blogeditor · 23 de mayo de 2017
Por: Tonatiuh Suárez-Meaney, Andrés Barranco Pérez y Luis Chías Becerril
En México, pintarse de colores, tiene el significado figurado de irse antes de que te atrapen, lo que le ha pasado a varios políticos y en particular a exgobernadores; pero mantiene su significado original de cambiar el color, de filiación, que también le ha pasado a varios políticos, igual que al mapa electoral nacional, desde hace 30 años. La alternancia electoral ha sido de lo más normal en todo el mundo, pero en México ocurrió hasta mucho tiempo después de la fundación del PRI (Ver el mapa animado 1). En 1958 en San Luis Potosí, ganó el primer alcalde independiente en el país, Salvador Nava; quien mantuvo su lucha política como antecedente para la alternancia en la gubernatura en 1991, que no logró materializar. Pero quien si lo logró fue Ernesto Ruffo como gobernador de Baja california por el PAN, lo cual se antojaba imposible, y desde entonces Baja California no ha alternado.
Hay estados que son como esas casas que cambian de color cada temporada de lluvias: del priísmo al panismo, pasando por otros el verde o el amarillo. A veces, un partido gobernante en realidad es una minoría que se diluye ante la oferta tan amplia de marcas políticas, y la alternancia adquiere en valor tan especial que pueden reunirse todos para ir contra el partido en el poder, como el caso de Chiapas en el 2000, en que se unieron ¡Nueve partidos contra el PRI! para impulsar al ganador Pablo Salazar y ganarle con escaso margen. En otros estados, en cambio, pasan los años y décadas y un solo partido se queda y al contrario que en Chiapas, se le pueden adherir. Para que eso ocurra, es necesario que el partido haya dejado su interés ideológico y sea más bien y a lo mucho, un gestor entre la ciudadanía y el gobierno.
Antes de que comenzara la época de alternancia, muchos creían que esta era el secreto para la normalidad democrática, la ausencia de corrupción e incluso el desarrollo. ¿Tiene alguna utilidad la alternancia? Hoy a la alternancia se le ve más bien de forma indiferente, aunque recientemente, diversos medios han ido más allá y la han culpado de las olas criminales. Luis Astorga, -a quien la revista Expansión llama académico “experto en tráfico de drogas” (sic)-, discute seriamente esa hipótesis que gusta a diversos candidatos de los partidos del poder local. Alfredo del Mazo, ya la hizo suya, aunque John Ackerman la pudo desmentir plenamente[i]. Basta con ver que los estados mejor calificados en el índice de paz, pueden ser indiferentemente, alternantes (que han cambiado de partido) o no y lo mismo al revés[1]. El top ten de los estados menos pacíficos es: Guerrero, Colima, Sinaloa, BCS, BC, Morelos, Zacatecas, Nuevo León, Chihuahua, Michoacán y Ciudad de México. Pero Colima y BC no son alternantes. A nivel nacional tampoco se puede hablar mucho en favor de esa hipótesis, la alternancia llegó a su punto cumbre en el 2000 con la presidencia de Fox y no generó más violencia, en realidad esta se agravó hasta el 2006. Se “purgó” la alternancia en el 2012 pero la paz no llegó a sus niveles normales. Quizá el mismo poder en curso promovía la alternancia como sostiene Ojeda (2004), por el clima internacional en esa época de fin de la guerra fría.
La alternancia y la foto del recuerdo
Si la alternancia no sirve para incrementar la seguridad, ni para cambiar a la sociedad en general, ¿servirá al menos para disminuir la corrupción de los gobernadores? Es comprensible que un gobernador que piensa que su sucesor puede ser un contrincante político, cuide más la transparencia y los recursos. Si bien un mal manejo de recursos nunca está exento de problemas al final del mandato, será menor considerando la máxima de “al enemigo la justicia, al amigo la justicia y la gracia”. Pero ¿en realidad se puede considerar contrincante político a alguien solo por ser de otro partido en una época en que los partidos ya no tienen ideología? Revisemos de forma nostálgica.
La foto ya es un ícono viral. Los gobernadores, casi todos, en su época de esplendor, reunidos el mismo día de la asunción al poder de Peña. Lucen una gran sonrisa, alrededor del presidente. Los medios la divulgaron como la foto de los gobernadores del PRI, pero en realidad, es la foto de los gobernadores a secas, que antes de que la imagen fuera recortada, estaban casi todos (28) y de todos los partidos. Eso sí, los del PRI (algunos del “nuevo” y otros del “viejo”), más juntos. Es como las fotos de la sala, donde el hermano mayor se gradúa, sujeta a todo tipo de comentarios y estimaciones: “Y éste, el tercero de izquierda a derecha es Andrés Granier, que no alcanza a mostrar uno de sus 300 pares de zapatos, pero sí se aprecia uno de sus 300 trajes y una de sus mil camisas, cuya presunción dócil ante su enemigo, facilitaría que acabara en a la cárcel… sobre todo por haber llevado a la quiebra el sistema de salud, al que él, como farmacobiólogo, debería haberle tenido aprecio”. “Sí, y al lado de él está Javier Duarte, con esa sonrisa … digamos, resiliente que no la borra ni la cárcel”. “Y al lado de Duarte está… Duarte, ahora prófugo”. “Y Rodrigo Medina de Nuevo León, está casi hasta la izquierda, en la orillita, quizá para correr más rápido en caso necesario”. “Al lado del presidente está Borge, de un estado ya con experiencia en ver a su gobernador en la cárcel.” Y así…
Quizá el único que –por su cara- parece adivinar el futuro es Fausto Vallejo, de Michoacán. Y arriba de él, Moreira, plutocrático sucesor del furtivo Moreira, que también aparece en Forbes como uno de los 10 mexicanos más corruptos. Son los gobernadores de los cuales 16 son prófugos u objeto de investigación por la justicia. Y eso que no están dos interinos con la misma suerte, Jorge Torres de Coahuila y Jesús Reyna de Veracruz. Quizá se tomaron la foto porque nada volverá nunca a ser lo mismo, o al menos exactamente lo mismo. Quizá no sea coincidencia, o quizá sí, que dos gobernadores sobre los que no hay quejas visibles (Mariano González de Tlaxcala y Rolando Zapata de Yucatán) están hasta atrás igual que en la escena pública. Nunca han sido ejemplos ni del nuevo ni del viejo PRI.
Alternancia y persecución
El ciudadano se preguntará si acaso no hay ningún honrado. Desgraciadamente la lógica no ayuda. A veces se toma como prueba de culpabilidad la inocencia, pues se dice que parecen inocentes porque lo han de esconder muy bien. La corrupción parecería en cierta forma invisible. Hay corrupción por todos lados pero unos cuantos presos. Algunos casos “truenan la tubería” como dijera un cercano a Javier Duarte. Otros han “tronado la tubería” sin que resulten responsables. Otros casos de corrupción se ven muy pequeños con respecto al estándar, pero en otros casos, aunque muy pocos, en verdad, no parece haber rastros de corrupción.
¿De que dependerá que la corrupción de un ejecutivo estatal se persiga o no? Vemos que BC nunca ha perseguido a un exgobernador y es un estado panista sin alternancia, tampoco se han perseguido en BC, Campeche, Colima, Hidalgo y Estado de México, que son priistas también sin alternancia. Pero en Coahuila, a pasar de no haber alternancia sí hubo persecución al exgobernador por motivos de corrupción. Esto lo podemos ver en la tabla 1. La primera columna nos dice el estado o su abreviación, la segunda columna indica cuáles han sido los periodos electorales y en la tercera quiénes los han ganado. En la cuarta columna el signo P nos dice si en el periodo correspondiente ha habido alternancia. En la quinta columna vemos si hubo corrupción develada, no si hubo corrupción pues esa sabemos que puede permanecer oculta. Así vemos el cuadro clasificando a los 32 estados en 4 posibilidades: hay alternancia con corrupción develada o sin corrupción develada, y en los que no hay alternancia con corrupción develada o sin ella. Vemos que Coahuila es el único estado sin alternancia pero con develación, es decir, es muy raro que en en un estado sin alternancia haya develación de la corrupción. Aquí se considera corrupción develada cuando esta es formalmente en forma judicial, no por dichos o intuiciones.
Como la alternancia no explica completamente, hemos introducido otro factor que es la deuda pública. En la gráfica 1 vemos como los estados con alternancia tienen más posibilidades de ver a sus gobernadores en problemas con la ley, pero también vemos que esto es siempre y cuando superen cierto nivel de deuda, e incluso, cuando la deuda llega a cierto nivel ya no importa la alternancia. Aquí se ha considerado la deuda per cápita. Es fácil aceptar que un estado en que la deuda ha crecido desmedidamente no podrá satisfacer sus compromisos, por lo que habrá una población inconforme, lo cual permitirá por un lado la alternancia y por otro lado exigirá que se castigue a quien presumiblemente haya cometido el desfalco.
Una prueba estadística nos permite tener mayor certeza sobre que en realidad la deuda desmedida hace más propicio que exista una develación de la corrupción, y si es un estado en el que hay alternancia se hace aún más probable. Para quienes están familiarizados con las pruebas estadísticas verán que una F, p y R2, como las que se ven en la gráfica nos permiten aseverar esto. Un modelo llamado de regresión binaria, cuyas corridas no presentamos por escapar al alcance de este artículo, nos permite sugerir que un estado con una deuda pública arriba de 5 mil pesos por habitante normalmente develará la corrupción si hay alternancia y si la deuda está por arriba de 7 mil pesos por habitante la develará incluso si no hay alternancia. Claro que para que una corrupción escandalosa –suponiendo que no toda la corrupción sea escandalosa- sea develada, tiene que existir.
* Tonatiuh Suárez-Meaney, Andrés Barranco Pérez y Luis Chías Becerril son parte de la Unidad de Geotecnología en Infraestructura, Transporte y Sustentabilidad del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (GITS-IG-UNAM).
Referencias:
Astorga Luis (2011). Drogas cambio político e inseguridad.
Meyer Lorenzo (2016). Agenda ciudadana y ahora, a frenar gobernadores. Periódico Reforma, 1 septiembre 2016.
Aprovecha crimen la alternancia política. Periódico Reforma, 12 de marzo 2017.
Ojeda Gómez, Mario. (2004) México Antes y después de la alternancia política. Un testimonio. El colegio de México
Los seis estados más endeudados, www.mexicomaxico.org.
De 19 gobernadores en foto con Peña en 2012; 10 enfrentan cargo o están bajo sospecha. Con Ciro Gómez Leyva, Radio Fórmula.
En Michoacán la alternancia propicia la violencia, asegura académico. Expansión.
[1] Indice de Paz de México 2017. Mapa de evolución y factores que impulsan la Paz. Institute for economics and Pace.
[i] Las mentiras de Del Mazo, Proceso.