blogeditor · 5 de octubre de 2011
¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas? ¿Se acuerdan que les conté la rebelión de los copropietarios/ciudadanos que tengo en mi edificio que según yo, tan atinadamente administro y que al parecer, según ellos soy su Vicente Fox vecinal?
Pues parece que yo, pensando ingenuamente que era algo así como el prócer de la patria por haberme aventado el trompo a la uña de administrar la versión condechi de “La Lagunilla Mi Barrio” e invertir en infraestructura (una chainadita del edificio, pues) resulta que un sector del edificio, la escalera A, piensa que soy algo parecido a un perro café de periférico y han decidido independizarse fiscal y administrativamente.
Seguramente se preguntarán ¿qué diablos quise decir con eso? Pues que han decidido dejar de pagar el mantenimiento, resolver ellos en qué invierten sus 300 pesotes mensuales y pasarse por el arco del triunfo la administración por la que ellos votaron y hace más de un año dijeron “Cancino, confiamos en ti, sabemos que tu resolverás los problemas del edificio”.
En pocas palabras, ya no represento sus intereses, ya no les inspiro confianza, ya no formo parte de sus anhelos, ni desato sus más bajas pasiones como antaño. Y todo, porque se me acabó mi dinerito, con el que me puse a darle una manita de gato y ya no pinté “su escalera”.
– ¿No vas a pintar también nuestra escalera Marco?
– Qué más quisiera Don, pero ya no tengo dinero. ¿Por qué no juntan entre ustedes y lo mandan pinar?
– Pero pues le estás arreglando a la seño del 3 que no ha pagado mantenimiento en año y medio.
– Mire Don, yo no le estoy arreglando a nadie, yo estoy arreglando el edificio donde yo vivo y creo que para criticar, debemos empezar por proponer y hacer.
Creo que eso fue como si les recordara a la autora de sus días en pleno diez de mayo, porque días después, en efecto se organizaron y decidieron, comandados por Roberto, un ex militar que cada vez que ve a mi domadora le declara su admiración a Hitler ignorando que a ella, odia a Hitler y al nazismo. Pero parece que a Roberto, su carácter de ex militar y pseudo político (presume haber sido asistente de un político “de peso” hace más de treinta años) lo hace conocedor y hábil operador político, diplomático y vecinal. El chiste, es que a mi domadora, el hecho de que la confundan con una simpatizante del nazismo, por el simple hecho de ser austriaca, le cae en la punta del hígado y le desencadena la ira que más de uno quisiéramos huir inclusiva a la zona radiactiva de Japón, en donde muy probablemente nos sentiríamos más seguros.
En fin, pues esta rebelión (en la granja), resulta que desconoce que, al igual que todos los del edificio, hacen uso de los bienes comunes, como la bomba para que suba el agua para que cada mañana (aunque la verdad, dudo que lo hagan) puedan bañarse, laven su ropita, sus trastes sucios, preparen su comidita, o estén iluminadas y limpias las áreas comunes, donde ellos y sus familias transitan diariamente, los accesos estén en perfecto estado, las azoteas impermeabilizadas y un sinfín de etcéteras (no quiero alargarme, porque parecería informe de labores presidencial).
Inclusive, en días pasados, un “alguien” no identificado, convocó a una reunión urgentísima, en pleno día de puente para discutir dos temas: el cambio de administración (que a me caería de perlas) y el desplome del edificio (¿les dije que al lado están construyendo un edificio en donde tuvieron que demoler una casa protegida con un permiso de demolición de la delegación Miguel Hidalgo, siendo que la Condesa está en la Cuauhtémoc?).
Como se imaginarán, los chismes corrieron; que si me había trincado la lana de la caja (3 mil pesotes, cuando invertí 50 veces más en arreglar el edificio), que si lo que quería era quedarme eternamente como administrador (desconocen que me muero de ganas de botarles el changarro). El punto es que parece que decretaron su independencia. Nadie de la escalera A está pagando el mantenimiento y ni siquiera avisan que ya no lo harán. En cambio, los que sí gozaron de las remodelaciones (como dice el Don) casi todos siguen pagando puntualmente y consideran que los de la otra escalera son unos ardidos, quejumbrosos y mitoteros.
Mientras tanto, sigo yo con la administración, gobernando la mitad del edificio (es probable que Santa Anna tuvo la misma sensación cuando los americanos nos bajaron la mitad del territorio).
Creo que este asunto es como si un estado del país, acostumbrado a recibir, pero casi no aportar, decidiera por berrinche, que como no se le da lo que según ellos creen merecer (aunque no contribuya en casi nada para financiarlo), decidiera dejar de aportar lo poco que le toca, se independizara y decidiera en qué va a gastar su dinero, pero al mismo tiempo exigiendo subsidios y ayudas del gobierno al que desconoció. Pues en este protocondominio es lo que pasa. ¿Y si dejo de pagar la luz que hace funcionar la bomba que hace que llegue el agua a sus baños con la que todas las mañanas se bañan? Al fin que ellos decidieron ya no pagarla.
¿Cuántas historias así habrá en nuestro país? Creo que por eso estamos como estamos.