10 Riesgos políticos para México en 2020 (segunda parte)

blogeditor · 7 de febrero de 2020

10 Riesgos políticos para México en 2020 (segunda parte)

Como mencionamos hace ya algunas semanas aquí –el tiempo vuela–, con esta entrega concluimos la lista de los 10 riesgos políticos y sociales para México para este año; con un breve análisis de los temas que deberían ser de constante preocupación para el gobierno, los empresarios, la sociedad civil y población general durante este año que inicia con grandes promesas de consolidación de un proyecto que prometió la profunda transformación de la vida pública del país.

6. Un margen de gasto muy ajustado y poca transparencia: Normalmente las elecciones traen promesas que deben traducirse en políticas y en gasto público para cubrir las necesidades de la población: desde un mejor sistema de salud pública, hasta inversión en infraestructura, energía, seguridad y turismo. Al final, prometer no empobrece, el problema es hacerlo realidad con la mejor fórmula posible. El riesgo en este año de gobierno es que la economía está estancada, lo que no ayuda a la recaudación de impuestos y por ende no hay recursos suficientes para todos los temas que este gobierno quisiera transformar de la noche a la mañana. Al mismo tiempo se observa una perniciosa tendencia a un uso discrecional y no programado del gasto público mediante la generación de un importante subejercicio –observable durante 2019–. Este gasto es discrecional porque se usa fuera de programas mediante Reglas de Operaciones, pero también es irracional porque se usa para fines poco exitosos –sin evidencia alguna– y con fines meramente político-electorales. El resultado esperado del gobierno es de muy corto plazo, pero las necesidades actuales en muchos sectores son estructurales; por ende, algunas dependencias se encuentran ya en una situación operativa grave, sin poder atender necesidades básicas (atención médica, disposición de medicamentos, por ejemplo); uno de los sectores que más atención ha generado es el sistema de salud, que podría convertirse en una bomba de tiempo de no resolver los huecos que trajo el nacimiento del INSABI en el corto plazo.

7. Dificultad para consolidar un proyecto de gobierno por fracciones internas: Desde muy temprano en el sexenio, ese amasijo de corrientes y grupos tan disímbolos que es Morena, que se alió de manera natural –o no tanto– durante la campaña, comienza a mostrar sus fisuras, divisiones, pugnas y desconfianzas entre los distintos grupos. Desde el caso de los superdelegados que se encuentran en investigación por presuntos desvíos de recursos para financiar el relevo de la presidencia del partido, el Bonillazo, el caso Bartlett, pasando por roces naturales en el gabinete, en especial, por el excesivo protagonismo de algunos funcionarios, hacen que se vaya ampliando la brecha entre los miembros históricos y los neo-Morenistas. Además estas diferencias se alimentan desde las redes sociales y la prensa oficialista que no duda en castigar a todo aquel que se atreva a mostrar una ligera crítica a la 4T. La pugna entre los muy variados grupos dentro de Morena pueden fácilmente meter en aprietos al presidente, por lo que se comprometería la posibilidad de concretar el proyecto de gobierno, ya que se pierde mucho en el desgaste entre las posiciones encontradas a veces sentadas en la misma mesa de una sola dependencia. No hay una visión compartida de gobierno, ni siquiera un know-howal-estilo-Morena que permita avanzar el proyecto del López Obrador con una dirección y metodología unificada; así entre los comunistas trasnochados, los jóvenes cuadros con esperanza y nula experiencia y los pragmáticos de viejos gobiernos no se ponen de acuerdo para dónde hay que empujar ese viejo elefante reumático para que camine en la dirección del cambio prometido. Si las brechas divisorias se acrecientan y la burbuja informática del presidente se engrosa, no queda claro cómo es que el viejo gusano burocrático (y tecnocrático) se transforme en la mariposa del cambio. El 2021 se acerca muy rápido.

8. Desgaste de la lucha anticorrupción como bandera del sexenio: La narrativa de que todo en el pasado fue corrupto y putrefacto terminará por agotarse ante las expectativas de una población que votó finalmente por un cambio de fondo en la forma de operar del gobierno. Desde el aeropuerto inconcluso, el avión que no se vende ­–­y ahora se rifa­­–, la pérdida de beneficios y privilegios de la clase gobernante hasta los supuestos “ahorros” del gobierno perderán sentido si no se logran traducir en beneficios directos para la población. ¿De qué sirve combatir la corrupción si no se gana en efectividad? ¿En qué momento el ciudadano de a pie percibe el beneficio de combatir la corrupción y como se traduce esto en un mejor gobierno? ¿Realmente solo basta con los dichos una y otra vez repetidos? Una de las principales ofertas de este gobierno fue el combate frontal y decidido a la corrupción, y sin embargo, ha tenido sus claroscuros que solo se han quedado en mero discurso mediático y golpes calculados contra enemigos del régimen, más que una verdadera serie de políticas institucionalizadas por acabar con las malas prácticas y efectuar verdaderas investigaciones contra algunos escándalos mediáticos, incluso de los propios miembros de la 4T. La señal de que nada cambia empieza a permear entre la población y la sola promesa del presidente no basta para terminar con las mañas y corruptelas del pasado, presente y futuro.

9. Centralismo exacerbado, a costa del debilitamiento del federalismo y contrapesos institucionales: Muchos de los esfuerzos de la 4T durante este primer año han estado dirigidos a fortalecer el carácter centralista de este gobierno, restando poder a los estados, municipios y otras órganos desconcentrados; controlando buena parte del presupuesto, concentrando las decisiones en unas cuantas personas y debilitando el poder que habían ganado los gobernadores durante los últimos doce años. Lo mismo ha sucedido con un paulatino debilitamiento de instituciones del Estado Mexicano que tienen funciones de contrapeso o como reguladores autónomos de ciertas funciones, tal es el caso, por ejemplo, de la CNDH, de la CRE, del INE, incluso hasta de la SCJN. El control por un lado, junto con un debilitamiento de la autonomía de dichos órganos va generando un gobierno obeso muy poderoso, pero con débil capacidad de respuesta para atender todos los frentes que va abriendo, dirigiendo hacia sí mismo todas las demandas y críticas y poniéndole presión a un presupuesto cada vez más raquítico. Más allá de los riesgos para la endeble democracia mexicana, esto puede dar paso a un gobierno ineficaz e inoperante, que va acumulando responsabilidades pero no va despresurizando problemáticas al mismo ritmo. La concentración de funciones y decisiones puede volver muy lento al Estado para resolver situaciones emergentes.

10. La agenda olvidada de la 4T: El gobierno mexicano sigue mostrando poco o nulo interés en los temas ambientales, en desastres naturales y de protección civil, cuando a nivel mundial ­–salvo las muy conocidas y tristes excepciones– hay cierta claridad de que nos encontramos en una emergencia climática y ambiental que genera focos de alarma por todas partes. Por mencionar un tema de relevancia, México no está preparado para enfrentar el cambio climático ni mucho menos los posibles efectos nocivos que pudiera tener en el corto o mediano plazo, ya que hay pocas consideraciones en el modelo actual por una visión más progresista de las políticas públicas energéticas (por dar un ejemplo). Durante 2019, hubo suerte de que no se presentaran inundaciones ni huracanes de consideración que afectaran al territorio y población mexicana. Pero empezamos el año con un sismo de mediana intensidad con daños menores que nos recuerdan lo vulnerables que estamos ante los embates de la naturaleza, lo mismo en el caso de que llegara una pandemia como el coronavirus, o las amenazas constantes del Popocatepetl. Los riesgos ambientales no son solo la pérdida de especies carismáticas y de riqueza de biodiversidad, son, en cambio, una amenaza real a la subsistencia y a la población más vulnerable: menor disponibilidad de agua, menor capacidad de producción de alimentos, peor calidad del aire y en consecuencia, un reto enorme de salud pública. Hay una agenda olvidada que no ojalá no nos de una sorpresa.

Como pilón por la demora de entrega les dejamos un posible riesgo latente para el gobierno federal:

El desgaste del modelo de comunicación de las mañaneras: Algunos lo aman, otros no pueden soportarlo; sin embargo, ya se nota cierto desgaste de salir todos los días a ofrecer algo de información, no responder a preguntas directas y alargar el tiempo con anécdotas históricas imprecisas, lo que genera la duda de, ¿hasta cuándo se puede estirar el modelo de las mañaneras tan centralizado en la figura omnipresente del presidente, lleno de su retórica divisoria y confrontativa? ¿Cuántas mañaneras nos quedan? ¿Ahora también serán los sábados y domingos? Va creciendo la duda de si gobernar para AMLO solo implica dar conferencias de prensa y giras por el país como cuando se estaba en campaña.

* Este texto fue escrito en coautoría con Cristina Rivas (@chrissierivas). Rodrigo Elizarrarás A. (@rodaxiando) y Cristina Rivas son socios y consultores en la consultoría de riesgos HUMINT (@humint_mx).