A tomar partido: en contra del gobierno de un solo hombre

blogeditor · 2 de julio de 2020

A tomar partido: en contra del gobierno de un solo hombre

Siempre es peligroso para los pueblos dejar

todo el poder en manos de un solo hombre”.

Francisco I. Madero, 1909.

 

Yo voté por Andrés Manuel. Voté por él porque estaba harto de la corrupción rapaz del gobierno priista de Enrique Peña Nieto y de la estrategia violenta y militar que siguió el gobierno panista de Felipe Calderón. Voté por Andrés Manuel, y convencí a amigos y familiares, porque era la única opción que empatizaba con la profunda desigualdad que vive el país en términos de discriminación y por el ejercicio diferenciado de derechos. Voté por Andrés Manuel porque parecía que el gabinete propuesto diseñaría e implementaría políticas más progresivas (que mejoraran el acceso a bienes y servicios para quienes menos tienen -haciendo honor a la frase de Enrique González Pedrero: por el bien de todos, primero los pobres-). Voté por Andrés Manuel porque supo canalizar el enojo en contra de la corrupción, la inseguridad y la desigualdad, y generó la esperanza suficiente para hacernos creer que podría cambiarlo. De haber estado María de Jesús Patricio en la boleta, hubiera sido mi primera opción, sin dudarlo.

No voté por Morena en las posiciones legislativas porque creo en la división de poderes y en el diálogo como mecanismo para la construcción de consensos y para la resolución de conflictos. Hoy, principios democráticos tan básicos como el diálogo y la división de poderes están en riesgo. La polarización que han promovido Andrés Manuel y un grupo amplio de propagandistas cuatroteistas ha dividido al país hasta en las sobremesas, al grado de descalificar con adjetivos ad hominem a cualquier interlocutor que opine lo contrario a lo establecido por el máximo líder: fifí, prianista, mafia del poder, conservador, neoliberal y un largo etcétera. Las redes sociales se han convertido en el frente de batalla, que no da tregua en la conversación pública. La batalla lingüística ha puesto este vocabulario agresivo y peligroso en nuestra cotidianidad. Así, mientras las libertades están en riesgo en el campo de batalla, las decisiones se esconden detrás de la voluntad de un solo hombre con tintes autoritarios al imponer su voluntad de manera unilateral, sin justificar razones.

La división de poderes se pone en riesgo cuando el poder político del Ejecutivo impone su voluntad en los poderes Legislativo y Judicial. Retomo las ideas de Jeffey Weldon sobre un presidencialismo fuerte: los poderes metaconstitucionales del presidente vienen de su rol como líder “moral” del partido gobernante, una alta disciplina del partido y un gobierno unificado (Ejecutivo y Congreso dominados por el mismo partido). Basta con escuchar cualquier participación de la diputada de Morena María de los Ángeles Huerta del Río para ver materializadas estas ideas, quien, sin más desdoro, acepta o rechaza propuestas legislativas sin mayor análisis que si están alienadas o no con la agenda -dictada en las mañaneras- del presidente de la República. El ejemplo del pasado domingo 28 de junio de la Cámara de Diputados suma a esta alineación, ya que ante la intención de integrar en “otros temas” la iniciativa de manejo discrecional de recursos del presupuesto de egresos de la federación por parte del Ejecutivo en casos de crisis o de eliminar los fideicomisos, el Legislativo prefirió no abrir un periodo extraordinario aunque pusiera en riesgo la discusión de las leyes del T-MEC. Vaya chicanada.

No voté tampoco por la militarización de la seguridad pública ni por el fortalecimiento de las funciones militares en diversos ámbitos de la económica y de la administración pública federal. Voté porque sé que la izquierda promueve el fortalecimiento de las instituciones públicas para garantizar y proteger el ejercicio pleno de derechos, no por el desmantelamiento de las estructuras civiles de seguridad pública y el abandono de las instituciones de procuración de justicia. Andrés Manuel dejó de lado la construcción de instituciones civiles fuertes de prevención, investigación, persecución y sanción de delitos. Los ministerios públicos, una vez más, quedaron relegados a última prioridad. En cambio, este gobierno nos espetó una reforma constitucional aún más profunda de la que hubiera propuesto Felipe Calderón para crear una Guardia Nacional militarizada, la cual logró rescatar el Senado de la República haciéndola civil y regulando que el uso de las Fuerzas Armadas fuera extraordinario, regulado, fiscalizado, subordinado y complementario. En un “Acuerdo” que no quisieron llamar decreto, AMLO pasó por encima de la Constitución y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al disponer de las Fuerzas Armadas para “apoyar” a la Guardia Nacional. Afortunadamente, la presidenta de la Cámara de Diputados, Laura Rojas, metió, en pleno uso de sus facultades, una controversia constitucional para #QueLaCorteDecida en próximas fechas.

No voté tampoco por esa invasión de competencias ni por el desmantelamiento de instituciones dedicadas a proteger derechos. La embestida en contra de quien defiende derechos por la igualdad de trato y lucha contra de la profunda discriminación que enfrenta nuestro país fue muy bajo al desprenderse de un capricho. Todas las instituciones deben ser revisadas en su estructura para hacerse más eficientes y menos onerosas, pero nunca, nunca, al capricho del privilegio del poder. El Estado mismo no puede vulnerar los derechos laborales de sus propios trabajadores con despidos injustificados o quitándoles derechos bajo la premisa de austeridad y vocación de servicio público. Deben preocuparnos mucho las pedradas contra los derechos político-electorales; no podemos darnos el lujo de perder al único árbitro capaz de mediar y contener la rapacería colectiva en tiempos electorales de los partidos políticos, incluido Morena. Ya perdimos, con la imposición del compadrazgo a la Comisión Nacional de Derechos Humanos -que en estos días ha mandado mensajes ambiguos hacia la Cámara y en contra de su correligionario Ackerman-.

No voté por esto; no voté por la incapacidad de este gobierno de honrar su palabra y atender primero a los pobres al no garantizar un ingreso vital de emergencia a quien ha perdido su fuente de ingreso, como lo han hecho decenas de gobiernos de izquierda en el mundo, en medio de una de las crisis sociales y económicas más profundas que haya enfrentado México en la historia reciente. Aún más profunda que la crisis de 1994.

Me gustaría conocer la posición de los colegas de Democracia Deliberada, de la Internacional Progresista, de las redes de izquierda que quedan de los partidos de izquierda y socialdemócratas en el país: ¿no se sienten defraudados ante un gobierno que confunde el discurso con los resultados, que reduce la capacidad institucional del Estado mexicano bajo una falsa austeridad, que manipula con palabras los fracasos de una transformación que no llega a nadie; de un gobierno de derecha que ha roto los puentes de diálogo en todos los sectores y que amenaza con dinamitar los principios básicos de un gobierno democrático?

No cometería jamás el error de votar de nuevo por MORENA, pero sí votaría por el mismo proyecto y estaría dispuesto a sumar todos mis esfuerzos para construirlo; para lograr un proyecto que sí ponga primero a los pobres y que termine con esta profunda desigualdad que mantiene sumida en la pobreza a más de 62 millones de personas; por un proyecto que apueste a la construcción de instituciones civiles y permanentes de seguridad pública; por un proyecto que utilice toda la capacidad del Estado para combatir las redes de corrupción -sin excepciones ni compadrazgos-.

El proyecto está abierto para que en 2021 vea la construcción de una agenda legislativa que impulse una reforma fiscal progresiva profunda, que rediseñe la política social desde el Congreso para que esté enfocada en derechos y deje de ser asistencial; para que la protección social (acceso universal a los servicios de salud y a la protección plena de derechos laborales) sea una realidad; un país en el que la voz de los municipios vuelva a ser escuchada y quitemos la hipercentralización del poder en un solo hombre. La reforma al gobierno será para hacerlo más eficiente en garantizar derechos, sin falsas austeridades ni clientelas políticas.

Lo que está en juego son nuestros derechos. Nos toca tomar partido para defender nuestras libertades.

@luisffernandez