Redacción Animal Político · 3 de junio de 2024
En la década de los noventa del siglo pasado, el doctor Alonso Lujambio registró en un ensayo llamado “El Poder Compartido” el cambio electoral producto de las elecciones de la primera etapa de la transición democrática. Hoy sigue siendo vigente.
Al momento en que escribo este artículo, los Programas de Resultados Electorales Preliminares (PREP) han empezado a arrojar resultados. Tanto a nivel nacional como en las entidades federativas, las actas de cada casilla comienzan a ser visibles para los ciudadanos. Algunas casillas aún están en el proceso de escrutinio y cómputo, otras están en tránsito hacia la sede del Consejo respectivo y unas pocas ya han concluido la entrega en las oficinas del Instituto Nacional Electoral (INE).
La responsabilidad de la ciudadanía en su rol de votantes se ha completado con éxito, reafirmando una vez más el carácter democrático de nuestro país. Los ciudadanos han sido los protagonistas de la jornada electoral y deben seguir siéndolo cada día, comenzando el 3 de junio. Porque, una vez concluida la elección, los grandes problemas nacionales seguirán estando ahí. La desigualdad, la inseguridad y la corrupción no se acabarán con el amanecer del día 3 de junio y nos afectan a todos por igual, así que más nos vale hacernos cargo. Como hemos visto a lo largo de nuestra historia contemporánea, en estas materias el déficit es tan grande que ningún gobierno, por más votos que obtenga, podrá resolverlo por sí mismo; se requiere la concurrencia de toda la sociedad.

El Instituto Nacional Electoral, en colaboración con la ciudadanía, ha entregado nuevamente resultados satisfactorios en la organización de las elecciones. La estructura del Servicio Profesional Electoral Nacional es un activo invaluable para la nación, ha promovido el ejercicio continuo y creciente de los derechos político-electorales de las y los ciudadanos.
La instalación de las casillas se llevó a cabo en los tiempos habituales; en ellas, nuestros vecinos recibían, contaban y registraban los votos. Más allá del modelo cien por ciento mejorable de las casillas especiales y de los centros de votación en los consulados, no faltaron boletas o documentación electoral en las casillas. Además, el Sistema de Información de la Jornada Electoral (SIJE) cumplió todas sus metas, etc.
Paradójicamente, el excelente desempeño organizativo del INE pone en evidencia la impertinencia de la reforma electoral propuesta por el presidente en su llamado Plan C. El alto estándar de calidad al que el INE y la ciudadanía nos han acostumbrado, junto con el compromiso cívico de los ciudadanos que participan activamente, contrasta enormemente con la actitud irresponsable de algunos contendientes y dirigentes partidistas que se autoproclaman triunfadores antes de conocer los datos oficiales de las autoridades electorales, incluso antes de que terminen de contarse los votos en las casillas.
La ciudadanía ha vuelto a tomar el espacio público mediante su participación en las elecciones. En las próximas horas se conocerán los resultados que el INE y los institutos electorales den a conocer. Sin embargo, la fiesta democrática electoral debe transformarse en una vibrante exigencia democrática por la pluralidad de una sociedad que se ha expresado y ha dividido sus decisiones electorales. Los partidos, en plural, ganaron, pero ninguno ganó todo; y definitivamente, nadie ganó para siempre, pues vivimos en una República.