Claudia Calvin · 11 de abril de 2012
En esta época de campañas resulta un verdadero fastidio escuchar a las y los candidatos (y no hablo sólo de candidatos presidenciales) hablar de generalidades y decir lo buenas, buenos, diferentes y cumplidores que son. Todo se vale –aparentemente- en este período: apelar al amor, a la sensatez, a los notarios y a la falta de memoria de los electores.
Como mujer, me fastidia que usen el tema de género como un gancho para atraer a la mitad del electorado y que piensen que son políticamente correctos o correctas porque dicen “que es necesario incorporar a las mujeres a la toma de decisiones y es necesario reconocer su presencia, existencia y aportación al país”. ¿Acaso se están dando cuenta hasta este momento?
Quiero escuchar como ciudadana, votante, empresaria, trabajadora, mexicana, las propuestas concretas que tienen a favor del desarrollo de la mujer y la visión de largo plazo que plantean en caso de llegar al gobierno. Alguien me dirá: “Pero se trata de campañas en este momento”. Mi respuesta es: “No me importa. Quiero que los candidatos dejen de tratar a los electores como herramientas de coyuntura y les hablen como ciudadanos, expresando sus ideas –si es que las tienen- y lo que proponen más allá de la elección”.

Si no tienen una idea clara sobre el tema, estoy dispuesta a darles una ayudadita, y aquí les presento cuatro razones (hay muchas más, pero para eso tienen equipos de campaña y valdría la pena que usaran el dinero que les damos quienes pagamos impuestos, para que hagan una investigación de fondo) para que tomen en serio la importancia de la presencia, participación e incorporación de las mujeres a las políticas de gobierno y a la toma de decisiones.
1. La incorporación de las mujeres a la educación y al mercado de trabajo hace más competitivo al país. Según el Reporte Global sobre Competitividad, México se encuentra en el lugar 117 de 139 países en cuanto a la participación de las mujeres en la fuerza laboral. (El año previo estaba en el lugar 114). Esto quiere decir que es uno de los países con menor participación femenina en la fuerza laboral, Serbia, Croacia, Nepal, Senegal, Grecia, Mali se encuentran desde este punto de vista mejor que nosotros. Destaca el PNUD que cuando hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades y libertades, el crecimiento económico de los países se acelera y los promedios de pobreza caen más rápidamente. Por otro lado, invertir en la educación de la mujer tiene efectos positivos en el crecimiento de las sociedades y los países, es para el BID uno de los ejes de sus programas de apoyo y asistencia.
Capacitar a las mujeres, generar condiciones para que se eduquen mejor y vivan en un contexto de condiciones adecuadas para incorporarse al mercado de trabajo implica que el país busque ser competitivo con recursos humanos de alto nivel y que crezca con una visión en la que la competitividad se fundamente en una sociedad altamente calificada y con un alto nivel educativo, no sólo en sectores en los que la competitividad se fundamente en una mano de obra pésimamente pagada y cuyo sector informal sea central.
De sobra está decir que se trata de un asunto de justicia, no sólo de competitividad….
2. Sacar a las mujeres del sector informal mediante el diseño e instrumentación de políticas públicas adecuadas. El empleo informal está estrechamente vinculado a bajos ingresos, empleos de mala calidad y a la pobreza, y en términos generales, se trata de empleos llevados a cabo principalmente por mujeres. De acuerdo con los resultados del Reporte de Género en Educación, Empleo y Espíritu Empresarial de la OCDE, más de la mitad de la población subsahariana, Asia y América Latina está empleadas en el sector informal no agrícola.
A lo anterior es necesario añadir otros factores tales como la famosísima doble jornada laboral, el cuidado infantil, las licencias de maternidad, prestaciones (o falta de las mismas), etcétera. De acuerdo con cifras de la OCDE, las mujeres dedican más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. En México, indica el documento, los hombres invierten menos de dos horas al día en este tipo de trabajo, comparado con más de 6 horas al día de las mujeres. Un caso distinto es el de Noruega, en donde los hombres dedican más de dos horas al día, una hora menos que las mujeres noruegas. Cabe destacar que las brechas de género en el trabajo no remunerado incrementan con la presencia de niños: el trabajo doméstico tiene un efecto negativo sobre el número de horas en el trabajo remunerado femenino y en la brecha salarial de género.
Importante destacar en este contexto el valor, o poco valor en realidad, que se le da al trabajo doméstico y la espiral de discriminación y violencia al que se enfrentan las mujeres que viven en él.
En resumen, esta realidad genera una espiral perversa: trabajo informal mal remunerado, marginación ya que en este ámbito las mujeres trabajan por peores sueldos, carencia de protección social o laboral, falta de recursos para acceder a servicios privado por sus altos costos…y esto repercute en todas las esferas del país.
3. Invertir y fomentar la educación científica y tecnológica para las mujeres. El excelente documento elaborado por PNUD y Fundación Ethos: México y las Sociedades del Conocimiento. Competitividad con Igualdad de Género, hace una apuesta que debe tomarse muy en serio. Señala que la desigualdad de género en las sociedades del conocimiento está asociada al acceso a la educación, la salud y el trabajo las cuales también condiciones necesarias para elevar los niveles de competitividad de un país. La participación de las mujeres en el desarrollo no sólo es importante para aumentar los niveles de crecimiento económico, sino para que con esta inclusión se logre de manera simulltánea la construcción y fortalecimiento de una sociedad del conocimiento donde todos y todas sus integrantes puedan desarrollarse en igualdad de condiciones.
Es necesario visualizar en el mediano plazo una educación intensiva de las mujeres en las áreas en las que tradicionalmente no participan (ciencias exactas, tecnología, ingeniería, etcétera) que se traduzca en igualdad de oportunidades, condiciones laborales y mejores salarios, acompañada de transformaciones estructurales y culturales en las normas y estereotipos de género. Esto aumentará los niveles de calificación de las mujeres y afectará positivamente la estructura laboral, empresarial, económica, educativa –entre otras- circundante.
Las cifras son claras: en las áreas de ingeniería y tecnología las mujeres constituyen tan sólo el 31% de la matrícula. Es revelador, por ejemplo, el número de mujeres en el Sistema Nacional de Investigadores. Según cifras de la UNAM señaladas en el documento mencionado, el personal académico en el nivel III está conformado en un 80% por hombres y 20% por mujeres. Por otro lado, existen infinidad de documentos que indican que las mujeres salen de los estudios con mejores calificaciones. ¿No es obvio el costo que desperdiciar este talento significa para el país?
No me detendré en el aspecto de la brecha digital y la accesibilidad. Ya he escrito sobre esto antes y el costo que la marginación digital del país y de las mujeres al interior del mismo tiene para México. Diré, simplemente, que hace falta una clara política y con visión de largo plazo al respecto.
4. Reconocimiento del trabajo no remunerado de las mujeres al PIB y adecuación de la legislación y las normas con relación a ello. Ya se ha demostrado que cocinar, planchar, cuidar niños, personas mayores, reparar lo que se descompone en casa, coser ropa, ir de compras y administrar el hogar representa un 22% del PIB nacional: más que la industria manufacturera y que los servicios. ¿Es válido seguir diciendo que las amas de casa “no hacen nada” por el hecho de que no se reconoce su contribución al desarrollo del país?
El reconocimiento de esta aportación tiene repercusión directa, como lo ha señalado Inmujeres, en el PIB. Faltan documentar de manera más sistemática este hecho a nivel internacional, ya que se trata de una realidad en la que –hay que decirlo- México no tiene el monopolio.
Este reconocimiento tendrá necesariamente otras vetas necesarias a considerar, una de ellas, la legal. Me pregunto, por ejemplo, qué sucederá en un futuro no lejano, cuando en un proceso de divorcio se tome en cuenta verdaderamente, el valor financiero y económico, de la aportación de la mujer que durante años de casada “no hizo nada más que estar en su casa, cuidar a los niños y limpiar”. Son de sobra conocidos los casos en los que las mujeres se quedan en la calle debido a que “no aportaron nada” material durante su matrimonio. Agradecería, de hecho, que algún(a) experta(o) abogada(o) pudiera comentar sobre este tema. Habría que considerar, también, los beneficios que por derecho les corresponde.
A manera de conclusión….
Es imposible que el país se inserte en un diálogo mundial en condiciones competitivas cuando la mitad de su población no vive en condiciones equitativas e igualitarias. Mientras México le siga apostando a insertarse en el mundo mediante sus bajos salarios y con la discriminación al interior como premisa, los beneficios del “crecimiento” seguirán beneficiando a una minoría de la población y la gran mayoría seguirá viviendo en la pobreza y sin un mejor nivel de vida.
Ya no hacen falta más diagnósticos, vivimos en un país “sobrediagnosticado”. Lo que queremos son propuestas claras sobre los medios que emplearán quienes hoy contienden por el poder –y los presupuestos- para conseguir objetivos concretos. ¿Qué proponen específicamente l@s candidat@s?
Invertir en las mujeres, en resumidas cuentas, beneficia al país en su conjunto y genera una espiral positiva y justa. ¿Es tan difícil entenderlo?