Verónica Santamaría · 15 de marzo de 2026
Dannya Bravo tiene 13 años y vive a unos metros de un mechero petrolero. Todas las noches escucha el rugido del gas que sin descanso arde en una torre metálica que ilumina la selva amazónica de Ecuador. Ese fuego y el humo que se eleva hacia el cielo forman parte de su vida cotidiana. En 2021, Dannya y otras 14 niñas decidieron demandar al Estado ecuatoriano para exigir que esos mecheros se apaguen.
En la Amazonía ecuatoriana, cientos de torres queman gas día y noche, como parte de la explotación de crudo. Muchos están instalados cerca de comunidades indígenas y liberan contaminantes.
Frente a ese escenario, 15 niñas de provincias amazónicas, acompañadas de la Unión de Afectados y Afectadas por las Operaciones Petroleras de Texaco (UDAPT), promovieron la Acción de Protección No. 21201202000170 contra el Estado ecuatoriano, una figura constitucional similar al juicio de amparo en México.

Las niñas se hacen llamar Guerreras por la Amazonía. Provienen de comunidades indígenas ubicadas en provincias como Orellana y Sucumbíos, donde la industria petrolera ha operado durante décadas.
La acción que promovieron las Guerreras por la Amazonía se planteó contra el Estado porque, bajo la Constitución y la ley ecuatoriana, ninguna empresa operadora puede combustionar o quemar el gas en un mechero sin su autorización, dijo Pablo Fajardo, abogado del caso, en entrevista con Animal Político.
La primera respuesta del Estado fue afirmar que no hay vulneración de derechos, que todo está bien, que la industria petrolera mundial hace lo mismo y que en todas partes se quema gas, cuenta Pablo Fajardo.
“Luego, cuando fuimos demostrando que sí hay un impacto en la vida y en la salud de las personas, en la economía local y en muchos aspectos que vulneran derechos, afirmaron que las niñas están manipuladas por el equipo técnico que las acompaña”, añadió.
Dannya vive en el cantón La Joya de los Sachas, en la provincia de Orellana. Su comunidad está rodeada de vegetación y biodiversidad, pero también de infraestructura petrolera.
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“En mi comunidad hay mucha vegetación, pero cuando hace mucho sol se levanta el polvo y las hojas ya no se ven verdes, sino blancas o grises”, cuenta Dannya. “En mi caso vivo al lado de un mechero que siempre está activo y es algo feo: si usted escucha ese sonido cuando duerme o cuando despierta, no lo va a soportar”.
“Uno se acostumbra porque llevo viviendo aquí años. Mi oído siempre pasa escuchando ese sonido, entonces, como que ya estoy acostumbrada a escucharlo”, añadió Dannya.
De acuerdo con el Informe de Mecheros de Ecuador, elaborado por la organización Clínica Ambiental, en 2020 en la Amazonía Ecuatoriana se tenían identificados al menos 447 mecheros petroleros: 232 están en la provincia de Orellana, 210 en Sucumbíos, 2 en Napo y 3 en Pastaza.
La organización señala que identificaron muchos más que los registrados por el Ministerio del Ambiente de Ecuador. En la Reserva de la Biósfera del Yasuní encontraron 77 sitios con 104 torres de quema de gas, de los cuales 79 están activos.
En la comunidad de Tiputini, ubicada cerca de la Vía Auca en la provincia de Orellana, Ecuador, vive Kerly Valentina Herrera Carrión. Tiene 13 años y cursa el noveno grado escolar en la Unidad Educativa de Auyama.

En Tiputini fueron instalados cuatro, a pesar de que se encuentra dentro de la Reserva de la Biosfera Yasuní y es reconocida por su vasta biodiversidad. Cerca de la comunidad se encuentra la Estación de Biodiversidad Tiputini (EBT) de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), un sitio importante para la investigación científica y conservación.
Kerly Valentina cuenta que en su comunidad toman agua de la lluvia y conviven con un mechero colocado frente a la escuela donde estudió. Pese a haber ganado la Acción de Protección contra el Estado ecuatoriano, continúan proliferando en la región y “recientemente están creando otro más cerca. En vez de eliminarlos están creando más y no solo aquí sino en otras comunidades”, dijo en entrevista con Animal Político.
Los mecheros son grandes estructuras que la industria petrolera utiliza para quemar los subproductos de la extracción de petróleo, produciendo metano y otros gases altamente contaminantes, según la información presentada en la Acción de Protección No. 21201202000170.
Los 486 mecheros de gas detectados en la Amazonía ecuatoriana, según el registro más reciente, arden a una temperatura promedio de 400° Celsius las 24 horas del día. Muchos están ubicados en áreas residenciales, sin protección para las familias expuestas.
Kerly Valentina cuenta que como parte de su vida cotidiana siempre camina cerca de los mecheros: “se siente mucho calor al pasar cerca de ellos. Tienen un fuego grandote y contaminan mucho el aire. Unos son más grandes, otros son más pequeños, pero igual contaminan”.
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Contaminan el aire por la combustión. El fuego, al quemar a cielo abierto, tira el humo, principalmente cuando en las tuberías “eso se ve que va a explotar”, describe Kerly Valentina.
Algunos restos contaminantes se derraman en los ríos donde las personas se bañan o beben el agua, como “nosotras que tomamos el agua de la lluvia y está contaminada por estas estructuras petroleras”. El riesgo aumenta para las mujeres, porque son ellas las que lavan y cocinan con el agua de lluvia y agua del río, advierten las Guerreras por la Amazonía.
En su demanda, Guerreras por la Amazonía señalan que las distintas fases de explotación petrolera producen graves impactos ambientales y uno de los más preocupantes es la quema de los gases que se generan como subproducto de la extracción.
Esta combustión es uno de los principales contribuyentes del cambio climático. Un ejemplo: estimaciones del Banco Mundial, en 2017, señalan que se quemaron aproximadamente 140.6 mil millones de metros cúbicos (m3) de gases asociados que entran en la atmósfera en forma de CO2, principalmente, produciendo entre 270 y 400 millones de toneladas de CO2 en emisiones al año.

Habitantes de las comunidades relacionan el aumento de casos de cáncer con la exposición prolongada a los contaminantes de la actividad petrolera.
“Aquí hay muchas personas con cáncer. Mi tía y mi abuelita fallecieron de cáncer. Me ha informado mi mamá, porque ella trabaja como terapeuta con personas con cáncer, que hay muchas personas enfermas y están tratando de ayudarles porque da sentimiento ver a esas personas con cáncer”, narra Kerly Valentina.
En el cantón La Joya de los Sachas, en la provincia de Orellana, donde vive Dannya, también se ha registrado un aumento de casos de cáncer. Una de ellas es su vecina. “Da demasiado sentimiento. Nosotras estuvimos con un paciente con cáncer y sabemos lo que se siente y el costo porque las medicinas cuestan hartísimo y no hay un hospital oncológico”, cuenta.
La precaria atención médica y falta de un hospital especializado impiden que las personas tengan una detección temprana. “Aquí, mi vecina no puede ir a atenderse porque no hay medicinas y tampoco se tienen buenos aparatos para los pacientes con cáncer. Entonces, muchas de las veces mueren porque no hay recursos, no hay medicina ni hospital”, denunció Dannya.
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Ante la falta de un acceso digno a la salud, en la demanda interpuesta Guerreras por la Amazonía solicitaron que en el Hospital General Marco Vinicio Iza (HGMVI) de la provincia de Lago Agrio se cree un área oncológica, “pero van años y no han cumplido nada”, señalaron.
El Hospital General Marco Vinicio Iza (HGMVI) es una institución pública con atención las 24 horas y da servicio de emergencia, hospitalización, consulta externa en especialidades como pediatría, ginecología, medicina interna.
La contaminación que provocan los mecheros también afecta a los animales y la vegetación: la vegetación cercana se quema y se están muriendo muchos animales. Es algo feo de ver, afirma Dannya.
Los mosquitos y muchos insectos atraídos por la luz y el calor de los mecheros “mueren incinerados. Abajo de cada mechero siempre va a haber miles de insectos muertos, y no solo insectos, también otros animales”, alertó.
La guatusa —un roedor silvestre típico de la selva— era común en la zona, pero ahora casi no se ve, dicen habitantes. Una de las Guerreras por la Amazonía relata que “esas yo sí me las he comido, pero se han estado extinguiendo, también por los derrames de petróleo porque toman agua contaminada en los riachuelos”, añadió.
Dannya relata que cuando llueve mucho en su comunidad se llenan los ríos y cunetas, es ahí cuando se puede ver, en ocasiones, que hay presencia de petróleo. “Muchos peces mueren ahí y hay personas que sí se los comen, eso es malo porque ahí vienen enfermedades como el cáncer”, alertó.
El abogado Pablo Fajardo reconoce que durante los seis años de esta lucha por el territorio indígena de la Amazonía Ecuatoriana sí se ha logrado la eliminación de algunos mecheros, pero también han sido construidos otros nuevos o el gas de los eliminados se deriva a otros más grandes.
“Al final siguen quemando la misma o mayor cantidad de gas en vez de disminuirla. Es una simulación de cumplimiento, un engaño”, señaló.
Esta no es la única lucha que el abogado lleva. Tienen más de 30 casos de los cuales, asegura, la de las Guerreras por la Amazonía es la segunda más relevante.
“¿Qué queremos? Forzar al Estado a cumplir y respetar los derechos de la gente. Exigimos respeto en los derechos humanos, constitucionales, colectivos de las personas y de la naturaleza. Es lo que, en el fondo, buscamos. Queremos respeto a nuestro derecho a las generaciones venideras”, añadió.
Para las Guerreras por la Amazonía la defensa de su territorio sigue, pese a los años que han transcurrido. El apoyo de sus padres y madres ha sido fundamental para ellas, les da más fuerza para seguir luchando por sus derechos.
“Ya llevamos muchos años, pero no nos rendimos y seguimos haciendo marchas, foros, plantones junto con nuestro abogado y otros colectivos que están haciendo que el Estado cumpla la sentencia, porque ya está ganada. Vamos a seguir luchando, exigiendo y exhortando a ese Estado corrupto que tenemos acá y no quiere cumplir”, declaró Dannya.
Kerly Valentina comparte que seguirá en las marchas y en los plantones porque también hay gente que las apoya y quiere que se eliminen los mecheros de sus comunidades. “Voy a seguir hasta que se eliminen todos los mecheros porque ya no queremos más contaminación en nuestra linda Amazonia”, dijo.
Cuando cae la noche en la Amazonía Ecuatoriana en las comunidades indígenas donde viven Dannya y Kerly Valentina, las Guerreras por la Amazonía, la llama del mechero vuelve a iluminar la selva. Dannya dice que espera el día en que esa torre metálica deje de arder.