40 años del sida: los muertos se siguen contando por miles

blogeditor · 12 de julio de 2021

Hace justamente 20 años conocí “el ambiente”, ese espacio subjetivo en el que los hombres homosexuales se conocen y reconocen. En ese entonces, un fantasma seguía presente de manera constante en el ambiente: el sida. Eran pocas las personas con VIH que tenían acceso a tratamiento antirretroviral por lo que no era raro enterarte constantemente que fulano se enfermó, que mengano está en el hospital, que zutano murió hace unos días. Hoy en día, ese escenario pareciera muy lejano, pero aún mueren alrededor de 5 mil personas al año por causas relacionadas con el sida en México.

En 1981 aparecía el artículo del New York Times que decía “Extraño cáncer es detectado en 41 homosexuales”, el cual reportaba por primera vez la aparición de lo que años más tarde sería conocido como sida. En 1984 se registraron los primeros casos en México y, poco después, cada país del mundo también reportaría sus propios casos. 40 millones de muertos después, aún no tenemos una vacuna preventiva, tampoco una cura para eliminar el VIH del cuerpo y quizá lo peor, el estigma y la discriminación de la serofobia siguen tan vivas como siempre.

Sabemos que el VIH no sólo afecta a los homosexuales, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH) que se reconocen a sí mismos como heterosexuales. También afecta a mujeres cisgénero y transgénero, bebés recién nacidos, personas que usan drogas sin importar su sexo u orientación y otros más. Desde que se detectaron los primeros casos en nuestro país, los hombres gays han concentrado el mayor número de casos y el mayor número de muertes. Pero también la mayor respuesta a la epidemia y la mayor resiliencia. A ellos se unieron las mujeres trans, las trabajadoras sexuales, otras personas con VIH que exigían medicamentos y que, eventualmente, representaron la mayor lucha comunitaria por el derecho a la salud.

Durante la década de los 90, miles de personas con VIH se manifestaban constantemente en los actos del Secretario de Salud para exigir que se compraran tratamientos antirretrovirales que en ese entonces resultaban carísimos. Fueron años de cerrar calles, de encadenarse a las rejas de la Secretaría en Lieja y Reforma, de organizar marchas por los muertos, lo que eventualmente llevó a que se reconociera la necesidad de brindar tratamiento a quien lo necesitaba, primero en el IMSS y años más tarde a través del Seguro Popular. Hoy en día, organizaciones y personas viviendo con VIH vuelven a salir a las calles ante problemas de desabasto de medicamentos que han puesto en peligro su vida y su salud, ante las actitudes de un gobierno que ha recortado los recursos para la prevención y que en aras de “luchar contra la corrupción” ha puesto en aprietos a pacientes de decenas de enfermedades.

Pero la lucha no es sólo por el tratamiento, sino en contra de los prejuicios y las violaciones a los derechos humanos. Aunque nuestra Constitución diga que está prohibido discriminar por estado de salud, en la realidad se le sigue negando el trabajo a muchas personas con VIH, se les criminaliza por representar “peligro de contagio”, se les corre de sus casas para supuestamente no poner en riesgo a la familia. Ese estigma es el combustible que mantiene viva a la epidemia a cuatro décadas de estar entre nosotros.

¿Y cómo es posible que 40 años después no tengamos una vacuna o una cura? El virus es muy complejo y no ha hecho las cosas sencillas para la comunidad científica. Pero también es importante discutir el papel que jugó ese estigma y discriminación para que la inversión en investigación sobre VIH tardara mucho tiempo en arrancar. Tenemos muy buenos tratamientos que permiten que la esperanza de vida de las personas con VIH pueda ser la misma que la de alguien que no tiene el virus, pero no es suficiente. Tenemos PrEP que ayuda a prevenir la transmisión del virus, pero tampoco es suficiente. El mundo pide de una vez por todas, así como ocurrió con la respuesta a COVID19, un esfuerzo extra que permita detener el sida para el año 2030.

Hace 20 años, cuando entré al “ambiente”, aprendí que había que usar condón siempre, que había que hacerse la prueba de laboratorio al menos una vez al año, que alguien con VIH podría vivir 5 o quizá 10 años. Hoy, quien entra al mundo gay probablemente escuchará que indetectable es igual a intransmisible, escuchará que una pastilla al día puede evitar que se contraiga el virus o que con una gotita de sangre puede conocer su estatus en 10 minutos. Lo que no ha cambiado en esos 20 años es que quien vive con VIH quizá siga siendo considerado “un sidoso”, que seguramente se lo buscó por irresponsable o por su estilo de vida.

La tecnología para la prevención y el tratamiento son fundamentales, también lo son las políticas de salud basadas en la evidencia, pero la respuesta a la epidemia del VIH no se explica sin la lucha por los derechos humanos y la movilización comunitaria. Hay que aplaudir la actuación de funcionarios del gobierno que hicieron cambios enormes desde el CONASIDA y el CENSIDA, pero también a los activistas del Colectivo Sol, el FRENPAVIH, Letra S y Brigada Callejera hasta aquellos que hoy en día llevan la vanguardia como VIHve Libre e Inspira Cambio y muchas otras organizaciones y colectivos que no dan tregua a la lucha a lo largo y ancho del país: desde Verter en Mexicali hasta Una Mano Amiga en Tapachula, desde ACODEMIS y COMAC en Monterrey, hasta CHECCOS y SETAC en Jalisco, pasando por Vida Plena en Puebla o UNASSE en Yucatán, entre muchas otras.

La lucha no se acaba hasta que cada niño y adolescente tenga acceso a la educación integral en sexualidad, hasta que todas las personas que usan drogas inyectables tengan acceso a métodos de reducción de daños, hasta que las personas con VIH no tengan que esperar meses por una consulta o unos análisis de carga viral, hasta que nadie sea despedido de su trabajo por vivir con VIH, hasta que la atención a las infecciones de transmisión sexual se dé en lugares dignos y amigables.

En el mes de julio morirán aproximadamente 58 mil personas en el mundo por causas relacionadas con el sida. Ya no es aceptable que los muertos se sigan contando por miles. Tampoco es aceptable que la serofobia siga sepultando los derechos y la dignidad de las personas con VIH.

Si quieren recordar un poco de ese recorrido de 40 años, dense una vuelta por la exposición virtual Expediente Seropositivo: Derivas visuales sobre el VIH en México, montada en internet por el Museo de Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM.

* Ricardo Baruch (@baruchdom) es activista e investigador en temas de salud pública y derechos humanos.