Redacción Animal Político · 1 de mayo de 2023
Me costará mucho tiempo aceptar el fallecimiento de Alejandro Hope. La terrible noticia de su muerte fue para mí absolutamente inesperada; no tenía antecedentes de sus problemas de salud y mi contacto regular con él -una vez por semana, al menos- me hacía sentir que él siempre estaba y siempre iba a estar ahí.
Leía lo que publicaba en El Universal y en Twitter. Intercambiábamos materiales regularmente y por muchos años nos encontramos en foros abiertos y cerrados. De Alejandro yo aprendía siempre, no porque esperaba nuestra plena coincidencia, sino justamente buscando discernir sus enfoques diferentes a los míos, si bien la gran mayoría de las veces llegábamos a conclusiones convergentes.
Me dio mucha curiosidad lo que percibí como una extraña personalidad cuando lo conocí y decidí observarlo y escucharlo con detenimiento. La primera impresión que recuerdo de él es el gusto por la comida, eso nos acercó. A la vez, de inmediato creo haber tenido claro que más diferentes no podía ser la personalidad de cada quien. Y por eso me daba mucha curiosidad, en especial sus primeras reacciones ante posturas que cuestionaban su perspectiva.
Lo que más me gusta de las personas es su inteligencia; me cautivan las personas que considero inteligentes precisamente porque me empujan al aprendizaje y a la revisión autocrítica de mi pensar y hacer. Los últimos cinco años he vivido una sacudida en los fundamentos de mi comprensión del mundo y en parte eso ha sido posible por una inversión inédita en la escucha; él era una de mis referencias de escucha profunda para frecuentemente contrastar posturas en clave constructiva.
Confirmo cotidianamente que la cultura política hegemónica en México hace difícil o imposible coexistir en el disenso. Decimos todo el tiempo que aceptamos las diferencias pero, en mi experiencia, la preferencia masiva es alejar a quien piensa diferente. Jamás una diferencia entre Alejandro y yo nos alejó y creo que para ambos era no solo aceptable sino incluso pedagógico transitar por argumentos y conclusiones diferentes y alguna vez incluso contradictorias.
En el plano profesional la partida de Hope es nada menos que demoledora porque su discurso desaparece cuando más necesario era. Él transitaba por la construcción de propuestas y la exigencia de políticas de seguridad basadas en evidencia, entre sus enfoques principales. Creo que fue originalmente suya aquella frase que calificó a esas políticas precisamente como “zona libre de evidencia”. La capacidad de síntesis de Alejandro, montada en un vasto marco teórico y el recurso ágil de fundar sus argumentos precisamente en evidencias, lo colocó en indiscutible posición de liderazgo en el pensamiento crítico de cara al paradigma hegemónico de la mano dura en seguridad y justicia.
Me hará mucha falta y le hará mucha falta a este país que nomás no logra la reforma democrática de la seguridad, salvo excepciones locales apenas emergentes.
La potencia y originalidad de Alejandro eran ciertamente únicas. Deja un enorme vacío. Celebro la memoria de su historia. Descanse en paz. Lo extrañaré.