Verónica Santamaría · 21 de enero de 2026
Hay una tendencia acelerada a nivel global que pone en riesgo las democracias en el mundo: una élite cada vez más reducida de ultrarricos acumula no sólo riqueza, sino influencia política, control mediático y capacidad de decisión sobre el rumbo de las naciones. Tal acumulación, advierte Oxfam, está desvinculada del crecimiento económico, el bienestar colectivo y la reducción de las desigualdades.
El informe anual de desigualdad global de la organización, que se presentó esta semana en paralelo al inicio del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, documenta cómo los milmillonarios atraviesan una “década dorada” de incremento acelerado de la riqueza que utilizan para capturar instituciones, moldear elecciones, influir en gobiernos y definir reglas económicas y sociales a su favor. Desde 2020, la riqueza combinada de los milmillonarios ha crecido un 81 %.

Al respecto, el análisis titulado “Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios”, presenta un dato demoledor: actualmente los ultrarricos tienen 4 mil veces más probabilidades de ocupar un cargo político que la gente común. De hecho, entre 2000 y 2025, al menos 16 presidentes de 11 países de Latinoamérica y el Caribe llegaron al poder después de dirigir grandes empresas.
“Tenemos un ejemplo muy bueno de cierto empresario de México —Ricardo Salinas Pliego, el quinto empresario más rico del país, según la lista de Forbes de 2025 y dueño de Grupo Salinas— que está intentando presentarnos una candidatura a la presidencia de la República”, advirtió Carlos Brown Solá, director de programas en Oxfam México, en entrevista con Animal Político.
Otro ejemplo es el dueño de Tesla, Elon Musk, quien en octubre de 2025 se convirtió en la primera persona en acumular una riqueza superior a medio billón de dólares. Al ganar las elecciones presidenciales en EU, Donald Trump lo nombró titular del Departamento de Eficiencia Gubernamental, cargo que el hombre más rico del mundo ocupó hasta mayo de 2025 cuando confirmó su renuncia.
En contraste, “mientras la riqueza sigue concentrándose en lo más alto, casi la mitad de la población mundial vive en situación de pobreza, con menos de 8.3 dólares al día, y un 28 % se encuentra en situación de inseguridad alimentaria”, lo que quiere decir que aproximadamente una de cada cuatro personas en el mundo pasa hambre, señala Oxfam en su informe anual que pone énfasis en la relación entre la desigualdad económica y política.
“La pobreza económica produce hambre, pero la pobreza política produce ira y frustración, y es el caldo de cultivo de los autoritarismos”, afirmó Brown Solá, quien participó como coautor del documento.

El informe global de desigualdad de Oxfam, que se presenta cada año desde hace una década como contrapeso al encuentro de élites globales en Davos, coincide en esta ocasión con el primer año del segundo mandato de Donald Trump en EU, periodo en el que su administración favoreció los intereses de los más ricos.
El análisis advierte que aunque el fenómeno no es exclusivo de EU, “el gobierno de Trump constituye una clara señal de alerta de hasta dónde puede llegar el poder que ejercen los más ricos”. Y menciona que entre los beneficios que otorgó a los “ultrarricos” se encuentran: reducción de impuestos, bloquear avances en la cooperación fiscal internacional, revertir esfuerzos contra el poder monopolístico y empujar el valor de acciones ligadas a la inteligencia artificial.
Con la “riqueza extrema” al alza se ha consolidado una élite cuya prosperidad avanza a costa del resto de la sociedad. Cifras de Forbes, de noviembre de 2025, indican que en Latinoamérica y el Caribe había 109 milmillonarios —14 personas más que hace apenas un año—, cuya fortuna conjunta alcanzó los 622.900 millones de dólares.

El fenómeno no es irreversible, pero resistir el imperio de los más ricos requiere tomar decisiones distintas, opina Carlos Brown, director de programas en Oxfam México.
“Creemos que estamos en un punto de quiebre donde hay que elegir si queremos mayor democracia o queremos una oligarquía con unos superricos tomando la mayor parte de las decisiones. Pero no podemos tener ambas”, advirtió.
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El problema, de acuerdo al informe de Oxfam, es que los gobiernos de todo el mundo están tomando la decisión incorrecta al anteponer los intereses del gran capital frente a la defensa de las libertades, poniéndose del lado de los más ricos.
Además, están eligiendo reprimir el descontento de la ciudadanía por el elevado costo de la vida, en lugar de optar por mecanismos de redistribución de la riqueza hacia la población.
Al mismo tiempo, quienes más se están enriqueciendo a nivel económico son las personas con mayor poder político y, por lo tanto, las que están dando forma y configurando sociedades, economías y políticas.

En cambio, las personas con una menor capacidad económica se están empobreciendo también en términos políticos y sus voces se ven silenciadas ante el crecimiento del autoritarismo y la supresión de los derechos y libertades que tanto ha costado conquistar.
En ese sentido, Oxfam llama a los gobiernos a actuar con urgencia y priorizar las siguientes medidas:
“El freno a la oligarquía global no va a ocurrir solo porque los países tomen decisiones por su cuenta, se requiere de acciones coordinadas, que prioricen agendas que ayuden a contener y a resistir el avance de las grandes empresas tecnológicas, cuyos dueños son los grandes milmillonarios de nuestros tiempos”, aseguró finalmente Carlos Brown Solá.