Por qué sí abolir las cruentas corridas de toros

Redacción Animal Político · 9 de abril de 2025

Por qué sí abolir las cruentas corridas de toros

El 30 de marzo 2025 se llevó a cabo una marcha del Ángel de la Independencia al Zócalo. Su propósito era pugnar por el bienestar y los derechos de los animales no humanos. Históricamente, tomar en cuenta a los animales se convirtió en un movimiento social en la década de los años setenta del siglo XX, y aunque los cambios de mentalidad implican procesos muy largos, de décadas, el cambio llegó también a nuestro país. En México se ha hablado de estos temas: primero de la protección a los animales y después de su defensa. Así, surgieron muchas asociaciones protectoras. Ahora estamos viendo un resultado explosivo, principalmente en la Ciudad de México; dicho resultado ahora es patente.

Aunque los animales siguen siendo maltratados, las reacciones de rechazo a tal maltrato son cada vez más numerosas y la gente reprueba contundentemente el dolor infligido gratuitamente a aquellos seres (que la fisiología nos ha enseñado que no son tan diferentes de nosotros), que poseen una base neuronal que les permite tener consciencia, y un sistema nervioso central que les deja experimentar placer y dolor, igual que nosotros. La posesión de tales estados de consciencia cognitivos apela a nuestra conciencia moral.

La Ética y el Derecho se suman a esa lucha, dando lugar a la bondad y a la justicia para los animales. De esta manera, la Constitución de la Ciudad de México ha declarado que los animales son seres sintientes. Pero estos cambios en la ley se han trabajado desde mucho antes. Hace algunos años los actos de crueldad hacia los animales eran tratados como faltas administrativas, ahora figuran en el Código Penal y ameritan hasta seis meses de cárcel y una cuantiosa multa. Dicho ordenamiento también se ha aplicado contra aquellas personas maltratadoras. De hecho, ahora los agentes del Ministerio Público no pueden decir que ignoran cómo manejar una denuncia por crueldad animal ni argumentar que no saben qué hacer porque el animal no es ni una persona ni una cosa.

Las modificaciones recientes a la Constitución en sus artículos 3, 4 y 73 son el resultado lógico de las consideraciones anteriores. Finalmente se lograron avances y la nación contará con una Ley General de Bienestar Animal, que normará a nivel federal el trato digno a los animales.

La capital del país ha dado un gran paso en esta dirección al abolir las cruentas corridas de toros, tomando en cuenta el sentir de la mayoría de sus habitantes. La ley recién aprobada prohíbe la violencia hacia los toros, entendiendo por ello la violencia física. Sin embargo, lamentablemente, permite las corridas incruentas (como sucede en Portugal y Francia), libres de violencia física, pero no de violencia mental, pues los astados sufrirán estrés psicológico. No obstante, dada la pertinaz oposición del sector taurino, dicho ordenamiento puede considerarse como un logro.

El sector, cada vez menor, que se beneficiaba con el negocio de las corridas ha mostrado su inconformidad, como era de esperarse y como siempre lo ha hecho, recurriendo a pésimos argumentos: el argumento de las tradiciones no se sostiene porque a lo largo de la historia no todas las tradiciones merecen conservarse; por ejemplo, la cliterectomía o la antropofagia. Por su parte, las corridas tampoco son un signo de cultura en el sentido axiológico. Sólo pueden figurar en el catálogo de estudios antropológicos sobre las manifestaciones bárbaras de una cultura. Quienes defienden las corridas dicen que debemos matar a los girasoles porque estos “sienten” el sol, en un sentido no científico de “sentir”. Agregan que si se prohíben las corridas, ¿por qué no se prohíben también los rastros? Ignoran que en los rastros Tipo Inspección Federal el ganado se mata mediante una pistola de émbolo y las reses no son sometidas a dolores punzantes previos como los de las corridas. Desde luego, algún día prescindiremos del horror de los rastros.

Los detractores también preguntan qué sucedió con aquello de “prohibido prohibir” (lema, por cierto, de las juventudes de los años sesenta). Tal vez quieran que no se prohíban los asesinatos y que haya permiso de pasarse el rojo de los semáforos. Asimismo, alegan que la abolición creará desempleo. No, lo que provocará es que los trabajadores busquen nuevos empleos no cruentos, inclusive en la misma Plaza México, como sucede en Barcelona con los trabajadores de la plaza de toros La Monumental.

Además, siempre alegan que la tauromaquia es un arte. Para contestar rápidamente: la tauromaquia es un conjunto de malas artes y ningún arte que provoque dolor en seres sintientes merece justificación alguna. En fin, la lista de falacias es aún más larga.

La ley antitaurina promulgada por la jefa de gobierno de la Ciudad de México, y avalada por la presidenta de nuestro país, constituye un paso inédito en nuestra historia. Ese sí es un signo de verdadera cultura. Se ha dado un gran paso, que debe ser celebrado, aunque aún hay mucho por hacer.

* Alejandro Herrera Ibáñez es doctor y maestro en Filosofía por la Universidad de Indiana. Es activista. Fue Investigador Titular de Tiempo Completo en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Es licenciado por la UNAM. Sus áreas de especialización son la filosofía de G. W. Leibniz, ética ambiental y animal, y argumentación y falacias. Ha incursionado en filosofía del lenguaje, ontología, otros temas de bioética, didáctica de la lógica y filosofía de la educación.

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