Georgina González Toussaint · 14 de junio de 2011
“Apenas me estoy levantando de un madrazo y ya me están dando otro”. Esta fue la elocuente frase de Antonio Naelson Sinha cuando los medios de comunicación le preguntaron sobre su dopaje positivo, justo al regreso de Brasil por el fallecimiento de su padre.
Es innegable el tremendo impacto que produjo en los cinco futbolistas mexicanos que la presunta causa de su dopaje positivo haya sido por alimentos “invadidos” de Clembuterol (que entre sus poderes está el de aumentar la masa muscular) y el que, por cierto, ahora resulta ser el enemigo público número dos de este país. Porque el número uno se lo turnan entre la clase política y los narcos sin clase.
Ante los ojos de WADA (Agencia Mundial Anti Dopaje), los futbolistas son culpables. A ésta poco le importa si fue por un pollo, una res, un ptretzel, un complemento alimenticio o un medicamento. La sola presencia de la sustancia, sin importar la cantidad, constituye dopaje positivo (aunque Justino pida le llamemos contaminación alimenticia). Esto no sucede con otras sustancias en las que el resultado se considera positivo únicamente cuando excede determinados porcentajes. Sin embargo, para la determinación del castigo sí importan otras cosas. De confirmarse que fue por la ingesta de alimentos en el Centro de Alto Rendimiento los jugadores serían culpables, pero no responsables. Representaría una fuerte atenuante ante la FIFA y la WADA (que vienen siendo como la Guayaba y la Tostada pero con lana y poder). Sin embargo, si la sustancia llegó a sus respectivos organismos por cualquier otra razón, incluyendo alimentos ingeridos en otro lugar, no “habría de piña” los jugadores serían culpables y responsables. Ellos se dicen tranquilos.
Suena a una verdadera locura suponer que una cocinera y/o sus pinches puedan detectar si la carne está contaminada de Clambuterol, así que plis, no nos vayan a salir con que corren y arraigan a la plantilla de la cocina del CAR. Tampoco que algún flamante político salga con que su promesa de campaña será la instalación de un laboratorio postmortem para pollos y vacas, con autonomía plena del SEMEFO y avalado por FIFA.
Aunque Felipe Calderón, por decreto presidencial, ya dijo que fue por las consabidas vacas a las que ”todos sabemos” les dan algunas cositas para estar más mameyes, hay que esperar. Lo que a él realmente le corresponde no es dar un veredicto, sino atender el hecho de que en este país se cometa el delito de la clembuterotiza animal. ¿Se imaginan la paranoia que podría venirse? Viene el mundial sub 17 y ¿qué van a comer estos adolescentes en flor? ¿Carne? ¿pescado?¿traerán tortas?¿ya vienen comidos? ¿será que aprovechen para entrarle al clenbuterol y salirse al son de yo no fui fue ese buey? Todo puede ser y al mismo tiempo nada podría pasar. Pero lo que no se puede dejar pasar es la transparencia de la FEMEXFUT, ha sido todo lo que no es la justicia en este país, pronta y expedita, aunque al mismo tiempo ha sido incongruente con sus propias tendencias. Para algunos casos son esquivos, intolerantes, oscuros y ambiguos. Como el asunto del pacto de dueños, los dobles contratos, el sindicato de jugadores, la hidratación, los horarios de juego, el número de extranjeros, los dueños del Puebla hechos camote, el dopaje en Confederaciones, la mano firme con la seguridad en estadios, las sanciones de la disciplinaria, el racismo, el por qué del Bofo, del Guille, del yerno, aquel caso del arbitraje que le costó el puesto a Ramoz Rizo y a Codesal y otras tantas en que el decreto presidencial no va a ayudarnos.
En cambio, ahora en que los jugadores podrían ser “no culpables” están aplicadísimos. Cuánta falta hacen mas prácticas transparentes en nuestro deporte, en nuestro país.
La WADA no castiga, ella solo recomienda a las federaciones en cuestión que lo hagan de acuerdo a reglamentos. Por ello es que la FEMEXFUT se aplica al máximo por demostrar la presunta causa con la FIFA. De esa manera podría quedar en manos de FEMEXFUT el castigo y ésta, a su vez, diría mea culpa (mea es de mía no de mear, aunque queda al pelo) y no castigaría a los jugadores.
Imagínense lo que podría venirse si a la WADA le importa una de pollo y dos con sal y recomienda castigar. Tendríamos daños colaterales fuertes. Los jugadores, sus equipos, los dueños.
Nada esta claro todavía salvo tres cosas:
1) Que hablar mal de los pollos y bueyes no es hablar mal de México.
2) Que aunque Justino no quiera por que suena feo, es dopaje, por contaminación, pero dopaje.
3) Que Sinha ya dio la mas significativa muestra de ser todo un mexicano. Aquel momento cuando entiendes y sufres en carne propia la historia de hace mas de 70 años, “Que no nos vamos reponiendo de un madrazo cuando ya nos viene el siguiente”.