blogeditor · 4 de marzo de 2020
El domingo 8 de marzo vendrá la justificada furia de las mujeres de un país que día con día, semana a semana y año con año les impone un caudal de violencias sistemáticas que las abruman de malestar, incertidumbre y miedo, mucho miedo.
El lunes “nueve nadie se mueve” verá la mayor protesta en la historia de México, en la que quizá participarán millones de mujeres en todo el país que no saldrán a las calles a manifestarse, sino que se quedarán en sus casas para evidenciar su importancia en la marcha de nuestra sociedad.
El movimiento de mujeres está lleno de energía y trae un gran impulso que debemos acompañar para sumarnos a verdaderas transformaciones que hagan de nuestras casas, calles, medios de transporte, escuelas, centros de trabajo, lugares de reunión y esparcimiento, espacios donde las mujeres sean respetadas y puedan sentirse libres de temores, ninguneos, maltratos, discriminaciones, sometimientos, violaciones y violencia física.
El domingo veremos furia, gritos y destrozos totalmente comprensibles dada la situación. El lunes respiraremos un aire enrarecido y tendremos visiones fantasmales y distópicas, pero ¿qué pasará el 10 de marzo?
Lo que toca el martes 10 es demostrar que hemos escuchado, entendido y asumido la justicia del mensaje. Habrá que iniciar acciones y tomar medidas concretas en lo personal, en lo familiar, en lo comunitario, en lo empresarial, en la exigencia a autoridades locales y nacionales para empezar una transformación que saqué a nuestras mujeres del infierno en el que viven.
Somos un país legendariamente machista, donde millones de hombres hemos ejercido diversas violencias -unas sutiles y otras brutales- hacia nuestras parejas, novias, hermanas, hijas, tías, amigas, compañeras de escuela o trabajo, empleadas o simplemente con quien coincidimos en un microbús, en un bar o caminando en la calle.
Escuchemos a nuestras mujeres, seamos empáticos con sus sentimientos y sus demandas, no nos aferremos a una inercia social que nos coloca en posiciones asimétricas que, aunque pueden ser cómodas, sin duda también son injustas. Es un asunto de equidad, de ser parejo, de jalar parejo.
Los cambios que debemos llevar a cabo no son ni pocos ni pequeños. La catarata de transformaciones es tan agobiante como justas y necesarias las demandas.
Cambios en el lenguaje cotidiano, en los roles de género, en la valoración y reconocimiento del trabajo -dentro y fuera de la casa-, en criterios de remuneración, en los estereotipos de la publicidad, en la libertad para decidir sobre el propio cuerpo y momento de maternidad, en políticas públicas, en programas sociales bien pensados y eficaces para ayudar a las mujeres, en la proxemia en el transporte público, en protocolos para atención a víctimas de violencia, en transformaciones radicales en las actitudes y prácticas de policías, ministerios públicos, jueces.
No esperemos a que sean las autoridades – las más altas o las más bajas- las que inicien estas transformaciones. No perdamos el tiempo en esperar que de buena gana lo entiendan y estén a la altura asumiendo un liderazgo en la materia. Consta en actas una abismal insensibilidad y torpeza.
Escuchemos y apoyemos a los múltiples liderazgos del movimiento feminista (llamémoslo por su nombre y entendamos que el feminismo es una justa reivindicación de la mitad de la humanidad que ha sufrido las violencias de un orden social que les ha recetado un amplio catálogo de carencias y desventajas).
Mujeres tienen la palabra, la han arrebatado al orden machín, cuenten con los hombres que queremos una sociedad justa y libre de violencias contra Fátimas, Abriles, Gabrielas, Susanas, Fernandas, Marías, Adrianas, Renatas, Aranzas, Alines, Lauras, Rosarios, Yolandas, Karinas, Marus, Griseldas, Guillerminas, Sofías, Valerias, Jimenas, Irmas Marianas, Karimes, Cristinas, Aureas, Saras, Luceros, Tatianas, Carols, Nadias, Montses, Anas, Angélicas, Karens, Jessicas, Paulinas, Verónicas, Johannas, Nathalies, Érikas, Mónicas, Emmas, Teres, Mercedes, Josefinas, Cucas, Dianas, Lupitas, Silvanas, Majos, Victorias, Luisas, Patricias, Sissis, Rebecas, Claudias, Beatrices, Elenas, Amparos, Cármenes, Aracelis, Carlas, Yasmines…