Huberto Batis, un periodista indispensable

Moisés Castillo · 25 de noviembre de 2010

Huberto Batis, un periodista indispensable
Huberto Batis recibe el premio de periodismo cultural "Fernando Benítez" en el marco de la XV Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2001.

Desde que contesta el teléfono, Huberto Batis tiene esa voz inconfundible. La voz de uno de los maestros del periodismo cultural en México, se escucha ligera, musical, pero al final un poco ronca. Desde hace cinco años está luchando contra un cáncer infernal que le quema la piel y los huesos. Tiene llagas en muchas partes de su cuerpo, un dolor que va y regresa sin pedirle permiso.

Normalmente no da entrevistas, pero cuando se le propuso platicar de la crisis actual de los suplementos culturales, una especie en vía de extinción, Huberto Batis se lanzó como un tigre contra su presa: “Gracias a Internet los suplementos están desapareciendo. Ahora a nadie le gusta leer más que en la pantalla de la computadora”.

-¿Es un mal necesario?

“La única ventaja que tiene es que puedes navegar y leer suplementos de otros países. Por otro lado, las revistas tienen presencia, pero son instituciones como Nexos y Letras libres. Ésta última poco a poco se fue a la derecha, aunque tiene en la actualidad a los mejores escritores, las mejores plumas”.

Muchos recuerdan al “sonsacador irredento”, como le decía Juan José Gurrola, por el suplemento Sábado del UnomásUno, que dirigió de 1984 a 2000. Sábado fue un espacio fundamental para nuevos escritores que no pertenecían o se resistían a formar parte de alguna mafia cultural. Sábado les ofreció sus páginas para ejercer la libertad intelectual y la crítica punzante e irreverente.

Otros más ubican a Huberto Batis por su brillante labor anterior a Sábado, en publicaciones culturales como Cuadernos del Viento 1960-1967, en la redacción de la Revista de la Universidad, como director de La Revista de Bellas Artes 1964-1970 o en la jefatura de redacción del suplemento La cultura en México y de El Heraldo  Cultural, al lado del escritor Luis Spota.

Batis sostiene que existen otros obstáculos de carácter económico que desalientan a los suplementos culturales, como sucede en el periódico Reforma: “Tienes que pagar para leer, es el único periódico que hace eso a pesar de ser un medio con dinero. Pero creo que se tendrá que abrir tarde o temprano como El País lo hizo en su momento”.

Asimismo lamenta que a otro diario con importantes recursos económicos como El Universal le importe poco la cultura: “Dejó de editar un suplemento muy interesante como Confabulario, pero el negocio es lo único que le importa a sus directivos. Da mucha flojera leer siempre a los mismos autores en los suplementos que existen, no hay oportunidad para los jóvenes, es una pena”.

Maestro en Lengua y Literatura Española por la UNAM, Huberto Batis se mudó de su natal Guadalajara a la ciudad de México, animado por el entonces gobernador de Jalisco, Agustín Yáñez (1953-1959). Conoció a su llegada a varios escritores como Carlos Valdés, José de la Colina y Juan García Ponce, su gran amigo.

Formó parte de la llamada Generación del 32 o Generación de la Casa del Lago, integrada, entre otros, por Juan Vicente Melo, Inés Arredondo, Tomás Segovia, Julieta Campos, Sergio Pitol, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco y Salvador Elizondo.

-¿Cómo explicar que la mayoría de los diarios de la capital no cuenten con un suplemento cultural? ¿Quién gana y quién pierde?

“Los únicos suplementos son Laberinto, La Jornada Semanal y El Ángel, que está convertido en su mínima expresión. Esto viene a coincidir con el enemigo número uno de la cultura que se llama el PAN y sus presidentes. No existe una política cultural viva, vigorosa. El PAN ha sido modelo de destrucción de la cultura, no les importan los escritores, ni la literatura. Con Vicente Fox se echó todo a perder, ni siquiera pudo pronunciar el apellido de Borges, son unos ignorantes. La cultura ahora recae en las revistas como Letras Libres, Nexos, La Revista de la Universidad, de la UAM, del Poli, pero hasta ahí. Aparte la gente no las compra porque son caras, cuestan 50 ó 60 pesos y los estudiantes son los más afectados, no las pueden adquirir.

“Es preocupante que en México no exista un suplemento a la altura. El único que vale la pena es El País Semanal”.

-¿Cuál sería la solución para las revistas de las universidades públicas?

“Que las instituciones vuelvan a distribuirlas como se debe, que sean gratuitas. Llevan 200 ejemplares para una población de dos mil, entonces de qué sirve. Las revistas sólo las usan para los baños. La revista de la UNAM tenía buenas cosas antes, artículos, ensayos, ahora es pura propaganda.

-¿Qué le parece la sección de cultura de la revista Proceso, que lleva más de 30 años de existencia?

“Es un espacio muy valioso. Se ve la mano de (Vicente) Leñero y (Armando) Ponce. Tenía a José Emilio Pacheco, escribió durante muchos años su ‘Inventario’ pero lo ha abandonado, lamentablemente. Tiene otros escritores muy buenos como Rafael Vargas y otros columnistas interesantes, ya de la vieja guardia. Nadie como fue la inteligente Raquel Tibol. De pronto encuentras cosas buenas.

-Usted fue un promotor de nuevas plumas, escritores, abrió el suplemento Sábado a los jóvenes, ¿cuál es su opinión de las nuevas generaciones que se dedican al periodismo cultural?

“Los que me interesan, más que jóvenes, ahora tienen 50 años. Los de 20 años no los conozco porque no los publican. Cuando estuve en el suplemento México en la Cultura, del periódico Novedades con José de la Colina, teníamos muchos jóvenes y espacios para los escritores, hacíamos nuestras revistas en ese tiempo, ahora ya se ha perdido esto. Creo que los jóvenes están muy confiados de que todo se les debe dar, ya no les interesa leer ni buscar sus propios textos, ya no hay crítica de teatro, por ejemplo. También desapareció mucha gente valiosa como Juan García Ponce y su Revista Mexicana de Literatura. Le di oportunidad a plumas consolidadas como Evodio Escalante, Guillermo Sheridan, Ignacio Trejo Fuentes, Sandro Cohen, es una larga lista. Todos los jóvenes como García Ponce eran talentosos. Yo lo que veo ahora es que escriben más libros pero fuera de México, aquí no hay apoyo para la cultura.

-En Sábado colaboraba Jorge Volpi, fundador de la llamada Generación del Crack, el siempre agudo Enrique Serna, el provocador Guillermo Fadanelli y Xavier Velasco trabajó muchos años, todos importantes escritores ahora…

“Xavier Velasco es un éxito mundial, él estuvo conmigo muchos años en el suplemento. Cuando escribió ‘Diablo guardián’ se fue a España y ganó el Alfaguara. En el momento de la entrega de los escritos se relacionó con Arturo Pérez Reverte, quien tiene mucha influencia en la editorial por las ventas que representa, y le dijo a Velasco: ‘Dame tu libro, necesitas un padrino para ganar un premio’. Cuando ganó estaba caminando por nubes de humo, casi ni me reconocía. Jorge Volpi también escribe buenas cosas, son escritores que valen la pena. Fadanelli importador de la literatura basura, se dio a conocer en las páginas de Sábado y le ha ido bien”.

En Sábado de Huberto Batis se podían encontrar secciones de escándalo, que provocaban un debate intenso, majadero, que agitaban las buenas conciencias. Le dieron vida a un campo cultural solemne, lleno de formalismos e hipocresías.

Por ejemplo, en “El diván de sábado”, Huberto publicaba fotos de mujeres leyendo el suplemento, tuvo tal éxito que decenas de féminas “hacían cola” para salir posando en el viejo sofá. Desfilaron piernas hermosas como las de Meche Carreño, Patricia Manterola, Edith González, incluso chicas teiboleras, travestis, transexuales y algunos gays.

Asimismo, la columna inconfundible del escritor Andrés de Luna, alías “Andreas der Mond”, abordaba la temática erótica de todo el mundo: Dibujos, fotografías, cartones e imágenes de hombres y mujeres desnudos o en paños menores.

-¿Cómo fueron sus años con Fernando Benítez en Sábado?

“Fue mi gran maestro. Él me invitó junto con José de la Colina a la creación del suplemento. Cuando Benítez se fue del UnomásUno a La Jornada, le dije ¿qué voy hacer? No voy a poder con el suplemento, ¿qué hago? ‘Como no, me dijo, consíguete un Batis. Tienes contacto con los jóvenes’. Como fui maestro de la Facultad de Filosofía y Letras, invité a colaborar a jóvenes talentosos como Enrique Serna, los llevaba y era un buen trampolín para que ellos escribieran en las grandes editoriales. A la salida de Benítez todos se fueron a Vuelta o Nexos. En el año 2000, Serna escribió un artículo sobre mí, un texto homenaje en Letras Libres y la buena conciencia de Enrique Krauze le cerró las páginas al pobre Enrique”.

El suplemento Sábado era lo más irreverente, propositivo, crítico, creativo y se renovaba con el tiempo. Con la salida de Benítez el suplemento se “desmafió”. Con Batis, Sábado nunca fue excluyente y adquirió un nuevo esqueleto. La entrada de jóvenes escritores fue clave para humanizar una publicación que fue imprescindible durante dos décadas.

-¿Qué le gustaba de Sábado?

“Me gustaba su verdad absoluta, nosotros teníamos el lenguaje total, no había palabras censuradas. Nos acusaban de sucios y pornográficos y bastante escandalosos”.

Sábado se hacía casi por generación espontánea, así surgió “El diván”, pero también el viejo Batis propiciaba polémicas serias entre los colaboradores y comentarios de los lectores, ese fue el propósito del “Desolladero”. Sin embargo, las discusiones aumentaban de tono hasta llegar a las mentadas de madre. “Los mexicanos no sabemos discutir sin matarnos… Perdí a muchos colaboradores porque no aguantaban este espíritu democrático del UnomásUno y de Sábado; se sentían desprotegidos porque los lectores o sus colegas comentaban sus textos, corregían sus errores, puntualizaban detalles. ‘Contéstales’, les decía yo; pero algunos me tachaban de ‘amarranavajas’ y otros preferían retirarse. José Agustín, por ejemplo, me dijo que nunca quiso entrar a colaborar con alguna sección para no exponerse a comentarios despiadados”. (Memorias del sábado perdido, 2006)

-¿Quién es el escritor que más admira, luego de ejercer por muchos años la crítica literaria?

“El escritor que más admiro es Juan García Ponce. Pero también a Salvador Elizondo, Juan Vicente Melo, Beatriz Espejo, Inés Arredondo, Emmanuel Carballo, Gustavo Sáinz, Federico Patán, Raymundo Ramos, Carlos Valdés, una generación de escritores brillantísimos. A la mayoría los tuve que recuperar luego de la salida de Benítez”.

Agitado por la charla, concluyó:

“Me gustaría que me recordarán como maestro, porque hacer los suplementos no es obra mía. Los 15 libros que tengo han sido de la época en que yo podía trabajar porque no tenía el suplemento. Cuando estuve de planta, con un horario fijo ya no pude escribir mis novelas que tanto soñé”.