blogeditor · 6 de enero de 2014
Los minutos que partieron, las arrugas que no llegaron, la angustia, tus demoras, nuestras miserias, nuestros diminutos disparates, la llama lenta, los mil balbuceos, mi espejo circular, nuestras nubes plateadas, los viajes, el letargo, tus ausencias, mi voluntad flaqueando, tu simplicidad, tu sangre fría, mis uñas quebradizas, el verde que me inventó, mis arrebatos, tu estúpida conciencia, la estrechez de mi cintura, tu lágrima cuadrada, tus descomunales saberes, nuestras débiles estructuras, el sudor bañando tu frente, mis disfraces, tus dudas maltrechas, nuestro humor ácido, tus libros amarillos, tus obsesiones, la manzana del frutero que nadie toma, la dicha de los encuentros, el eco de mi voz resonando en tu garganta, los chilaquiles crujientes, la duda palpitante, mis imágenes errantes, los dolores de rodilla, los pasillos que nos desviaron, mi ansia, las locuras que no cometimos, tus camisas viejas, la blancura de tus manos, los árboles que nos rodearon, los cafés que no tomamos, la distorsión de mis sueños, mis búsquedas constantes, los proyectos que no hicimos, los hijos que no tuvimos, los insomnios compartidos, los latidos de tu pecho, mis apuros, nuestro artilugio funcionando, los relojes detenidos, la monotonía, la nada que espera… partió y todo se llevó el 2013.
2014 nos trae nuevas interrogantes. De qué colores serán todas tus alegrías. A que sabrán los sabores que conquistarán tu paladar. Cuántas veces gritarás para que te oigan. A que se deberán tus llantos más conmovedores. Habrá calma en tu rostro estremeciéndose debajo de la luna. Habrá empeño puesto en tu rompecabezas, como si en esas piezas que no puedes encajar se te fuera la vida. Cuáles serán tus innumerables incógnitas. Tu exquisito humor. Dos o tres obsesiones domésticas. Un dejo de tu tenacidad. Las flaquezas que tratarás de ocultar. Tu insistencia en no decir nada que pueda ser usado a modo de reproche. Tus miedos a pronunciarte de más. La generosidad de tus manos. La ternura de tus ojos. Las determinaciones que regirán tu comportamiento. Tus precipitados pensamientos.
1 de enero del 2014. Las hormigas trepan por encima de la mesa. No ocultan su orgullo ni su soberbia expresión de triunfo. Posan sus patitas sobre los esqueletos de mi cena de ayer sobre mi escritorio en donde se encuentra mi laptop. Las cosas se acumulan sobre la mesa, peleando por su territorio, borde sobre borde, incomodándose unas a otras. Papeles, recibos, envolturas de regalo, objetos que serán devueltos a sus dueños antes de algún fin de año o de alguna guerra en algún país árabe. Lápices descansan sobre revistas arrugadas abiertas por la mitad, llaves que condujeron a algún destino querido, envolturas de chocolates. La ropa acumulada es una pirámide egipcia que sube hacia el cielo raso de la habitación. Prendas usadas en un cuerpo que no fue el mío, telas desdobladas, convertidas en bollitos. Sillas patas para arriba.
Cuando dejarás esa obsesión de ser otra persona para que el amor dure.
Debes de entender que la percepción acerca del significado de la belleza es absolutamente relativa.
Pero si teniendo en cuenta lo ocurrido en el 2013, año en que la economía mundial y sobre todo la casera fue de mal en peor, pudiera inventar una nueva máxima de Murphy (si es que ya no existe) sería: “No todo lo que empieza bien termina bien”.
Así que dejemos de martirizarnos por la melancolía de las resacas de fin de año o por los kilos que ganamos por tanta fiesta y comilona, se avecinan lecciones de vida que de cualquier forma no se aprenderán.
Veo por la ventana, está amaneciendo. Saludo al sol.
Tengo una histérica euforia por mi vida aventuradamente improvisada.
Espero conocer más personajes en este año. Podría nombrar algunos ahora que amenizaron mi existencia, como por ejemplo;
El Español: ¿qué decir de él sin que se me haga agua la boca?, de sus brazos tonificados, duros como piedras, de su desarrollada tabla de planchar. De sus musculosas blancas sudadas. De su tez caribeña. De su acento seductor. Mejor no sigo hablando. Este hombre nos hace perder a todas la cabeza de un desquicio.
El chico del puesto de periódicos: cada vez que dice: chido, órale, cuate, híjole, no puedo evitar sonreír.
La insufrible yo-yo: Se queja de todo y todo le pasa. No me caía bien, pero un día el marido me dijo que la mirara a los ojos y me partió el corazón. Qué efectivas fueron las clases de psicología de la escuela con esta mujer que no puede dejar de censurarse.
No sigo, se me olvidan varios, es intencional, porque no acabaría.
Desde los confines de mis eternos jardines refulgentes, fantásticos y maravillantes, les mando un abrazo de oso a todos, deseándoles que disfruten su año, con malas y buenas cosas… así flojitos y cooperando.