Redacción Animal Político · 26 de agosto de 2024
Como cada inicio de ciclo escolar, los buenos deseos para la comunidad educativa no dejarán de estar presentes. Sin duda alguna, llegar al primer día de clases es el resultado de planeaciones de docentes, gastos para las familias y enormes emociones para las y los estudiantes. Pero, ¿qué debe significar este ciclo escolar para las y los tomadores de decisiones a nivel federal que tomarán el ciclo a un mes de haber iniciado la nueva presidencia del país?
Primero, comprender que la agenda administrativa es y debe ser una prioridad. La asignación de plazas de docentes, cambios y permutas; contratación de perfiles adicionales para las escuelas como intendentes, mantenimiento y remodelaciones de escuelas; ajustes en las estructuras de supervisión y acompañamiento pedagógico, traslado de materiales educativos, entre ellos libros de texto gratuito; todo esto que es realizado por administrativos que apoyan los procesos de las dependencias federal y estatales debe estar a tiempo. Es fundamental comprender que el sistema educativo no es sólo lo que sucede en el aula, es todo lo que debe anticiparse para que en cada escuela y en cada salón de clases, sin importar las distancias o las condiciones de contexto, las y los maestros puedan hacer su trabajo lo mejor posible.
Si los docentes no son contratados a tiempo, si los libros no llegan a tiempo, si los movimientos en las estructuras no suceden a tiempo, entonces empezará un ciclo escolar, una vez más, en rezago. Bandera blanca al secretario de Educación Federal y o a los titulares estatales que logren que el andamiaje administrativo favorezca el aprendizaje. Hoy, lo entorpece.
Segundo, contenidos curriculares y evaluaciones. Vasto, pero insuficiente ha sido el debate por la Nueva Escuela Mexicana incluyendo, por supuesto, los libros de texto. Sí, arrancamos un ciclo escolar con la vigente apuesta curricular, de la cual no hay ninguna evaluación sólida, no para decir si es buena o mala, sino para ver cómo, en el complejo contexto, las y los maestros pueden hacer mejor su trabajo. Les dejaron a ellos la implementación de este modelo sin formación, sin recursos para mejorar sus prácticas. Lo que ha sido comprobado es que han sido las y los docentes que, con sus propios recursos, han invertido en ayudas externas al sistema público para hacer sus sesiones. Cabe destacar que pocas, pero algunas autoridades estatales han acompañado mejor esta tarea.
Tercero, presupuesto en educación. Sí, en medio del debate de la reforma judicial también se aprobará, como de costumbre, el presupuesto educativo. Es conocida la realidad de que la mayor parte del presupuesto se va a gasto corriente y al nuevo titular de la SEP le tocará sólo revisarlo. Deseable sería que tenga margen de maniobra para recomendar algunos ajustes. No se visualizan, una vez más, cambios profundos para el 2025, porque el presupuesto, a pesar de la enorme evidencia, no cambia hacia el aprendizaje, solo se acomoda a las prioridades políticas. Para mejorar la educación, se requiere un importante ajuste en las reformas fiscales, o dicho de otra forma, “dime de qué va la reforma fiscal y te diré cómo le irá a tu sistema educativo”.
Por cierto, ojalá algún día las autoridades hacendarias del país comprendan los tiempos del ciclo escolar para que la asignación del presupuesto haga caso a los tiempos de aprendizaje y no a las restricciones y enormes problemas que genera operar con tiempos fiscales.
Pero lo más importante, las y los niños que inician el primero de preescolar el día lunes 26 de agosto del 2024 estarán tocando las puertas de la educación superior en el 2035. Así de sencillo y fáciles son los números, pero los trayectos educativos en este país están llenos de retos, imposiciones, frustraciones y enormes vacíos; el derecho a aprender en este país pareciera que es un lujo en lugar de un lugar común.
A la futura presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y a quien confiará la titularidad de la SEP, Mario Delgado, les tocará hacer posible que todas y todos los estudiantes desde el preescolar hasta la media superior, al menos, salgan de sus casas y lleguen a sus escuelas seguras y seguros; tengan a los mejores docentes frente a grupo a tiempo; asistan a una escuela que en las más distantes lejanías del país, sea la mejor escuela con todas sus condiciones, recursos e infraestructura digna –agua, techos, drenaje, baños, y un largo etcétera–, pero sobre todo, que aprendan.
Duele que en el presente las y los estudiantes del país, no logren los aprendizajes mínimos deseables. Dejemos momentáneamente a un lado el debate sobre si una evaluación es mejor sobre otra. Este ciclo escolar empieza con muy poca información oficial sobre cómo han avanzado los aprendizajes desde la pandemia. Empezar el ciclo escolar 2024- 2025 va más allá de un inicio, es un nuevo empezar para una nueva generación que tiene la esperanza, el sueño y las ganas de recorrer una trayectoria educativa completa para que efectivamente, en el 2039 puedan tocar las puertas, si es su deseo, de la realidad universitaria de México.
Deseo, que sea un gran ciclo escolar, pero espero, sobre todo, que la nueva autoridad educativa federal tome con toda responsabilidad el honor más grande que se tiene de abrazar a la educación de este país, reconociendo los retos del presente, para construir con visión de futuro. Nuestras niñas, niños y jóvenes mexicanos, nuestros docentes no merecen menos. Merecen ser los primeros, merecen ser la prioridad.
* Patricia Vázquez del Mercado (@patvazher) es presidenta ejecutiva de Mexicanos Primero (@Mexicanos1o).