Gerardo Borbolla · 28 de agosto de 2025
“Les dejan hacer todo”, dice Pedro Serrano, médico intensivista mexicano que durante seis meses trabajó con la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) en Cisjordania, sobre las tropas israelíes que desde octubre de 2023 realizan una ofensiva militar en Palestina bajo las órdenes del primer ministro Benjamín Netanyahu.
Desde esa fecha, tras el ataque del grupo islamista Hamás en contra de Israel que dejó mil 219 muertos según cifras oficiales, los bombardeos e incursiones terrestres de las Fuerzas de Defensa y las Fuerzas de Ocupación de Israel (IDF y IOF respectivamente, por sus siglas en ingles), han dejado casi mil víctimas mortales en Cisjordania y más de 61 mil en Gaza, de acuerdo con cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y del Ministerio de Salud de Gaza.
Pedro, quien estuvo de julio a diciembre de 2023 en el Hospital Mártir Doctor Khalil Suleiman, una institución pública en la ciudad de Jenin, fue testigo de la escalada de violencia en contra de la población palestina.
Antes de octubre de 2023, la rutina en el área de urgencias era la de “un día normal como en cualquier hospital público del mundo”, se recibían de 20 a 35 pacientes por día y el abasto de insumos era regular. Posterior a esa fecha, la cifra de ingresos incrementó entre 80 a 120, con jornadas de hasta 40 horas de trabajo y comenzó el desabasto.
“Desde antes del conflicto, al menos veíamos incursiones tres o cuatro veces al mes (…) ya cuando las cosas empezaron a empeorar, que el conflicto se elevó, pues sí empezaban a haber faltantes de equipo de curación, anestésicos, medicamentos de tipo opioide, para dolor y otras cosas, sí empezaban a disminuir”, cuenta en entrevista con Animal Político.
Pedro, como gran parte de los trabajadores de la salud y humanitarios en la región, no estuvo exento de situaciones de riesgo durante las incursiones del ejército israelí: ataques con gases lacrimógenos dentro del hospital, francotiradores disparando constantemente a las instalaciones e, incluso, la amenaza de demolición del recinto con bulldozers.

Una de las experiencias que más le marcó fue el asesinato de una paramédica palestina justo en el momento en que le entregaba un paciente en la entrada del hospital: “me tocó que la impactaran con dos balazos entregándome al paciente (…) uno le perfora el bazo y el otro le pega en el hombro”.
Las cifras de la violencia en contra de personal médico en Palestina son altas: de acuerdo con un reporte de MSF, sus colaboradores han tenido que desalojar 17 inmuebles y enfrentar 50 incidentes violentos en Gaza y Cisjordania entre octubre de 2023 y diciembre de 2024.
Por su parte, entre octubre de 2023 y febrero de 2025 la Organización Mundial de la Salud documentó 739 ataques a la atención sanitaria en Cisjordania, los cuales dejaron como saldo afectaciones en 119 inmuebles, 25 muertos y 121 heridos. A la vez, reportó que solo el 11 % de los centros de salud y el 70 % de los nosocomios con capacidad de hospitalización están completamente funcionales.
“A mí me tocaron varias incursiones muy fuertes, muy violentas desde antes de octubre (…) nos trataban igual (los soldados al personal de salud). Incluso cruzando los checkpoints en las carreteras y eso, te bajan del coche violentamente, te apuntan con armas, te pegan dos o tres gritos, revisan todo el coche, te pegan a una pared, o sea, no hay pase diplomático para nadie”, señala Pedro sobre su experiencia con militares israelíes.
En Cisjordania y la Franja de Gaza, regiones consideradas por gran parte de la comunidad internacional como “territorios ocupados” por Israel, la diferencia en cuanto a la capacidad militar entre una parte y otra es muy notoria.
Ante esta situación, las piedras y las hondas son unas de las pocas “armas” con las que cuentan los palestinos, las cuales se han convertido en símbolo de resistencia.

Pedro da cuenta de esto al señalar que “todos ellos (los palestinos) pelean por resguardar a sus familias, su pedacito de tierra, pues ven la muerte como algo heróico mientras lo hagan peleando”.
Como mexicano, menciona, intenta entender “algunas de sus razones” y el porqué, incluso, jóvenes de 15 o 16 años que llegaban lesionados al hospital le decían que querían ser mártires, es decir, alguien que muere en defensa de una causa, principalmente de su religión.
“Es muy interesante porque pues fallecen y la familia te dice ‘él ya es un mártir, él es un héroe, es un guerrero. Se fue”, dice.
Al preguntarle sobre su decisión de ir a Cisjordania, Pedro menciona como primera motivación el deseo que siempre tuvo de trabajar con Médicos Sin Fronteras en zonas de conflicto, aunque admite que algunas personas le han “echado en cara” el no quedarse de lleno en México.
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Por otro lado, menciona que la labor del personal de salud en el país enfrenta constantes dificultades como burocracia, desabasto y nepotismo: “lo que da tristeza es que uno intenta ayudar a alguna comunidad o lo que sea aquí en México y el gobierno es el primero en poner trabas”.
Pedro recalca que su decisión no fue por “malinchista” y que su idea es seguir “ayudando a la gente en lo que más pueda” en la zona donde se encuentre, ya sea México o alguna zona de conflicto o desastres naturales.

A más de un año de haber dejado el Hospital Mártir Doctor Khalil Suleiman, la situación no mejora en Cisjordania: el 20 de agosto Israel aprobó un proyecto clave de construcción de más de 3 mil viviendas que dividiría a la región; días después, excavadoras israelíes arrancaron cientos de árboles, y en la incursión más reciente, este 25 de agosto, al menos 27 palestinos resultaron heridos, según la Media Luna Roja palestina.
Si bien Pedro ha estado en otras misiones en Irak, Afganistán y Ucrania, señala que nunca había vivido algo de la “magnitud” como lo que presenció en Cisjordania, “nunca algo tan repetitivo, nunca tan violento”.