khublai Villafuerte es consultor en Inteligencia de Riesgo-Entorno en Riskop.