blogeditor · 13 de abril de 2021
Las elecciones de julio de 2018 tuvieron resultados excepcionales para la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, con algo más de 30 millones de votos. Por su magnitud, esta cifra se convirtió en argumento político de su presidencia y de MORENA para justificar decisiones de gobierno sin necesidad de construir consensos. También, la cifra es un parámetro de votos para las elecciones próximas de junio.
De entrada, por varios motivos no es factible la repetición del número de votos para MORENA y sus aliados. El principal es que la coyuntura política del 2018 ya no existe. La candidatura de AMLO no fue exitosa solamente debido a su propuesta política -trabajada durante muchos años- sino también fue resultado del hartazgo social contra los gobiernos del PRI y del PAN. Ambas trayectorias confluyeron en un mismo vértice electoral. Adicionalmente, todo ejercicio de gobierno desgasta y éste no ha sido la excepción: particularmente debido a sus negativos resultados en prácticamente todos los rubros, algunos de ellos muy graves y de amplias consecuencias sociales.
Por estos factores, los 30 millones de votos del 2018 están más distantes que la galaxia más cercana. Las próximas elecciones determinarán la composición de la Cámara de Diputados y numerosos cargos en todos los estados del país. Tendrán la mayor complejidad de la historia, debido a su logística, por los actores participantes y por los puestos en juego. Pero especialmente tienen un asunto decisivo a resolver: ¿permanecerá MORENA en el control de las diputaciones federales o habrá un nuevo equilibrio político que incida sobre la presidencia de AMLO?
No tenemos una bola mágica que adivine resultados, pero sí algunos parámetros relevantes. El primero consiste en estimar el “techo” de votos que en 2021 pudiera obtener MORENA en las elecciones de diputados federales, considerando la misma elección en 2018. En aquel año recibieron en conjunto 24.3 millones de votos, es decir, 5.8 millones menos que la votación del presidente que se realizó paralela.
Esa importante diferencia no es una cuestión menor. Hace notar que incluso en la muy favorable coyuntura del 2018 el electorado distinguió claramente entre la opción presidencial y las diputaciones. Dicho de otra manera, la valoración electoral que tuvo AMLO no fue transmisible a las diputaciones de los partidos que lo apoyaron. Hoy es menos probable que esto suceda, ni para las diputaciones, ni para otros cargos.
En el 2021, las candidaturas a diputaciones de MORENA y aliados tienen como misión imposible acercarse al número de votos previo. La distancia luce hoy de escala astronómica, considerando dos experiencias recientes. Hace pocos meses, en octubre del 2020, hubo elecciones locales en Coahuila y en Hidalgo que podemos considerarlas “experiencia piloto” de las próximas de junio. No son directamente comparables, por supuesto. Simplemente las tendremos en cuenta como una medición del acercamiento y empatía del electorado con los partidos políticos y especialmente con MORENA.
Considerando que hacia octubre del 2020 habían transcurrido centenas de “mañaneras” presidenciales, junto con la paralela movilización de los “servidores de la nación” haciendo su tarea corporativa y, además, después de haberse aplicado algunos programas presidenciales emblemáticos, la hipótesis es que MORENA obtendría resultados destacados en ambos estados. Por lo menos obtener un panorama coherente con los votos del 2018. Pues no, no sucedió así. Los minúsculos triunfos electorales pueden catalogarse de pésimos para el partido del presidente y sus aliados.
En las elecciones municipales de Hidalgo, con 84 ayuntamientos en disputa, MORENA ganó… seis. En alianza con otros partidos logró cuatro más. Contra lo esperado, tuvo un desempeño como partido pequeño, comparable con los partidos locales que participaron en las elecciones hidalguenses considerando los triunfos electorales. En 2018, en Hidalgo AMLO obtuvo 851 mil votos y en las diputaciones federales sus partidos aliados lograron 641 mil. En contraste, en las elecciones del 2020, MORENA recibió algo más de 190 mil votos: es decir, un tercio o un cuarto de la votación de 2018 respecto a diputaciones o elección presidencial.
En Coahuila las cosas no fueron mejor para el presidente y su partido. De 16 distritos en competencia, MORENA obtuvo ninguno. Todos los ganó el PRI. En 2018, AMLO recibió cerca de 610 mil votos; en las diputaciones, con sus partidos aliados, recibieron 466 mil votos. A diferencia, en las elecciones del 2020, MORENA alcanzó solamente 170 mil votos, es decir, una cifra muy lejana de los números del 2018.
Tanto en Hidalgo como en Coahuila la expectativa era que el partido del presidente se consolidara electoralmente, lo cual no ocurrió, ni de cerca. ¿Este panorama puede tenerse como referencia para el resto del país? O bien ¿existe algún estado que sugiera un escenario distinto para MORENA en donde claramente tenga una expectativa ganadora? Difícilmente. Menos cuando tenemos encima las gravísimas crisis de salud, económica, de inseguridad, el olvido de las mujeres, el empobrecimiento y el deterioro gubernamental, todas confluyendo en la coyuntura del 2021.
Por estas condiciones, lo más probable es que en las próximas semanas sigamos viendo a un presidente haciendo todo por intervenir en los procesos electorales a favor de su partido, transfiriendo culpas al pasado como hace cotidianamente. Por lo pronto ya tiene permiso para hacerlo, concedido por un tribunal electoral que se ha plegado a sus intereses.
Con independencia de la estrategia presidencial, lo cierto es que los problemas del país no tienen solución regresando al PRI, al PAN, al PRD, ni a sus alianzas. Sus respectivas élites están empeñadas en volver a dominar el panorama político y utilizan, como siempre, la oportunidad de la actual coyuntura. Se trata de los mismos grupos, los mismos rostros, los mismos intereses, intentando presentar ahora una mascarada novedosa mediante su presentación conjunta. Lamentablemente, lo más probable es que en las próximas elecciones terminen saliéndose con la suya y los tengamos nuevamente en el escenario con un rol protagónico.
Efectivamente, en el corto plazo son necesarios mejores los equilibrios políticos. Pero en el fondo, es más importante cambiar a la clase política toda, incluyendo a quienes hoy están en MORENA y que no se distinguen de los de enfrente. Estos dueños del poder sólo repiten el juego de la silla vacía, haciendo la ronda para ver quién se sienta, pero en esencia sin cambiar el juego porque entonces perderían todos. No hay duda que son incapaces de romper su pacto monopólico.
Las elecciones municipales en Hidalgo de hace unos meses volvieron a mostrar que existe una alternativa, aún discreta pero poderosa cuando se presenta: las candidaturas independientes. Por esta vía se ganó un ayuntamiento (Tecozaulta) y en aquellos que tuvieron esa opción mostraron un desempeño más que notable, considerando sus limitados recursos. Lograron un número de votos que envidiaría cualquier partido: en 15 municipios, por arriba del 10 por ciento. El significativo repunte de las candidaturas independientes es reflejo de una sociedad que busca genuinas alternativas. Habrá que hacer mucho más para consolidar esta ruta, que por lo pronto es la única vía para renovar a una clase política, que como es vox populi, en gran medida ha perdido la clase.
* Tonatiuh Guillén López es profesor investigador del Programa Universitario de Estudios del desarrollo, UNAM.