#12desaparecidos: del cielo al infierno

blogeditor · 9 de julio de 2013

#12desaparecidos: del cielo al infierno

¿Cómo ves lo del Heaven? Me pregunta con insistencia un amigo al mismo tiempo que me enseña en su IPad una nota de un periódico que dice que ya son más de cuarenta días de que “desaparecieron” 12 chavos del antro. ¿Pues del carajo? Le contesto.

La verdad es que si es un tema estúpidamente preocupante, por varias razones.

La primera, por el sólo hecho de haber sido posible que una docena de chavos pudieran haber sido secuestrados de un after a plena luz del día, en una zona bastante concurrida (en domingo de ciclopaseo en Reforma) y que nadie se haya dado cuenta de ello, ni siquiera las cámaras de seguridad de la zona.

La segunda, porque pone en evidencia tanto la escasa capacidad de las autoridades locales para llevar a cabo una investigación de esta magnitud, de una manera pronta, expedita, eficiente y eficaz; como de la inutilidad de los protocolos para denunciar y darle atención oportuna a la desaparición de una persona desaparecida (en este caso doce). Los familiares de las víctimas tuvieron que recurrir a distintas instancias locales antes de que su caso fuera tomado en serio y atendido.

Tercero, la pésima reacción de las autoridades locales encargadas de la investigación, quienes se han visto rebasadas no sólo por la magnitud de los hechos, sino también por su mala estrategia de comunicación, no sólo ante los familiares de las víctimas quienes se han quejado constantemente de que la información que les proporcionan con respecto a los avances de las investigaciones es escasa y a cuenta gotas, sino también a la propia ciudadanía, que lejos de necesitar conocer datos particulares del expediente ministerial o del proceso mismo (cosa que sería notoriamente contrario a la ley), la sola presunción de que detrás del secuestro de los 12 jóvenes esté una red de narcomenudistas capitalina a quien las autoridades chilangas le aplican el eufemismo “pandilla” en vez de considerarla una organización delincuencial hecha y derecha, puede llegar a alterar el panorama sobre la seguridad defeña.

Me explico.

Una de las líneas de investigación que se ha hecho pública señala que presumiblemente un “pandilla” dedicada al narcomenudeo en la Condesa y la Zona Rosa, denominada “La Unión”, pudo haber sido la autora material de la “sustracción”, o en términos más legales, privación ilegal de la libertad de los 12 chavos.

Al respecto, salta la pregunta: ¿no la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada señala en su artículo segundo que “cuando tres o más personas se organizan de hecho para realizar en forma permanente o reiterada, conductas que por sí o unidas a otras, tienen como fin o resultado cometer alguno o algunos delitos”? ¿Por qué las autoridades capitalinas se han resistido a reconocer que quienes presuntamente “sustrajeron” del bar Heaven a los chavos fue un grupo de la delincuencia organizada? ¿Qué para secuestrar a una docena de chavos no se necesitan “tres o más personas” organizadas?

El hecho no es menor, sobre todo porque independientemente de que las autoridades chilangas se nieguen a reconocer que quienes presuntamente secuestraron a los jóvenes cumplen con los criterios que la propia Ley Federal contra la Delincuencia Organizada establece, e insistan en denominarla una “pandilla de narcomenudistas” y no una organización delincuencial, éstas han estado operando aquí mismo, en las narices de las autoridades. Mientras tanto, analistas y especialistas se ocupan en denominar al DF una zona libre de violencia, donde una especie de “pax narca” predomina y los delitos relevantes son los “patrimoniales”, como son el robo de coches, a casas y a transeúntes.

Sin embargo, entiendo el empeño sobre todo de las autoridades chilangas de negar el hecho de que opere la delincuencia organizada en el DF, y tratarnos de convencer de ello. Primero porque tendrían que aceptar su incapacidad de atender el problema;  segundo, porque tendrían que solicitarle a las autoridades federales, en este caso la PGR, atrajera el caso para que se ocupara de resolverlo (enmendarle de nueva cuenta la plana); y tercero, porque estaríamos hablando de que la violencia y la rivalidad entre grupos de la delincuencia organizada, ha llegado al país, con todo lo que ello implica.