Redacción Animal Político · 7 de diciembre de 2022
El 1° de diciembre se cumplieron 4 años del gobierno del presidente López Obrador y la celebración fue muy distinta a la de otros años, el evento central fue una marcha multitudinaria y como siempre un discurso unidireccional sobre una serie de lo que el presidente considera sus logros de su gobierno.
Como cada año, en el Laboratorio Electoral revisamos las principales acciones y decisiones de estos últimos 12 meses y su impacto en el acontecer nacional. Después de 4 años observamos que no se ha cambiado el discurso y la fórmula que se propone para solucionar los problemas es la misma planteada desde el día 1.
Austeridad republicana. Desde sus primeros seis meses, el presidente señaló que la austeridad republicana sería el eje de su administración y que con ello eliminaría la corrupción. El presidente recortó los presupuestos de casi todas las secretarías a excepción de las de Defensa, Energía, Trabajo y Bienestar, cuyos recursos han incrementado notablemente.
Por su parte, aunque la Ley Federal de Remuneraciones de Servidores Públicos fue declarada inconstitucional por parte de la SCJN, el presidente ha exigido a todas las personas que laboren en organismos del Estado mexicano respetar como tope el sueldo que él estableció para sí mismo –“que nadie gane más que el presidente”–, sumado al recorte de lo que denomina “privilegios”, tales como asesores, áreas de la administración pública, seguros de gastos médicos, viajes y viáticos. El resultado ha sido, en términos generales, una estructura de gobierno cada vez más escueta y una carga de trabajo cada vez mayor, lo que ha generado condiciones laborales casi precarias para las y los funcionarios públicos.
Obras públicas. La actual administración planeó la construcción de grandes obras públicas dentro de las que destacan el aeropuerto de Santa Lucía –que llegó luego de la cancelación del NAICM–, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. Estas han sido parte central de la narrativa del gobierno, pues se señala que son la respuesta a grandes problemas del país y el camino al desarrollo. Estas obras han sido el centro de fuertes críticas por la opacidad con que se han ejecutado y los constantes incrementos en el presupuesto ejercido.
El nuevo aeropuerto y la refinería fueron inaugurados este año a pesar de que ambos están lejos de operar conforme a lo planeado y prometido. Por su parte, el Tren Maya ha enfrentado múltiples obstáculos por el impacto ambiental que representa y la falta de estudios ambientales que confirmen su viabilidad sin afectar el ecosistema de la selva.
Reformas constitucionales. Para lograr la transformación prometida el presidente anunció la necesidad de aprobar una serie de reformas tanto legales como constitucionales en diversas materias que, para su aprobación, han tenido que ser negociadas con la oposición, lo que les ha acarreado a esta última fuertes críticas, principalmente al PRI. En su momento, la gestión de negociación encabezada por el coordinador parlamentario de las y los senadores de Morena, Ricardo Monreal, fue fundamental para la aprobación, por parte de todos los grupos parlamentarios, de la creación de la Guardia Nacional y posteriormente de la reforma educativa.
Las reformas constitucionales que se han impulsado después de las elecciones de 2021 –energética, militarización y electoral– no han tenido el mismo éxito, han sido más radicales y hasta ahora la única aprobada en conjunto con el PRI fue la que permitió que el ejército continuara durante 5 años más en las labores de seguridad pública; la reforma energética fue rechazada por toda la oposición y todo parece indicar que la electoral correrá la misma suerte. Esto no ha sido impedimento para que la mayoría parlamentaria de Morena avance con reformas legales, aunque estas terminen siendo inconstitucionales.
Borrar los contrapesos. El presidente no se ha mostrado abierto a los contrapesos institucionales. El entramado institucional construido durante la transición a la democracia parece incomodarle y por ello ha buscado desmantelar organismos autónomos –que en su concepto nunca debieron existir por ser funciones propias del Ejecutivo, como es la evaluación de la educación– así como designaciones a modo, poniendo en los máximos cargos a personas incondicionales, con lo que se borran los contrapesos, como en el caso de la Comisión Nacional de Derechos Humanos o la Reguladora de Energía.
A los órganos que le son incómodos los ha atacado constantemente y ha buscado suprimirlos o debilitarlos a partir de recortes presupuestales, como se observa claramente en el caso del INE. Con la Suprema Corte de Justicia de la Nación la relación es relativamente más compleja, pues en ocasiones muestra su beneplácito con lo que resuelven y en otras, los ataques y amenazas son directos. El tono de respuesta depende de lo desfavorable que le resulta una resolución.
Estrategia de seguridad. Probablemente el principal talón de Aquiles presidencial sea la estrategia de seguridad. La visión del gobierno señala que la seguridad se combate con fraternidad y abrazos –que en algunos casos se traduce en concesiones–, y la estrategia ha ido desde el ataque al huachicoleo y la intención de eliminar la corrupción, hasta la participación de las fuerzas armadas en un control casi absoluto de muchas de las áreas del Estado mexicano, así como la entrega cada vez amplia de programas sociales para desincentivar las actividades delictivas en grupos poblacionales vulnerables.
Las críticas a esta estrategia han sido muchas, tanto internas como internacionales, debido a que tras 4 años, los resultados positivos en este rubro son inexistentes: la inseguridad ha aumentado considerablemente, según cifras oficiales. Probablemente el operativo fallido para detener a Ovidio Guzmán es el ejemplo más claro de todo esto.
En términos generales, la expectativa de transformación que se generó en las elecciones de 2018 se ha dado únicamente en la narrativa gubernamental, pues el plan de gobierno trazado desde un inicio no ha dado los resultados esperados y tras 4 años de gobierno, en muchos rubros, son más las palabras que hablan de la transformación que los hechos. La visión de país de la actual administración es inamovible, a pesar de que las circunstancias internas o globales cambien, como vimos durante la pandemia o en la actual crisis económica global. El acertado diagnóstico con el que se ganó la presidencia no se ha visto resuelto a partir de decisiones pertinentes, mucho menos de una voluntad de análisis, diálogo y acuerdos con quienes plantean diferentes soluciones que podrían ser acertadas.
El documento completo sobre el 4to año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador lo puedes consultar aquí.