¡A mano!

blogeditor · 1 de febrero de 2012

¡A mano!

No sé que sea peor, si no tener interés en saber que las injusticias, los atropellos, los fraudes y chancleces existen, si tener evidencia de que existen y no decir nada para no alterar intereses o bien, que siendo tan obvias, claras, fragrantes queden impunes. Para lo primero diría que es una especie de desidia, desinterés, apatía por lo que nos rodea y afecta, un clásico “¿y yo por qué? Él lo segundo sería omisión, complicidad, miedo y para lo tercero citaría yo la injusticia, la impunidad. Esta última es sin duda lo que más derrota la moral de personas, familias, sociedades y hasta culturas.

Millones de nosotros no cambiaríamos el hecho de ser mexicanos, sin embargo creo que hemos cambiado como mexicanos, hemos pasado de ser vivillos y simpáticos a trácalas y cínicos, de ser relajados a indolentes, de dicharacheros a irrespetuosos en muchas cosas. Las razones pueden ser varias, “justificadas” o no. Aunque creo que no lo hemos hecho nomas por deporte, la corrupción y la impunidad son los grandes detonantes y si en la corrupción estamos todos, en la impunidad nos friegan a todos. Y hablo de lo grande y lo poquito, en corto y a gran escala.

Si bien es cierto que aplicando las reglas y siendo justos no se acaban las faltas y los delitos, si se reducen  y no solo eso, a menor impunidad mayor denuncia a mayor denuncia mayor justicia y a mayor justicia mejor sociedad.

En México un ínfimo porcentaje denuncia y no lo hace por miedo a represalias o por la certeza de que quedará impune.

Es difícil de creer que el ejemplo pueda llegarnos del lado de la política y el cambio de parte de las instituciones que están a su encargo. ¿Y si le digo que en una de esas el deporte podría ayudar como detonante? La penetración e influencia social del futbol de tiempo completo y eventos deportivos (panamericanos) de entrada por salida es innegable. La exaltación de valores necesarios, admirados para obtener triunfos y convertirse en ejemplos es el común denominador. Así como también la derrota moral que implica saber que alguien se dopó, que la violencia dio al traste con el espectáculo, que la trampa se llevó el triunfo. El reflector del futbol de nuestro país es a tal grado potente que se ha convertido en el deporte de los políticos. Pero también en el potencializado de los actos de quienes lo practican.

El futbolista de hoy busca a toda costa ser popular ser ídolo y no pareciera reparar en el beneficio que aporta a su carrera, pero principalmente a su entorno deportivo y social el ser ejemplo.

Lo hecho por el “Tito” Villa delantero del Cruz Azul (meter el gol del empate con la mano y hacerse el que la virgen le habla) no es un tema de relevancia en la sociedad mexicana, no es pa tanto, pero sí lo es en el futbol, en el futbol como deporte, como el medio lúdico para infundir valores. Y lo hecho por la comisión disciplinaria, sancionándolo con un partido y una multa de poco más de cinco mil del águila, pareciera un importante paso. Sin embargo hace falta congruencia y constancia para que este hecho no quede como el flautazo que le tocó al burro sino como una práctica sana pero sobre todo justa, y no para educar al futbolista, ¡dios me guarde! Si están más amañados, sino para que la piense dos y tres veces antes de volver a dañar su deporte, que trasportado a la vida, sería su propia sociedad. El mensaje sería similar al de aquellos países, “en ti esta que hagas trampa, pero en la autoridad el que no quede impune”.

Aunque se queje Tito Villa y apele Cruz Azul, aceptar el castigo contribuye mucho más a la restructuración de un tejido moral. Pero también urge que la comisión disciplinaria actué libre de presiones por parte de los equipos y sus dueños.

Nunca he creído que a las personas las define un error, sino lo que hace a partir de él. Pero los errores no se superan olvidándolos y el orden no se mantiene fomentando la impunidad.

Por eso creo que si Tito Villa acepta sin apelar y reflexiona sin repetir, habrá salido a mano.