Redacción Animal Político · 29 de septiembre de 2025
Como cada año en el marco del 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro, miles de mujeres, personas trans y no binaries ocupamos los espacios públicos y digitales para exigir la garantía de acceder un aborto seguro, libre y gratuito. Los últimos dos años han traído logros y celebraciones para la marea verde, que ha inundado los congresos estatales y la Suprema Corte, logrando la despenalización parcial del aborto en 23 entidades federativas.
Las y les activistas han recurrido a su creatividad y al arte para movilizar conciencias y decisiones políticas. Desde organizar sonideros y cantar, hasta crear pañuelos verdes gigantes y usar mucha diamantina, hemos logrado que nuestro derecho a decidir sea, poco a poco, una realidad. Este año no será la excepción: hemos decidido usar el cine o el séptimo arte como herramienta de artivismo para seguir rompiendo el silencio y demostrar que podemos cambiar las narrativas sobre nuestra autonomía y sobre el aborto desde cualquier forma de expresión.
El arte de narrar historias en la pantalla grande ha transformado nuestras vidas. Películas icónicas de nuestra infancia, o aquellas que preferimos no volver a ver, han forjado parte de nuestra identidad, cultura, forma de ver el mundo, e incluso nuestros prejuicios y estigmas. El cine rompe silencios y genera afinidad, empatía, curiosidad, por lo cual, a lo largo de la historia, algunos países lo han censurado. Por ejemplo, en los años treinta en Estados Unidos se creó el Código Hays para “proteger la moral” de los espectadores. Aunque el aborto no se mencionaba explícitamente, era juzgado como una conducta inescrupulosa y, por lo tanto, estaba prohibido.
Desde sus inicios, el cine ha servido para difundir y amplificar las experiencias de miles de mujeres y personas con capacidad de gestar. Sin embargo, en sus primeros años fue utilizado para reforzar mensajes punitivos y estigmatizantes sobre el aborto, en congruencia con políticas y leyes antiderechos. Un ejemplo es la película estadounidense ¿Dónde están mis hijos? de Lois Weber (1916) o, más recientemente en México, Tu hijo debe nacer (1958). Ambas retratan la maternidad como un destino ineludible para las mujeres y muestran que si lo evaden sufrirán las consecuencias, como quedar solas, tristes o vivir en un arrepentimiento eterno.
Felizmente, el séptimo arte ha caminado en paralelo con el movimiento feminista y las legislaciones que han progresado a favor de los derechos humanos. Una muestra de ello es que, durante los setenta y ochenta, las películas comenzaron a mostrar narrativas más neutrales, e incluso cómicas, sobre el tema. Por ejemplo, en la película Polyester de John Waters una mujer embarazada exclama: “¡Voy a abortar y no puedo esperar!”. Y es cierto, cuando quieres o necesitas abortar, no puedes esperar.
En Europa y Estados Unidos las películas de la década de los ochenta ya reflejaban los debates sociales que estaba provocando el aborto. Mientras tanto en México, la imagen de Sarita García —actriz que representó por años la figura de la maternidad sacrificada y abnegada— seguía siendo dominante. A pesar de ello, mujeres cineastas del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) tomaron la cámara, la producción y los guiones en sus propias manos para denunciar las fatídicas consecuencias de un sistema machista y patriarcal. Ejemplo de ello es la película Cosas de mujeres (1978) de Rosa Martha Fernández, que visibilizó y denunció las consecuencias de la criminalización del aborto a través de las historias reales de mujeres que vivieron abortos inseguros en la década de los setenta.
El cine mexicano aún tiene un largo camino por recorrer para mostrar el aborto como un suceso normal que puede ocurrir en la vida reproductiva de las mujeres y personas con capacidad de gestar, sin necesidad de ser violento o presentarlo como una sentencia de muerte. El cine tiene un gran poder de transformación cultural, por eso nos interesa que existan películas que se opongan a lo que históricamente se nos ha contado sobre la maternidad, el aborto y la sexualidad, especialmente la de las mujeres. El crimen del padre Amaro o Mujer, casos de la vida real no pueden seguir siendo las únicas referencias.
Es así que, desde GIRE, compartimos tres cortometrajes y un video que recomendamos ampliamente para celebrar nuestra autonomía:
Estamos cada vez más cerca de que el aborto sea garantizado como un servicio de salud en México y deje de ser un delito. Y tú, ¿cómo te sumas a la causa del derecho a decidir? Si aún no tienes una respuesta, puedes comenzar preparando unas palomitas e inspirándote con los cortometrajes de las mujeres valientes que están cambiando la narrativa para que la marea verde no deje de ascender.
* Fernanda Castro Tarinda (@Fer_Cass) es Oficial de Incidencia Social en @GIRE_mx.