Marco Cancino · 14 de septiembre de 2011
‘-Cancino, creemos en ti. Todos creemos que serás un excelente administrador del edificio.
Esas fueron las palabras de uno de mis vecinos que vive en mi edificio, una vez que acepté (equivocadamente) ser el nuevo administrador. Las demandas de “obra pública” no se hicieron esperar: impermeabilizar y colocar un tubo para desaguar la lluvia de la azotea, sellar y arreglar la bomba de la cisterna, arreglar el tablero de los contactos eléctricos de los departamentos, desazolvar el drenaje, repintar la fachada (el anterior administrador pintó el edificio de naranja con columnas rojas, dando la sensación de que vivíamos en el circo chino de Tepic), y una larga lista de pendientes. Eso sí, todo, con sólo tres mil pesos en la caja.
-Oiga Don Félix, pero sólo hay tres mil pesos en la caja y quieren que haga maravillas con eso.
-No te preocupes Cancino, vas a ver que cuando todos vean que te pones a hacer cosas, todo mundo vamos a dar dinero.
El costo de mantenimiento por departamento es de sólo 300 pesos al mes y de once departamentos, sólo cinco estamos al corriente, los demás, pagan con excusas y con mentadas de madre. De hecho, en una junta con los vecinos hace ya un año, recién había tomado la administración del edificio un “propietario” que debía cerca de quince años se rehusaba a pagar, su argumento era que no tenía dinero, pero al mismo tiempo, presumía todas las propiedades que tenía. Era un señor ya grande, como ahora les da por decirles adultos mayores en vez de viejitos.
-Oiga, pero pague algo, sus inquilinos se benefician de los servicios del edificio, la luz, la limpieza, el agua que les llega a su departamento gracias a la bomba que compramos, además, se están robando la luz.
-Usted jovencito, hágale como quiera, yo no pagaré hasta que venda el departamento.
-Ok Don, está bien. Pero si me dice que pagará, ¿está dispuesto a firmarme pagarés con el valor de sus adeudos?
-¡Ni que estuviera loco!
-No sea cínico señor, debería de pagar, ¿por qué no lo hace?
-Porque no se me da la gana y nadie, escúchelo bien, nadie me va a obligar a pagar, me dice cínico.
De pronto, se puso amarillo y se fue muy enojado. Semanas después, murió el señor, algunos dicen que por el coraje y lógicamente sus deudos siguen sin pagar las cuotas de mantenimiento que se debían.
-Está bien, decidan de todos los pendientes cuáles son los que quieren que se resuelvan antes.
-¿Y si le ponemos parquet a la azotea para poder hacer reuniones y fiestas?
Justo en ese momento pensé que a la “ciudadanía” algunos le cuelgan características que no tiene.
-Hay otras prioridades Félix. Este señor, siempre con sus ocurrencias Marco, no le hagas caso.
-Pero tengo derecho a opinar, yo pago mis 300 pesos al mes.
-Pero si apenas estás pagando lo que debes desde hace un año.
-No importa, pero ya me estoy poniendo al corriente y creo que tengo el derecho a que se me escuche.
-No, pues a que se te escuche Félix, pues sí, pero no la chingues, ya ves que Marco nos está diciendo que apenas son tres mil pesos en la caja y tú la quieres con moño.
-Ok, Félix quiere parquet en la azotea, ¿quién quiere dar un “extra” para pagarlo? ¿Nadie? Entonces pasemos a lo siguiente.
Meses después, tuve la peregrina idea de arreglar el edificio, darle una pimpeadita para que se viera menos feo, quitarle esos colores chillantes, cambiar la puerta principal que ya no funcionaba, de la que todos se quejaban pero nadie se caía con su dinero para arreglarla. Más de uno me tachó de loco con argumentos como: ¿Para qué lo haces? ¿Estás consciente que nadie te lo agradecerá? ¿Los demás van a meter también lana? Uno viste al mono pa’ que otro lo baile. Sin embargo, decidí hacer las mejoras al edificio a costa de mi propio bolsillo. Días después recibo una llamada de una de las propietarias de un departamento del edificio que lo está rentando.
-Hola Marco, soy Beatriz, me dijo mi inquilino que ibas a arreglar el edificio y que cambiarías el muro de colindancia. Me parece muy buena idea, creo que la seguridad es lo primero y también que se vea bien el edificio. Cuenta conmigo para lo que sea.
-Gracias Beatriz por tu apoyo y aprobación, ¿vas a cooperar con algo de dinero para pagar los arreglos?
-Bueno, por ahora no tengo dinero, ya sabes, le tuve que meter mucho al departamento porque, ¿te conté cómo me lo había dejado todo destrozado el anterior inquilino? Pues fue mucho dinero y pues bueno, el negocio no va bien y pues, me acaban de robar el local la semana pasada.
-Gracias Beatriz, lo entiendo. Pero, ¿no te habían robado el local hace tres meses? ¿Te volvieron a robar?
-No, bueno, fue esa vez. Desde entonces, ¿ya ves cómo está la inseguridad?. Pero yo te apoyo en lo que sea.
-Gracias de nuevo Beatriz.
Semanas después.
-Creo que tocan la puegta Magco. Creo que es el yucateco.
-¿El yucateco?
-Sí. ¿Le abro o le abres?
-Yo voy.
-Buenas tardes Marco. ¿Cómo estás? Vengo a decirte que la portera, Marbella, insultó a mi esposa ayer y pues no quiero hacer chisme, pero creo que se está robando las escobas.
-¿Sí? ¿Insultó a su esposa?
-Sí.
-¿Y qué sugiere que haga, que la despida?
-¡Claro Marco!
-¿Le encargo que me entregue su queja por escrito por favor, para que yo pueda respaldar su despido?
-Mañana mismo te la traigo sin falta.
De eso, ya fueron varias semanas y la queja por escrito nunca llegó y me entero que contratan a la portera para que limpie su casa. Hace un mes me vino a buscar Roberto, un ex militar propietario del departamento uno de los departamentos donde vive su hermana quien vive ahí desde que murió su padre.
-Marco, ¿cómo estás?
-Bien Roberto, ¿tú cómo estás?
-Bien gracias.
-Oye canijo, sabes que yo siempre pago puntualmente y estos weyes nomás no quieren dar más de lo que les toca, ¿verdad?
-Eso creo Roberto.
-Bueno, he visto que ya cambiaste la puerta, quedó bastante bien, igualita a la original. Te felicito.
-Gracias Roberto.
-Yo ya compré unas bolsitas de cal para echarle a los árboles, para que veas que yo también le entro, ¿verdad?
-Muy bien Roberto.
-Oye, ya vi también que arreglaste todo el edificio y estamos pensando los de esta escalera que vamos a cooperarnos para lo de una cubeta, ¿verdad? Y tú sabes que yo te apoyo siempre Marco, ¿verdad?
-Gracias Roberto.
-Pero estamos pensando que entonces, por la pintada de “nuestra” escalera no pagaremos el mantenimiento del mes de julio, ¿verdad?
-¿Y ya le consultaron a los demás vecinos?
-No, ¿por qué tendríamos que hacerlo?
-Porque es la cuota de mantenimiento y eso se debe decidir en asamblea. Yo a pesar de lo que invertí en arreglar el edificio, de mi propia bolsa, sigo pagando el mantenimiento.
-Sí, estoy de acuerdo Marco, pero nosotros no creemos que sea necesario, ¿verdad?
Semanas después.
–Magco, vino la hegmana de Robegto a pagag el mes de agosto, pego no han pagado julio, le dije que le daguía el guecibo de julio pego dijo que pagaguía sólo agosto y que le guecibiera una cagta y no acepté.
-Muy bien güera, eres una digna primera dama, jeje.
-No te bugles Magco.
-No me burlo. ¿Alguien más ha venido a pagar el mantenimiento?
-Sólo Cecilia, pagó todo lo que falta del año y además coopegó con 2,500 pesos paga lo de la guenovación del edificio.
El domingo pasado.
–Magco, es el yucateco, ¿le abres?
-Voy.
-Buenas noches Marco. ¿Cómo estás?
-Bien, gracias. ¿En qué le puedo ayudar?
-Vengo a pagar el mes de agosto.
-¿Julio no?
-No, pues fue por lo que acordamos los de la otra escalera.
-Oiga Don, pero eso creo que no es lo correcto. Lo correcto creo que es convocar a una asamblea de vecinos para que todos lo autoricemos.
-Roberto dijo que ya había hablado contigo y que tú estabas de acuerdo.
-Yo no autorizo nada, soy el administrador y como tal, sólo estoy encargado de los cobros y de en qué se debe de gastar a partir de lo que decidimos todos como prioridades. Le repito, creo que lo procedente es que en asamblea se decida si procede o no que no paguen julio. Sirve que si lo aprueban, yo entonces no tendría que pagar mantenimiento en los próximos 37 años.
-¿En verdad?
-Sí, más o menos fue eso lo que gasté.
-Pues no.
-Además, sirve también que les entrego su administración. Ya me cansaron todos. Puras quejas, puras exigencias, pero nadie quiere entrarle con los gastos, ni los ordinarios si quiera. Si quiere le doy el recibo de agosto, pero en la lista de deudores usted aparecerá, junto con los demás, que deben julio.
-No, espérate tantito. Mejor dame el recibo de julio y luego te traigo lo de agosto.
-Ok.
Luego nos quejamos porqué el país está como está, que los funcionarios se roban el dinero, que nadie quiere pagar impuestos, que el gobierno es corrupto, que la inseguridad, que la pobreza, que la economía, pero cuando nos toca en nuestro contexto más cercano, hacer lo que nos corresponde, ser buenos vecinos, cooperar con nuestro mantenimiento, asistir a las juntas, cuidar el edificio, ver por la seguridad de todos, nadie quiere hacerse responsable, quieren que todo se les haga y gratis y de todo se quejan.