Paris Martínez (@Paris_Martinez) · 21 de marzo de 2011
Luego de dos rondas de votación, Jesús Zambrano, candidato de la corriente Nueva Izquierda, se convirtió en el nuevo presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática, en tanto que su rival más cercana, Dolores Padierna, integrante de Izquierda Democrática Nacional, ocupará el cargo de secretaria General de ese instituto político.
Además, será el 2 de abril cuando se desahogue el resto de los puntos a discutir en esta plenaria, como la elección de la comisión política y del secretariado perredista.
Después de concluido ese proceso, informó Zambrano en la primera conferencia de prensa que ofreció tras rendir protesta al cargo, y en la que estuvo ausente Padierna, “convocaré a los dos aspirantes principales que hasta hoy han levantado la mano para contender por la candidatura del PRD a la Presidencia de la República (Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard), para que juntos construyamos los acuerdos que nos permitan transitar por un camino victorioso rumbo al 2012”.

En contraste, la nueva secretaria general perredista aseguró momentos antes que “habrá dos PRD, y este PRD (en referencia al grupo representado por ella) va a respetar la línea política del congreso partidista, pero no aceptará ningún diálogo con Felipe Calderón ni alianzas con el PAN, y vamos a trabajar con las bases para que la militancia se imponga a la burocracia (aduciendo a sus rivales de Nueva Izquierda), que en esta ocasión sólo alcanzó 49% de los votos en el Consejo.”
Impuntualidad a toda costa
Tal como ocurriera el día anterior, la segunda jornada del Consejo Nacional perredista tardó más tiempo en arrancar que el requerido para las deliberaciones y las votaciones en que fue renovada su dirigencia nacional.
Sin embargo, esas ocho horas de retraso no fueron del todo tiempo muerto.
Desde mediodía, con absoluta discreción comenzó a ser ocupado el balcón del séptimo piso de Expo-Reforma, el recinto de convenciones en el que se desarrolló el Sexto Pleno Extraordinario del Consejo Nacional perredista, y desde el cual podía apreciarse el área de registro de consejeros, ubicado un nivel más abajo, así como el recinto donde se instaló la asamblea.
Ahí, los seguidores de Dolores Padierna ocuparon el extremo izquierdo, mientras que los de Zambrano se instalaron en el derecho, justo donde había sido atada una manta en contra de las alianzas con el PAN (promovidas por el grupo de Zambrano) misma que, discretamente, desataron y dejaron caer, sólo para que, un minuto después, los promotores de Padierna volvieran a montarla, pero esta vez del lado que controlaban.
No fue sino hasta las 17:20 horas (más de cinco horas después de lo anunciado) que comenzó la llegada de los principales líderes del perredismo, empezando por Jesús Ortega, el presidente saliente, y el en ese momento todavía candidato Jesús Zambrano.
Luego llegó Dolores Padierna, quien lamentó que se descartara analizar en el pleno la pertinencia de una alianza con el PAN en el Estado de México y aclaró que “en el G8 (conglomerado de corrientes partidistas que ella representa) vamos a diseñar una estrategia para que se anulen las alianzas con el Partido Acción Nacional”; adelantó, además, que “con la fuerza que nosotros representamos, no aceptaremos ningún candidato distinto a Alejandro Encinas en esa entidad.”

El último en apersonarse fue Armando Ríos Piter, el candidato impulsado por el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard (quien nunca se presentó en el Consejo Nacional perredista, del que es parte).
Luego de lograr trascender la barrera de militantes que deseaban entrar a la asamblea, y quienes se amontonaban en el acceso del sexto piso de Expo-Reforma, para jalonearse con los integrantes de la Comisión Electoral que impedían su acceso, Ríos Piter instó a desarrollar un debate entre los candidatos a dirigir el PRD, “para que cada quien pueda plantear sus propuestas”, iniciativa que ni siquiera fue formulada ante el pleno.
¡Te van a golpear estos salvajes!
No bien habían ingresado a la sala de sesiones los tres aspirantes a la dirigencia perredista, los militantes que afuera presionaban para que se les dejara entrar echaron mano de la fuerza.
Primero intentaron abrirse paso a empujones, pero un grupo de al menos seis integrantes de la Comisión Nacional Electoral se los impidió, no sin esfuerzos. Por un momento, de hecho, lucieron como dos equipos de rugby que se enfrentaran justo en el vano de la puerta de cristal, que amenazaba con quebrarse bajo la presión de los cuerpos apretujados.
Luego, los militantes optaron por las invitaciones a liarse a golpes con los protectores del acceso y, por último, vinieron las amenazas y los jaloneos.
Fue entonces que se acercó a los vigilantes el consejero emérito Jorge Calderón, quien afirmó ser integrante de la Mesa Directiva del Consejo Nacional, con la intención de que su hija Brenda pudiera ingresar, lo que generó las protestas de todos los involucrados, de uno y otro lado.
Brenda se acercó al acceso y comenzó a jalonearse con uno de los encargados de impedir la entrada de cualquiera que no fuera consejero nacional, mientras su padre también lo agredía, pero por la espalda.
Sin embargo, al quedar claro que la joven difícilmente podría pasar, el consejero Calderón no pudo más que gritarle, desde la distancia: “¡Retírate! ¡Te van a golpear estos salvajes!”

–¿Cómo está su hija? –se le pregunta, horas después.
–Bien, ya está en casa. No tiene golpes, pero ella sí le dio una patada en la espinilla al tipo que impidió su acceso. Ella debía defenderse.
Cabe destacar que, minutos después, Brenda se paseaba por el salón de sesiones y, también, que el consejero Calderón nunca fue parte de la Mesa Directiva.
Censura
Para las 18:15 horas, los ánimos en el acceso al salón se habían calmado, los vigilantes de la puerta incluso regalaban agua a los militantes que presionaban fuera y, con mayor orden, prosiguió el ingreso de consejeros.
Sin embargo, la molestia despertó esta vez de dentro del salón donde se desarrollaría el cónclave, luego de que tres integrantes de la Comisión Electoral arrancaron de un muro tres pancartas colocadas por delegados perredistas de Zacatecas, en las que denunciaban la “traición” de algunos de sus correligionarios, que terminó, aseguraban, con la derrota del PRD en el estado.
–¿Quién ordenó limitar el acceso de militantes? –se le inquiere a uno de los miembros de la Comisión Electoral, mientras dobla en varias partes una de las pancartas retiradas.
–La Mesa Política –responde.
–Pero no existe nada que se llame así –se le hace ver.
–Hay una mesa política –insiste–, no sé quién sea el presidente, pero sí existe.
–¿Y quién les pidió quitar las pancartas?
–No sé, eso sí no lo sé.
–¿Y si no sabes quién te lo ordenó, cómo supiste que debías hacerlo?
El integrante del grupo de jóvenes uniformados con camisas amarillas, sólo ríe y empuja lejos de sí la grabadora sostenida frente a su rostro, para volver a los empujones con la militancia interesada en presenciar la renovación de su dirigencia.
Dos horas después, estas pancartas fueron rescatadas por el diputado federal Avelino Méndez Rangel, quien las levantó ante el Consejo Nacional cuando fue su turno para depositar su voto.
Cortesías y desplantes
La elección de la nueva dirigencia del PRD inició a las 19:00 horas (ocho horas después de la hora marcada en un principio) y, uno a uno, los 325 consejeros presentes en el encuentro comenzaron a depositar las voletas con sus preferencias en una urna transparente, puesta a la vista de todos.
La primera candidata en votar fue Dolores Padierna, quien pronto volvió a su lugar; la siguió Zambrano, quien antes de tomar asiento nuevamente hizo una pausa junto a su rival femenina, para tenderle la mano.
Se trató, dijo luego Zambrano, de “una expresión clara de civilidad política y, desde luego, también de reconocimiento, para que integramos un órgano de dirección de manera común”.
Sin embargo, para Padierna esta expresión fue únicamente “un mero saludo, lo cortés no quita lo valiente”; advirtió, no obstante, que en el partido “sólo habrá armonía y felicidad si quitan las alianzas con el PAN, si no lo hacen yo encabezaré una línea política más radical, que es lo que se merecen”.
Después vino el voto de Ríos Piter, quien también intentó tener un detalle de cortesía, pero sólo con Zambrano, a quien saludó efusivamente de vuelta a su asiento, no así la esposa de René Bejarano.
El candidato de Marcelo Ebrard explicó, luego, que “no se trató de un desplante, no hay que leer cosas donde no las hay, por lo que, atendiendo a este planteamiento, ahorita voy a saludar a Lola”.
Nunca lo hizo.
La primera vuelta
Dos horas tardó nombrar uno por uno a los consejeros presentes en la asamblea perredista, para que depositaran su voto. Luego dieron cinco minutos de espera para que llegaran los representantes faltantes y, para las 21:15, fue leído el sentido de cada sufragio, nuevamente uno a uno, empezando por los 111 de Padierna, luego los 43 de Ríos Piter y por último los 154 de Zambrano.
Y mientras este lento proceso se llevaba a cabo, el presidente saliente perredista, Jesús Ortega, se escurre con discreción hacia las escaleras de emergencia, con la intención de fumar un cigarrillo, pero dos vigilantes de Expo-Reforma se lo impiden.

Ortega les hace un guiño, como pidiendo tolerancia, pero los vigilantes son inflexibles… a pesar de eso, cuatro metros más allá, pegados a una ventana, dos perredistas echan humo sin resquemor alguno.
Resignado (a no fumar), quien fuera dirigente nacional del PRD desde 2008 aclara que “voy a seguir en intensa actividad, aunque no voy a apostar a ninguna candidatura, no estoy pensando en eso, al menos no ahora”.
–¿Cómo termina su último día al frente del PRD?
–Yo me voy tranquilo, con mucha seguridad de que di lo mejor de mí para apoyar al partido. En términos generales el saldo es positivo.
Viene entonces la lectura de los resultados de la primera vuelta, que no arrojan un triunfo definitivo para ninguno de los contendientes (ya que los estatutos del sol azteca exigen dos tercios de la votación para declarar un ganador), y esto provoca la atomización de los líderes, cada cual deliberando en corto con sus colaboradores más cercanos, repartidos en distintos puntos del salón.
No muy lejos de donde está Ortega, Dolores Padierna deja salir un poco de su frustración ante las cámaras y los micrófonos de la prensa.
“Le propusimos a Ebrard que votara de nuestro lado –afirma–. Yo esperaba apoyo de él, porque no puede tener queja de nosotros, tiene todo mi reconocimiento, mi respeto y mi apoyo, que ha sido incondicional. Yo esperaba su respaldo.”
– En una segunda votación, ¿vas a ir en fórmula con Zambrano?
– No queremos votar con él, vamos a ver cómo lo resolvemos, ahorita están analizando los abogados qué solución podría haber.

“¡Que nadie se vaya!”
La solución estaba cantada: juntar los votos de Zambrano y Padierna para que, en equipo, puedan alcanzar las dos terceras partes de la votación y, sólo así, concretar la renovación del liderazgo partidista.
A este trámite se le da curso en cuestión de minutos y para las 23:30 horas, el PRD tiene nuevos dirigentes.
La fórmula Zambrano-Padierna logra 233 votos en favor y sólo se declaran en contra los seguidores de Pablo Gómez y Martí Batres, quienes suman 36 sufragios, además dos abstenciones.
Y mientras Zambrano toma protesta como presidente nacional del partido, y Dolores Padierna como secretaria general (el segundo cargo en importancia en la dirección del partido) su esposo, el profesor René Bejarano, recientemente reinsertado en el PRD, da una orden tajante a todos los militantes de Izquierda Democrática Nacional, reunidos en el séptimo piso de Expo-Reforma.
“Todos agarren sus teléfonos y márquenles a los consejeros que están abajo, díganles que cuando se decrete el receso en la sesión todos suban aquí, ¡que nadie se vaya!”
“Para la izquierda esto es un triunfo –dice Bejarano, con una mueca de confianza–, no es lo que se hubiera deseado, pero anteriormente tanto la presidencia del partido como la secretaría general actuaban en complicidad, lo que no se verá a partir de ahora.
Minutos antes, Jesús Ortega había confesado que el regreso de Bejarano a las filas del PRD no es, todavía, una realidad consumada.
–¿Se ha cruzado con él? –se le pregunta.
– Sí, lo he saludado, por cortesía.
– ¿Su regreso al PRD tendrá alguna repercusión?
– No hay regreso oficial –aclara Ortega–, lo que hay es una solicitud de reafiliación, proceso que concluye en mayo y, entonces, se definirá si su solicitud es aceptada.
También a Zambrano se le pregunta su opinión sobre el regreso de Bejarano.
Teniendo la bandera del PRD a su derecha y la mexicana a la izquierda, el nuevo presidente del perredismo nacional sólo aclara que el Profesor “sólo es un militante reafiliado, y yo soy el dirigente, el trato que mantendré con él será el que me puede merecer un militante, de respeto mutuo y exigencia de que se cumplan los principios éticos plasmados en nuestros documentos básicos”.
Luego, mientras en el piso superior Padierna y Bejarano se hallan reunidos con sus 111 consejeros, más todos los seguidores de IDN que aguardaron fuera del pleno, Zambrano emprende el camino al hotel Fiesta Americana, acompañado por Carlos Navarrete, lugar donde Nueva Izquierda celebrará su triunfo.