blogeditor · 1 de enero de 2021
2021, sorpréndeme.
Anónimo fulgurante
En el sueño estoy en un aeropuerto. Debo decir que no llevo maletas, pero percibo en mi ánimo la emoción que debe sentirse cuando uno está a punto de iniciar un viaje a algún lugar hermoso que debe quedar lejos, tan lejos como esos reptiles gigantes que cruzan el pasillo de la sección internacional y al comenzar a morder gente hacen que brinque y aparezca de nuevo en mi recámara, lamentando una vez más tener que empezar el día después de haber tenido tan mal sueño.
Luego la luz del sol relumbra y me pone de buenas. Una nueva jornada en el encierro es la materia de la que están construidos todos mis días y sé que para casi nadie debe haber excepción, pues ha sido completamente cierto —aunque aún parezca ficción—, que el mundo se pasó 2020 en modo incertidumbre, aguardando que llegara el remedio para ponerle punto final a esto. La ciencia integró ya la vacuna a la realidad, pero igual siguen aquí los días, sucediéndose idénticos aunque cambien. Cambian en lo mínimo, pues en el fondo las cosas suelen ser las mismas desde la primavera que pasó hace mucho, mucho tiempo: levantarse y desayunar, mirando a través de las mismas ventanas la marcha de la misma vida, iluminada de la misma forma en el marco de la misma pandemia. Pandemia, por cierto, que no me tiene agradecido, aunque debiera: hasta ahora no me he enfermado y espero seguir así, aunque muchas veces me ha parecido probable que en alguna de todas mis cuidadosas salidas quizá me haya contagiado. A lo mejor ya me salió el muñequito, pero me tocó el asintomático. Ojalá.
Dice una amiga —y yo creo que dice bien, aunque algunos no la entiendan— que estamos viviendo el eterno día de la marmota. Es gracioso. Se refiere a la película ¿la han visto? Groundhog day, historia con Andy McDowell y Bill Murray donde él se queda atrapado en una misma fecha, siempre idéntica, mañana tras mañana. Una cinta espléndida. Tendrían que verla ahora que hay tiempo en casa, pues el mundo sigue cruzando la pandemia que nos hace vivir a todos una especie de eterno día de la marmota.
Las noches durante 2021 irán cambiando. Tendrán que cambiar, pues no es posible vivir así por demasiado tiempo, sabiendo que la vida está afuera y allí vienen cientos de días nuevecitos, listos para ser gastados en comidas, idas al cine, desayunos. Juntas. Proyectos. Todas esas cosas que, como decía Lennon, te hacen sentir que estás llevando a cabo tus planes mientras la vida pasa de fondo.
Tendrán que regresar los días llenos de actividad plena, esa que lo hace a uno sentirse cansado al llegar a la cama y cerrar los ojos antes de mirarse en un aeropuerto, sin maletas, percibiendo en el ánimo la emoción que debe sentirse cuando uno está a punto de iniciar un viaje a algún lugar hermoso que debe quedar lejos, tan lejos como esos reptiles gigantes que cruzan el pasillo de la sección internacional y al comenzar a morder gente hacen que uno brinque y aparezca de nuevo en su recámara, lamentando una vez más tener que empezar el día después de haber tenido tan mal sueño.