AFP · 17 de junio de 2025
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, levantó este martes el toque de queda nocturno que regía desde la semana pasada, mientras el presidente Donald Trump lucha por mantener el control de las tropas californianas que desplegó en la segunda metrópoli de Estados Unidos.
Una fracción de la extensa ciudad estadounidense estaba bajo el toque de queda desde las 20:00 horas hasta las 06:00 horas y su acceso estaba restringido para la mayoría de transeúntes tras los casos de saqueo y vandalismo durante protestas contra las redadas con migrantes de Trump.
Bass indicó que el toque de queda había sido “en gran medida exitoso en la protección de tiendas, restaurantes, negocios y comunidades residenciales de malos actores que no se preocupan por la comunidad inmigrante”.
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No obstante, dijo estar preparada para volver a emitirlo si fuese necesario.
La decisión de la alcaldesa se presenta solo días después de que Trump ordenó intensificar intensificar los operativos contra migrantes en varias ciudades gobernadas por demócratas, entre ellas Los Ángeles, Chicago y Nueva York, en un intento por lograr “el mayor programa de deportación masiva en la historia”.
El pasado domingo, el magnate publicó en su red Truth Social que “tenemos que ampliar los esfuerzos para detener y deportar a extranjeros ilegales en las mayores ciudades de Estados Unidos, como Los Ángeles, Chicago y Nueva York, donde viven millones de millones de extranjeros ilegales”.
En una largo mensaje, Trump denunció el domingo que “cada día los valientes hombres y mujeres del ICE son objeto de violencia, acoso e incluso amenazas de políticos radicales demócratas”.
Pero insistió en su política: “Nada nos detendrá de ejecutar nuestra misión. (…) Por la presente se ordena a los oficiales del ICE (…) hacer todo lo que esté en su poder para lograr la importante meta de realizar el mayor programa de deportación masiva en la historia”.
Bass y otros funcionarios de California han acusado a Trump de avivar las tensiones con el envío de cuatro mil elementos de la Guardia Nacional del estado y 700 marines a la ciudad.
En una demostración de músculo político, Trump ignoró las objeciones del gobernador demócrata Gavin Newsom, que normalmente supervisaría a la Guardia Nacional.
Un juez federal dijo el jueves que las acciones del presidente republicano eran “ilegales” y ordenó que devolviera el control de la fuerza a Newsom.
Sin embargo, un tribunal superior pausó ese fallo después de que la administración Trump presentara una apelación y tachara la decisión judicial de una “intrusión extraordinaria” en los poderes presidenciales.
En una audiencia de apelación el martes, el Departamento de Justicia argumentó que el republicano necesitaba mantener el control de las tropas de California para garantizar que los oficiales federales de inmigración pudieran realizar arrestos sin amenazas del público.
Las autoridades de California sostienen que el uso que hace Trump de la fuerza militar ha causado una escalada en las protestas de Los Ángeles, que las fuerzas del orden local podrían haber manejado.
Los guardias, fatigados, se han encargado de proteger la propiedad federal en Los Ángeles, apostados con cascos y grandes escudos.

La ley estadounidense les prohíbe detener a ciudadanos, aunque algunos han disparado gases lacrimógenos y proyectiles no letales contra manifestantes, según medios de comunicación locales.
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Es la primera vez desde 1965 que un presidente estadounidense despliega a la Guardia Nacional contra la voluntad de un gobernador estatal.