blogeditor · 11 de mayo de 2016
Por: Alfredo Lecona (@AlfredoLecona)
No existe una respuesta cierta para quienes preguntan en dónde está el #YoSoy132.
Quienes por varios meses estuvimos en la calle y en las asambleas en 2012, no podemos responder con la claridad que líderes de opinión requieren para sus análisis y críticas. Nunca hubo una asamblea en la que el movimiento se disolviera formalmente y desde luego, tampoco existió un proceso de institucionalización de la organización de acuerdo a la que pareciera que es la única forma de participación política que puede imaginarse en este país. La comparación con el 15M y Podemos es un recurso que frecuentemente se usa para intentar demostrar los “errores” que llevaron al “fracaso” del movimiento, una visión muy corta si no se pone de por medio, con lo que se ha tenido que lidiar desde el regreso del priismo al poder.
Pienso que más importante que el reciclado análisis de lo ocurrido con #YoSoy132 es necesario saber qué ha pasado con ese diálogo generacional que comenzó en 2012 y que debería haber sido engrosado tras los agravios vividos en este sexenio, pero que, por el contrario, pareciera que sencillamente no existe.
Desde diversos espacios, muchos de quienes nos conocimos y consolidamos sólidas amistades en #YoSoy132 seguimos activándonos colectivamente ante distintos procesos políticos y sociales. Ya no se trata de un grupo si no de muchísimos espacios que llegan a converger ocasionalmente. Sin embargo, muchos factores abrieron distintas brechas entre nosotros.
[contextly_sidebar id=”s9KRy3YEknaIxbaNkrTm7CUOEwZaOUC2″]Quienes decidimos laborar en espacios cercanos al poder, como el Congreso, pagamos un costo alto en la relación que manteníamos con quienes tienen una mayor aversión a esos espacios. En el lado bueno de esa sanción está la carga moral de no traicionar los principios que un día nos mantuvieron unidos y forjaron amistades.
No un número menor de ex miembros de #YoSoy132 están involucrados en la defensa de derechos humanos de tiempo completo. Muchas organizaciones de la sociedad civil les han abierto sus puertas y algunas otras han surgido como consecuencia del diálogo generacional.
La brecha más amplia está entre estos dos grupos, pero incluso entre quienes nunca han participado fuera de los espacios de la sociedad civil han surgido diferencias que han impedido la coordinación de esfuerzos en diversos episodios que requerían una participación más contundente de quienes denunciamos, con mayor claridad, el retorno del autoritarismo priista desde 2012.
Lo cierto es que mientras el autoritarismo del estado se incrementa, la generación de #YoSoy132 siente mayor aversión a la disputa por el poder. El hecho de que personas que participaron en el movimiento busquen esos espacios recurriendo a las clásicas prácticas de la clase política, e incluso desde espacios de la partidocracia, nos ha alejado más de la posibilidad de comenzar un diálogo que se plantee específicamente la idoneidad de disputarlo.
En buena medida, la invaluable labor que se hace desde los espacios de la sociedad civil se trata de resistencia y reacción.
El estado, por su lado, ha comprobado que puede resistir sin un costo real los reportes, informes, recomendaciones y denuncias que la sociedad civil hace respecto de sus acciones. El esfuerzo de las organizaciones, activistas y académicos es invaluable, pero poca cosa para el tamaño de autoritarismo que ha desarrollado el estado durante el actual gobierno. Ni expertos nombrados por organismos internacionales y relatores han hecho retroceder a los gobiernos en su avance antidemocrático.
Duarte no ha caído tras las agresiones y asesinatos a periodistas. Mancera mantiene en su cargo a un Procurador que se atrevió a contaminar la investigación de los feminicidios y el homicidio de la Narvarte. La Suprema Corte de Justicia sigue avalando leyes inconstitucionales. Televisa sigue construyendo la agenda y lo que pasa en las redes, permanece a merced de ser retomado por ellos para que su mensaje logre ser amplificado.
¿Cómo no va a haber miedo y nerviosismo en la oscuridad que no pudimos iluminar? Las tensiones entre ex miembros de #YoSoy132 han aumentado en los últimos meses. Hasta acudir a una marcha es motivo de división. Algo nos dice que los peores momentos del peñismo están por venir y en el cálculo del poder está presente la división de quienes lo resistimos.
De ninguna forma insinúo que debieran abandonarse los espacios para volcarnos a construir algo que pueda despojar al estado victimario, pero podemos empezar tratando de sanar las heridas por diferencias que, frente a lo que está haciendo el estado, son mínimas.
Ni siquiera el diálogo tendría que derivar en una decisión por la disputa del poder en una lógica electoral, pero cada vez está más lejana la posibilidad de hacer algo ante la perpetuación e incremento del autoritarismo. Quizás la nostalgia que seguramente muchos sentimos en una fecha como hoy, pueda ser detonador del diálogo. No es tarde, pero tampoco es temprano.