Joel Aguirre · 29 de julio de 2026
Por Paola Flores
En México hay 14.9 millones de personas jóvenes —casi la mitad de todas las que tienen entre 15 y 29 años— que están fuera de la escuela sin haber terminado la preparatoria, trabajando en condiciones que no les alcanzan o en pobreza aun estudiando. El sábado 15 de agosto, 150 de ellas y ellos se reúnen en la Ciudad de México no a diagnosticar ese dato: a decidir qué hacer con él.
La Alianza por el Trabajo Digno les llama “jóvenes oportunidad”, actualiza el conteo cada año con datos públicos y en 2026 llegó al 49 % del total. Una de cada dos.
Lo que ese número no dice es que no le echen ganas. De los 15.4 millones de jóvenes que hoy sí tienen trabajo, siete de cada diez ganan menos de lo que cuesta cubrir lo básico de una casa y seis de cada diez no tienen servicio médico ni están acumulando una pensión. Y tener empleo formal tampoco resuelve: de los 6.4 millones de jóvenes con Seguro Social, tres de cada diez ganan menos del doble de la canasta básica.
Quien se queda fuera no es por cuestión de suerte. De los 3.8 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan porque están cuidando a alguien en su casa, 3.5 millones son mujeres: nueve de cada diez. Y en la escuela decide el ingreso de la familia: en los hogares con más ingresos, 95 de cada 100 adolescentes siguen estudiando; en los de menos ingresos, 59.
Lo más difícil de explicar no es la cifra, sino su velocidad. En 2023, estos jóvenes eran el 52 % del total; hoy son el 49 %. Tres puntos en cuatro años. Si el país sigue a ese paso, reducir el problema a la mitad tomaría más de 30 años: quien hoy tiene 15 estaría cerca de los 50 antes de verlo.
Esa cifra no la produjimos solas, y ahí está el valor más concreto de trabajar en alianza. Una organización sola puede acompañar casos o ganar un litigio; lo que no puede hacer sola es acordar con otras qué se cuenta, sostener esa medición año con año y volverla exigible. En la Alianza por el Trabajo Digno eso ya ocurrió: hay una definición común, un conteo que se actualiza y una agenda con nombre. Articularse no es juntar logotipos en un cartel: es llegar con la misma cifra a la misma mesa.
Y aquí está lo que quizá no es obvio: quienes se reúnen el 15 de agosto no son una muestra de esos 14.9 millones. Son 150 jóvenes que ya se organizaron y que ya pagan el costo de hacerlo. Sostienen colectivos, defensorías, medios comunitarios y organizaciones de trabajadores en México y Centroamérica. Su propio diagnóstico es que hay mucha energía y pocos cambios de fondo, porque el problema no es que las juventudes no se organicen, sino que se organizan cada una por su lado. De ahí los tres objetivos del Encuentro: conectar esas organizaciones en una agenda y una estrategia compartidas, hacer juntas una acción política que se vea, y salir con un instrumento común de trabajo. No hace falta una multitud para mover una agenda: hace falta una red que se ponga de acuerdo.
Por eso el 15 de agosto, en el marco del Día Internacional de las Juventudes, se realizará el Encuentro Regional de Juventudes Políticamente Activas, convocado por Cambio Sistémico, A. C. en articulación con más de 20 organizaciones de ocho países: Manifiesta, Asuntos del Sur, el Colegio de Abogados Iura Pro Homine, la Alianza por el Trabajo Digno, Racismo MX, la Eskuela Radical y GOJoven Honduras, entre otras. La entrada es libre y por postulación: llegaron más de 260 solicitudes para 150 lugares.
El día no está hecho de discursos: los grupos rotan por cuatro talleres simultáneos, facilitados por organizaciones especializadas. Uno revisa las reglas legales que permiten o impiden organizarse; otro, el miedo y el desgaste de quienes sostienen procesos colectivos; el tercero, cómo funcionan los algoritmos y cómo construir una contranarrativa propia. El cuarto se llama “¿Quién paga el costo?” y lo facilitan la Alianza por el Trabajo Digno con la red El Futuro es Joven y el Centro de Innovación y Cultura Ambiental: ahí se mapea de dónde sale el dinero en cada territorio y qué alternativas ya funcionan.
A las 13:00 horas todo se detiene para una acción política colectiva, y la tarde cierra con una asamblea abierta y un stand up de comedia política —hay verdades que el formato solemne no deja decir—. Lo que queda no es una relatoría: es la Baraja Política, cinco cartas construidas colectivamente, cada una con una consigna irrenunciable y una táctica aplicable el lunes siguiente. Es la segunda edición, la primera fue en Guatemala, y dejó el Pacto RADAR firmado por organizaciones de siete países.
El trabajo digno para las personas jóvenes en México no va a llegar solo: llevamos cuatro años comprobando que a ese paso no llega. Va a llegar cuando esos 14.9 millones dejen de ser una cifra en una presentación y se vuelvan un actor con agenda y con capacidad de exigir. El 15 de agosto, 150 de ellas y ellos van a pasar el día haciendo exactamente eso.♦
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Paola Flores es directora de Incidencia de Cambio Sistémico, A. C. e integrante de RADAR.