Alejandra González · 30 de julio de 2026
La sucesión en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) podría marcar un punto de inflexión: cuatro de las siete candidaturas registradas para relevar a António Guterres corresponden a mujeres que buscan romper ese techo de cristal. Se trata de una cifra inédita para un organismo que, desde su fundación en 1945, sólo ha sido encabezado por hombres.
Las cuatro políticas y diplomáticas que integran este bloque son la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet; la excanciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa; la economista costarricense Rebeca Grynspan; y la actual embajadora de Guyana ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett.
La lista oficial de aspirantes se completa con el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi; el expresidente de Senegal, Macky Sall; y el político y exfuncionario ugandés Olara Otunnu, quien apenas el pasado sábado se sumó a la carrera por convertirse en el próximo líder del organismo multilateral.

Esta inédita contienda vive una prueba decisiva este 30 de julio, cuando los 15 integrantes del Consejo de Seguridad realicen su primera votación a puerta cerrada y de forma confidencial para expresar sus preferencias.
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Para mantener una candidatura viable, cada aspirante necesita conseguir un mínimo de nueve votos y, de manera crucial, evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia. Quien logre superar este filtro y obtenga la recomendación final, será avalado por la Asamblea General para asumir el mando el 1 de enero de 2027.
En este proceso también entra en juego el principio tradicional —aunque no reglamentado— de rotación geográfica, el cual sugeriría que el próximo mandato le corresponde a América Latina.
La convocatoria oficial comenzó en noviembre de 2025, cuando las autoridades de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad solicitaron a los 193 Estados miembros que presentaran perfiles con amplia experiencia diplomática para ocupar el puesto del portugués, António Guterres, a partir del 1 de enero de 2027.

Mediante una carta, el embajador de Sierra Leona, Michael Imran Kanu, presidente del Consejo de Seguridad, y la presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, animaron explícitamente a considerar la nominación de mujeres para el cargo.
La elección de la próxima persona que liderará la ONU se desarrolla en medio de una crisis institucional. Actualmente, el organismo enfrenta una parálisis política, una falta de credibilidad y un déficit que lo ha llevado al borde del colapso financiero.
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Su relevancia y capacidad de acción han sido fuertemente cuestionadas ante un recrudecimiento de los conflictos armados globales, alcanzando niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial, con focos críticos en Ucrania y Medio Oriente.
A esto se suma el debilitamiento de la fe en el multilateralismo y las acusaciones externas de gasto imprudente y falta de resultados, como las señaladas por el gobierno del estadounidense Donald Trump. Ante esta creciente frustración internacional, la urgencia de restaurar la confianza se ha convertido en el eje central de las candidaturas.

A lo largo de los meses siguientes, las aspirantes comenzaron a trazar sus propuestas. En febrero de 2026, la candidatura de la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, fue inscrita e impulsada inicialmente por su país junto a México y Brasil.
Aunque el nuevo gobierno chileno de extrema derecha, encabezado por José Antonio Kast, le retiró el apoyo al mes siguiente, Bachelet se mantuvo en la carrera con el firme respaldo de las otras dos naciones lideradas por Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva.
Durante sus comparecencias, Bachelet, exdirectora ejecutiva de ONU Mujeres y exalta Comisionada para los Derechos Humanos, reafirmó que el mundo está preparado para un liderazgo diferente y dejó claro que no teme al escrutinio internacional.
“Si alguien me veta porque creo en la democracia, porque creo en el multilateralismo, porque creo en los derechos de las mujeres y porque creo en los derechos humanos, la verdad es que me sentiría honrada”, sentenció ante la prensa en Ginebra en junio pasado.

Por su parte, Rebeca Grynspan advirtió en abril de este año que el organismo se ha vuelto conservador frente a los riesgos internacionales, mientras que el 26 de julio, en un debate televisado con otras cinco candidaturas, la diplomática costarricense apostó por priorizar resultados medibles: “Dentro de cinco años, me gustaría que nadie me vuelva a preguntar: ‘¿dónde está la ONU?’. Ese será mi indicador”.
En mayo, Antigua y Barbuda presentó la candidatura de la exministra de Relaciones Exteriores de Ecuador, María Fernanda Espinosa, quien catalogó la posible elección de una secretaria general como un asunto de “justicia histórica”.
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La ecuatoriana cuestionó abiertamente la exclusión femenina en el cargo al señalar que no se puede dejar a la mitad de la población mundial fuera de la posibilidad de liderar la organización luego de 80 años de existencia.
El grupo de mujeres para contender por la Secretaría General se completó en junio de 2026 con la postulación de la embajadora de Guyana ante las Naciones Unidas, Carolyn Rodrigues-Birkett. Su campaña se ha centrado en la necesidad urgente de restaurar la credibilidad institucional bajo el argumento de que la organización no debe delegar las cuestiones de paz y seguridad, y tiene que ser visible en cualquier situación de crisis.

Frente a las candidatas, los tres perfiles masculinos también buscan dirigir una institución cuestionada por su crisis financiera y de confianza.
El argentino Rafael Grossi ha abogado por un secretario general que actúe “de verdad” sobre el terreno y sea parte activa de la solución ante el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. El senegalés Macky Sall, por su parte, ha propuesto un rol reinventado para que el organismo recupere su lugar en la mesa global.
Finalmente, Olara Otunnu, apeló a su experiencia previa como funcionario en la ONU para sumarse a la carrera a finales de este mes. Como parte de su visión, el ugandés llamó a un organismo revitalizado y anclado en la paz, seguridad, los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

Con información de AFP