blogeditor · 10 de mayo de 2019
México entero está de manteles largos para el 10 de mayo que festejamos a nuestras jefas. Es el pretexto perfecto para reducir la jornada laboral, para aislarnos junto a “los nuestros” a festejar. Sólo un detalle. Un pequeño detalle. En este país hay más de 40,000 personas desaparecidas que eran hijos e hijas de alguien. Ellas hoy no tienen nada que celebrar. En nuestro México Mágico nos disponemos a festejar a pesar de tener cifras de violencia equiparables a las de un país en conflicto armado interno. Y ¡qué bien! Uno de los mayores actos de rebeldía es no ceder ante la violencia. No abandonar los espacios públicos frente al crimen organizado. No entregar la paz ante la amenaza que vivimos. No permitir que el miedo nos encierre. Pero es necesario verlas. Reconocerlas. Comprender su dolor. Hoy, más que nunca necesitamos comprender que ellas también somos nosotras.
Las madres de las y los desaparecidos no se limitan a sufrir la ausencia desesperada de sus hijos e hijas, enfrentan también la incertidumbre de saber lo que en realidad pasó. Un día como cualquier otro se despidieron y no los volvieron a ver. No regresaron. No saben dónde están. Estas madres son víctimas muertas en vida y enfrentan una batalla de dolor sin fin: luchar porque no den carpetazo a sus expedientes, ser escuchadas, exigir el derecho a la verdad, luchar para que se les acompañe a buscar los cuerpos de sus hijos, conseguir palas y picos para buscar entre las fosas… Y si además se trata de “hijas desaparecidas”, defenderlas de las acusaciones que las culpabilizarán de sus desapariciones, “por habérsela buscado”.
Hoy me detengo en un gran paso hacia delante encabezado por el Instituto Nacional Electoral. El INE, cuya labor a veces creemos se limita a emitir credenciales para votar y a organizar elecciones que garantizan una vida democrática –que dicho sea de paso, tampoco es poca cosa-, realiza además acciones poco conocidas por la sociedad en general que contribuyen a apoyar a todas las víctimas de las personas desaparecidas. El pasado septiembre, el INE firmó un convenio de colaboración en materia de búsqueda y localización de personas desaparecidas e identificación de cadáveres o restos humanos con la Secretaría de Gobernación, representada por el Titular de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas. El objetivo principal de este Convenio es facilitar la búsqueda de personas desaparecidas y no localizadas con la identificación de cadáveres o restos humanos de personas desconocidas mediante biométricos (en este caso análisis de huellas). El INE se encarga de recibir la información por parte de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas y realiza el cotejo conforme un protocolo de actuación con extrema confidencialidad y cuidado. Al 30 de abril del año en curso, se han obtenido 12,170 identificaciones de cadáveres y se han encontrado 17,858 candidatos de personas desaparecidas esperando a que los familiares realicen las identificaciones. Sin duda esto constituye una esperanza para much@s.
Para todas las madres que hoy se encuentran buscando a sus hijos e hijas, el 10 de mayo no es un día de celebración sino de reclamo social, una oportunidad para levantar la voz. El 10 de mayo muchas de ellas se manifestarán públicamente para exigir la verdad y aparición de sus hijos e hijas con vida. Seguramente la fuerza de su reclamo crecerá con nuestro apoyo. Es importante hacerles saber que no están solas. Saldrán a las 10:00 a.m. del Monumento a la Madre y caminarán hasta el Ángel de la Independencia, en la VIII Marcha de la Dignidad Nacional “Madres buscando a sus Hijos, Hijas, VERDAD y JUSTICIA”.
No permitamos que sigan marchando solas. Exijamos al Estado que les diga dónde están sus seres queridos. Acompañémoslas, como esperaríamos que nos acompañaran a nosotras. “No son algun@s, somos tod@s”.
* Gilda Ma. García Sotelo es Doctora en Derechos Fundamentales.