blogeditor · 15 de diciembre de 2020
El 12 de diciembre se celebró el aniversario del Acuerdo de París. A cinco años de su adopción, vale la pena considerar en dónde nos encontramos y qué tan factible es que el Acuerdo realmente contribuya a cumplir con los objetivos de limitar el incremento de la temperatura en 2°C con miras a 1.5°C a finales del presente siglo.
La situación no es, en ninguna forma, mejor de lo que lo era hace 5 años. Desde el 2015 un número de estudios han reafirmado la influencia del cambio climático en 76 inundaciones, sequías, tormentas y anomalías de temperatura. Entre algunos de los desastres más taquilleros destacan los incendios forestales en California y Australia de 2019 y 2020, sin embargo, otros como ciclones tropicales en el continente Africano, sequías en América Central y el rápido deshielo del ártico también revelan la gravedad de la crisis climática.
A pesar de la incontrovertible evidencia del avance del calentamiento, las tendencias en el aumento de emisiones no parecen mejorar: la intensidad de carbono del sistema energético mundial se ha mantenido estable durante los últimos 30 años, el uso de carbón ha aumentado en un 74% durante este periodo de tiempo. En los últimos dos años el uso de carbón repuntó y, a pesar de la desaceleración provocada por la pandemia de la COVID-19 (la cual puede haber contribuido a reducir las emisiones en un 6%), los países continúan comprometiendo más infraestructura fósil. Por ejemplo, en la actualidad existen planes para inaugurar 550 nuevos aeropuertos a nivel mundial, con un total de 1,200 proyectos de expansión de la infraestructura ya existente.
Los costos para la salud humana son considerables, de acuerdo con The Lancet: cada año se producen más de un millón de muertes como resultado de la contaminación atmosférica causadas por el uso de combustibles fósiles y unas 390,000 de esas muertes son el resultado de la contaminación por partículas. En el caso del sector agrícola, las tendencias son igualmente preocupantes: las emisiones procedentes del ganado aumentaron en un 16% entre 2000 y 2017, mientras que las dietas menos saludables son cada vez más comunes en todo el mundo, en donde el exceso de consumo de carne roja contribuye a unas 990,000 muertes anuales.
A pesar de la incontrovertible evidencia de la existencia del cambio climático, los gobiernos y sus apologistas continúan respondiendo a este problema con diferentes grados de negación o indiferencia. De acuerdo con el propio Programa de Naciones Unidas del Medio ambiente, las emisiones de gases efecto invernadero deberán reducirse en a un ritmo de al menos un 7.6% anual para que el mundo pueda cumplir con el objetivo del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) de limitar el incremento de la temperatura ‘muy por debajo de 2°C con miras a 1.5°C’. Lo anterior implicaría que los países deberían alcanzar una reducción en más de la mitad de las emisiones actuales al 2030 (de 56 a 25 GTCo2e). Sin embargo, los compromisos de los países, incluyendo las recientes declaraciones de Reino Unido de alcanzar ‘emisiones cero’ al 2050 y el de China de hacerlo al 2060, aún apuntan a un incremento de la temperatura cerca de los 3° C para finales del presente siglo.
Destaca así el ejemplo del gobierno de México que, sin explícitamente negar la crisis climática, continúa comprometiendo la construcción de más infraestructura dependiente y productora de combustibles fósiles (como la refinería y el aeropuerto y por mencionar sólo algunos). La separación de la retórica del presidente y su gobierno de la realidad climática es preocupante. Hace apenas unos meses el presidente llamó a la energía renovable un sofisma y argumentó que traería de vuelta la producción de carbón. Pero paradójicamente, el gobierno sigue firmando y suscribiendo nuevos acuerdos y compromisos. Hace unos meses el gobierno suscribió el Pacto de líderes para la naturaleza y hace apenas unas semanas el Senado aprobó el Acuerdo de Escazú, el cual busca garantizar el acceso a la información, asegurando el acceso a la justicia para las y los defensores del medio ambiente. Con relación al primero, los esfuerzos de conservación a nivel internacional han fallado rotundamente: de los compromisos de biodiversidad de Aichi del 2010, ninguno se cumplió del todo, (desde 1970 el mundo ha perdido el 68% de los vertebrados). En lo que respecta al segundo, México está clasificado entre los países más violentos para las y los defensores del medio ambiente y mantiene políticas que continuarán poniendo en riesgo la salud de personas y especies a nivel nacional e internacional.
Ante esta situación vale la pena preguntaste si el Acuerdo de París es una forma efectiva de atender la crisis climática y si deberíamos continuar poniendo nuestro trabajo y esperanzas en este tipo de acuerdos.
Desde su concepción, el Acuerdo de París se insertó en una agenda más amplia, la de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales promueven una agenda de crecimiento económico, desarrollo tecnológico, industrialización y un incremento en el uso de la energía. Lo anterior se refleja en el Objetivo 8, el cual sostiene la supremacía de mantener el crecimiento económico como el instrumento para erradicar la pobreza, desvinculándolo de la degradación del medio ambiente (Meta 8.4). Esta ‘desvinculación’ supone entonces que la economía global debe sostener un ritmo de crecimiento de 3% anual, con ritmos de crecimiento de hasta 7% para ‘países menos desarrollados’ (Meta 8.1).
En este sentido, cumplir con lo establecido en el Artículo 2 del Acuerdo de París el cual establece que los países deberán ‘mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2°C (…) y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento (…) en 1.5°C, ‘en el contexto del desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza’, significa que los países deberán desarrollar un plan que permita mantener este crecimiento económico ‘desvinculando de la degradación del medio ambiente’ en una economía que, de acuerdo con las metas de los ODS, se expandiría en un 55% para el 20301.
Cumplir con los objetivos de reducción de emisiones y temperatura implicaría que el ritmo en el que se desvinculan las emisiones del crecimiento económico debería de ser de al menos 7.29%, es decir 6 veces el ritmo histórico y hasta dos veces lo que estima el IPCC. Lo anterior es igualmente preocupante si consideramos que este año esta desvinculación (que normalmente medimos a través de la eficiencia energética), muestra signos de desaceleración debido al incremento en el consumo de energía asociado a las respuestas de recuperación por la pandemia.
La lógica de los ODS junto con la del Acuerdo de París sirven entonces para reafirmar una agenda a favor del crecimiento económico y el desarrollo tecnológico. Destaca el Artículo 10 del Acuerdo el cual establece que “para dar una respuesta mundial eficaz y a largo plazo al cambio climático y promover el crecimiento económico y el desarrollo sostenible es indispensable posibilitar, alentar y acelerar la innovación.’ A través de esta lógica, las economías basadas en combustibles fósiles y la extracción de recursos, aseguran poder eliminar la degradación ambiental y las desigualdades sociales que acompañan al crecimiento económico ¡sin hacer ningún cambio sustantivo en la estructura económica, política y social que produjo este problema!2
Lo anterior se puede observar en el Artículo 6, específicamente en el concepto de ‘transferencias internacionales de resultados de mitigación’, un concepto deliberadamente vago que entre otras cosas permite mantener a disposición de los países soluciones basadas en el mercado como ‘intercambios de emisiones’, mercados de carbono y derivados financieros, los cuales no sólo no sirven para resolver las crisis climáticas, sino que se han convertido en indulgencias a través de las cuales los gobiernos y empresas pueden mantener sus actividades contaminantes, transfiriendo sus responsabilidades a otros sitios y creando nuevos problemas en ellos.
¿Qué hacer?
La urgencia que supone la crisis climática ha llevado a varios grupos y activistas a apuntar a la incoherencia de sostener un modelo que persigue el crecimiento económico de forma infinita y a comenzar a desvincular los esfuerzos de las discusiones internacionales sobre el clima de esta trampa. El cambio climático se está entendiendo progresivamente como resultado de las actuales fallas del sistema económico y no como un problema que puede ser atendido con algunos ajustes al sistema económico. Cada vez son más las personas y grupos que se están dando cuenta de que el problema no puede ser desvinculado de la obsesión de los gobiernos por el crecimiento y de los imperativos de un sistema económico que debe crecer de forma infinita para sostenerse. Como resultado, las conversaciones sobre el “fin del capitalismo” el decrecimiento y el posdesarrollo han ganado espacio en la discusión del ¿qué hacer? particularmente con respecto a la pandemia de la COVID-19.
El 2020 ha dejado muy claro que los sistemas económicos y de salud no están funcionando para la mayoría. La pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto las debilidades del capitalismo y ha revelado el potencial latente de las alternativas a este modelo. Las respuestas de miles de comunidades alrededor del planeta incluyeron la solidaridad ante la pandemia y un aumento de grupos de ayuda mutua. En este sentido, no importa cuántos acuerdos, compromisos, metas u objetivos por el clima, la biodiversidad o el medio ambiente se suscriban, si estos no suponen un cuestionamiento serio al crecimiento económico u ofrecen una propuesta económica, política y social que se aleje de los imperativos del capitalismo, es poco probable que logren conducirnos a un mundo más justo con temperatura estables.
* Carlos Tornel es estudiante de Doctorado en la Universidad de Durham ([email protected]).
1 Hickel, J. (2019) “The contradictions of the sustainable development goals: Growth versus ecology on a finite planet” Sustainable Development 27: 873-884.
2 Clive L. Spash (2020) Apologists for growth: passive revolutionaries in a passive revolution, Globalizations, DOI: 10.1080/14747731.2020.1824864