A ciudadanos y periodistas: esto no se trata de Loret

blogeditor · 13 de febrero de 2022

A ciudadanos y periodistas: esto no se trata de Loret

No conozco personalmente a Carlos Loret. En Noroeste publicamos por varios años su columna y me ha entrevistado en algunas ocasiones en su programa de radio; casi siempre por temas de seguridad y narcotráfico.

Cuando las detenciones de Joaquín Guzmán Loera en Mazatlán y Mochis, en Noroeste evidenciamos el uso de recursos públicos para facilidades logísticas que Loret tuvo en sus coberturas. En Mazatlán le prepararon hasta escenografía y en Mochis aguantaron el acceso de la prensa local hasta que él llegó. Eran los tiempos de Peña Nieto en Los Pinos y de Loret en Televisa.

Los tiempos cambiaron. Hoy López Obrador vive en Palacio y Loret ya no está en Televisa. Carlos está ahora en Latinus y desde ahí ha venido publicando trabajos que lo convirtieron en el enemigo público número uno del presidente de México. El más reciente en conjunto con la organización Mexicanos Contra la Corrupción sobre las casas multimillonarias en Houston, Texas, en las que vivió José Ramón López, primogénito de AMLO, una de las cuales estaba a nombre de un exejecutivo de Baker Hughes, una compañía que da servicios a Pemex y cuyos contratos se incrementaron sustancialmente con el gobierno de López Obrador. AMLO respondió que su hijo es “mayor de edad”, que no tiene actividad pública y que su esposa Carolyn Adams “al parecer tiene dinero”.

Ese trabajo periodístico le valió al periodista la ira de López Obrador y desde que se publicó, el presidente ha ido escalando el tono de su discurso contra Loret, Mexicanos contra la Corrupción, Brozo y hasta Carmen Aristegui, por hacer eco del reportaje.

Comenzó el presidente con las descalificaciones de rutina: “conservadores”, “corruptos”, “mentirosos”… la propaganda presidencial que todos conocemos y que ya hemos normalizado para mal; pero algo cambió este viernes cuando el presidente, desde su conferencia matutina en Hermosillo y a unas horas de que hubieran asesinado en Oaxaca al periodista Heber López Vázquez, cruzó una línea que no debió: con la información que “un ciudadano le dio en un papelito” exhibió datos fiscales de Loret de Mola.

En una diapositiva hecha al calor de su temperamento, con datos sin fuente y faltas de ortografía, el presidente se atrevió a lo insólito: comparó su sueldo de funcionario público con los ingresos de un periodista, invadió la esfera privada de un particular y violó su secreto fiscal. Obnubilado, López Obrador abusó de su poder, cometió una ilegalidad y se exhibió como un hombre autoritario. Un presidente atacando a un periodista en vivo y a todo color. La investidura presidencial mexicana al servicio de la venganza personal de quien la ostenta.

Loret de Mola respondió de inmediato que los datos eran inflados, que el presidente lo ponía en riesgo a él y a su familia y que lo que buscaba era desviar la atención de los ingresos de su hijo. Luego Latinus se posicionó en llevar el caso hasta donde tope al costo que sea. Lo deseable es que Carlos Loret demande. Veremos si se atreve.

La Jornada cabeceó: “Difunde el Presidente supuestos ingresos de Loret de Mola en 2021”, Expansión Política: “AMLO exhibe supuestos ingreso de Loret; el periodista asegura que son falsos”, Aristegui: “Muestra AMLO presunto sueldo de Loret de Mola; está ‘fuera de sí’, le responde”, El Universal: “AMLO exhibe supuesto sueldo de Carlos Loret de Mola”, Reforma: “AMLO arremete contra Loret”. En Noroeste: “Viola AMLO secreto fiscal de Loret”. Prácticamente todos los medios publicamos notas de seguimiento.

Las redes “se encendieron” (como lo hacen todos los días por gatitos y perritos), pero en esta ocasión por una cuestión que no podemos dejar pasar: ¿tiene derecho un presidente a usar así su poder y los recursos públicos de todos los mexicanos para atacar a un periodista?

Como en toda batalla narrativa, hay dos bandos: los que defienden el derecho de una “réplica” malentendida del presidente y los que defienden a Carlos. Cada bando con sus bots y sus intereses, obviamente.

Personas con mejores conocimientos que yo ya explicaron por qué lo que hizo el presidente es ilegal, abusivo, faccioso e inaceptable. Les recomiendo leer el hilo de Jorge Israel Hernández, experto en libertad de expresión, aquí.

Yo intentaré aportar desde mi perspectiva y en el sentido de lo que creo deberíamos aprender como ciudadanos y como periodistas para trascender el escándalo, y que esta no sea una tendencia más en redes sociales.

Lo primero que habría que aprender como sociedad es que esto ya no se trata de Loret. De si nos cae bien o mal, de si gana mucho o poco dinero. Tampoco es solo un tema de “los periodistas”, siempre tan solos en este país que lee poco y mal. El debate de fondo tiene que ver mayoritariamente con la ley, el estado de derecho y la democracia que aspiramos a construir como ciudadanos. Algo más grande que Loret y el mismo AMLO.

Se trata de entender que el abuso de poder que vimos de parte del presidente significa un punto de no retorno en nuestra espiral de retroceso democrático. Apenas esta semana The Economist había degradado a México de “democracia imperfecta” a “régimen híbrido” en su Democracy Index y una de las razones era precisamente la intolerancia a la crítica del gobierno. La nueva categoría significa que estamos tan cerca del autoritarismo como de la democracia. Con su desigual ataque a Loret, el presidente López Obrador les dio la razón. Un precedente que se suma a la crisis humanitaria de homicidios y desaparecidos que lleva décadas, a la militarización evidente de la vida pública de México, el asedio de las instituciones autónomas y al árbitro electoral. Vamos, con López Obrador México no se está haciendo más democrático, por mucha “revocación” de mandato que nos quieran vender.

Lo segundo, es que los periodistas y los medios de comunicación, la industria y el “gremio”, deberíamos aprender de lo sucedido para generar algún tipo de unión y de reflexión. Sé que para muchos compañeros pensar en aglutinarse en torno a Loret de Mola suena no solo impensable, sino éticamente inaceptable tras el caso de Florence Cassez y lo entiendo. Pero si la generosidad no nos alcanza por Loret debería alcanzarnos por los cinco periodistas asesinados en lo que va de este año en Baja California, Veracruz, Oaxaca y Michoacán; por los 30 que van en el sexenio de López Obrador y por los más de 150 de 2002 a 2022 (datos de Artículo 19).

Habríamos, y no está nada fácil, de trascender nuestras diferencias y desconfianzas para formar algún tipo de frente común de defensa frente a los embates del poder político y el crimen organizado. Algún tipo de organización que sirva para exigir que la impunidad de 99% se reduzca, que los Mecanismos de Protección dejen de ser ineptitud y simulación, que el Congreso federal ahora sí legisle con profundidad en materia de publicidad oficial y que el presidente y sus acólitos dejen de atacar a la prensa aquí y allá como lo hicieron esta semana el gobernador Cuitláhuac García desde Veracruz o la senadora Imelda Castro desde el Senado.

También deberíamos reflexionar y debatir a los ojos de nuestras audiencias sobre el interés público de lo que hacemos, transparentar nuestros procesos de cobertura, investigación y publicación, así como nuestros orígenes y vinculaciones. Algo complicado de hacer mientras intentamos sobrevivir, económica y hasta literalmente.

Y una tercera lección es sobre la congruencia que falta. Esa congruencia que precisa de la memoria perdida de las y los periodistas que ahora forman parte de los gobiernos de la autodenominada Cuarta Transformación y que, ante el talante despectivo y autoritario de su máximo líder frente el periodismo y los que lo hacen, se suman a la propaganda mañosa y, en el mejor de los casos, al silencio cómplice. Ninguno, repito, ninguno, ha tenido hasta ahora la estatura moral para defender al que consideran su “gremio”, ese que presumen en sus short bios de Twitter para lavarse la cara y seguir siendo uno de nosotros. Mucho menos veremos una renuncia en la mesa en calidad de protesta. No, seguirán ahí, callados “como momias”, pero cobrando.

No soy optimista, más bien escribo esto desde el pesimismo. A las protestas esporádicas por los asesinatos recientes de periodistas nomás vamos gente del gremio y uno que otro aliado de sociedad civil. Duele: la gente no nos acompaña. La indignación dura proporcionalmente al tamaño de la agresión, pero prácticamente nunca alcanza para que haya justicia completa: jurídica, narrativa, con reparación del daño y garantías de no repetición.

La experiencia personal tras 10 años de dirigir un medio me ha enseñado que cada vez que sufrimos ataques o amenazas la solidaridad no pasa del algún mensaje en redes o por Whatsapp, que dura muy poco y que más bien la gente exige un periodismo infalible, independientemente, “de investigación”, por el que no quieren pagar o, peor aún, les da hasta hueva leer. En tiempos de Mario López Valdez como gobernador de Sinaloa, en Noroeste nos echaron bala, nos robaron, nos amenazaron y nos vetaron; todo mundo se solidarizó, pero nadie se acercó a comprar publicidad o una suscripción. Incluso sucedió lo contrario: salvo contadísimas excepciones de gente que atesoro, anunciarse con nosotros mandaba un mensaje antagonista con el gobernador… y nos quedamos más solos.

Algo así le pasa siempre a los medios críticos frente al poder. Se acercan siempre, eso sí y hay que decirlo, los generosos interesados en hacer golpismo. Y hay que decirles que no.

Solía discutir, desde mi juventud y cierta esperanza ingenua, con Javier Valdez cuando decía que al periodismo en México le faltaba sociedad. Hoy creo que nos faltamos, nos fallamos y nos necesitamos mutuamente. No hay democracia sin periodismo y no habrá periodismo sin demócratas.

Pero sobre todo no habrá periodismo sin periodistas libres de pluma y miedo; sin medios más sólidos, institucionalizados e independientes. Esos periodistas a los que el presidente López Obrador, que se dice de izquierda y demócrata, ataca todos los días con su poderosa voz y el eco de sus propagandistas, minando la credibilidad de su oficio y permitiendo la impunidad absoluta de sus asesinatos.

@AdrianLopezMX