blogeditor · 25 de mayo de 2013
Por: Lorena Cano (@Sinfronteras_1)

Hace tres años las organizaciones dedicadas a la protección y defensa de los derechos humanos de las personas extranjeras en México, pero sobre todo las personas migrantes, ansiábamos, todos, la creación y publicación de una Ley sobre Migración que consagrara los derechos de esas personas que algunos todavía llaman “ilegales”.
Esto con la intención de que pudieran ejercer los derechos más elementales que cualquier ser humano debe de tener a su alcance, por ejemplo, que pudieran realizar actos del estado civil (registrar el nacimiento de sus hijos), que pudieran acceder a la justicia (principalmente penal y familiar) sin ser detenidos y posteriormente deportados, que pudieran realizar estudios, e inclusive que pudieran pagar impuestos.
Pedíamos al gobierno que se creara un marco normativo en materia migratoria para que de esa forma, tuviéramos herramientas (nacionales, mexicanas) más allá de instrumentos de carácter internacional a los que muchos servidores públicos les causa escozor y que sobre todo ignoran, pero más aun, consideraban antes de la reforma constitucional, que no figuraban en la jerarquía normativa y por lo tanto no eran obligatorios en cuanto a su aplicación.
Con tristeza hoy, a dos años de la creación de este sueño, que en efecto logra sacar de una Ley que regula flujos y estadísticas de personas en territorio mexicano (Ley General de Población) para consagrar en texto normativo de derechos humanos de las personas migrantes en México, notamos que lejos de beneficiar y aportar al fenómeno migratorio, lo restringe, lo limita, lo dificulta, al grado de lograr e efecto contrario al deseado, es decir, ahora en México:
El comportamiento en las autorizaciones o expediciones de documentos migratorios ha menguado considerablemente al paso de los años. Si hacemos un comparativo del número de documentos migratorios que se autorizaban antes de la publicación de la Ley de Migración, es decir en 2010, durante su implementación y hasta la fecha, podemos observar que lo que se afirma es cierto[1].
En lo poco que llevamos de este sexenio, las OSC percibimos poca voluntad y acción para implementar mecanismos de diálogo y participación efectiva entre las autoridades y las organizaciones, albergues y activistas; estamos convencidos que las capacidades técnicas y experiencias de ambas partes bien podrían detonar en la creación de marcos normativos que tomen en cuenta, reconozcan y visibilicen a la población migrante para garantizar el acceso y el disfrute de sus derechos humanos en plenitud.
México requiere convertirse en un ejemplo para otras naciones al desarrollar políticas migratorias de vanguardia y alineadas a los estándares de protección de derechos humanos, por lo que es indispensable abrir un dialogo verdadero con las organizaciones de la sociedad civil y actores interesados en el tema, que aporten toda la experiencia en el trabajo directo con la población y sus necesidades.
[1] El comparativo realizado únicamente contempla los meses de enero a marzo de cada año. Información obtenida del Instituto Nacional de Migración.