Valeria Duarte Galleguillos · 25 de marzo de 2026
Por considerarlo de interés público y con autorización de Canal Red, publicamos en Animal Político un adelanto de la entrevista que Pablo Iglesias le hizo al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en medio de la crisis energética que enfrenta la isla debido al bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump. La visita a La Habana del exvicepresidente del gobierno español, cofundador del partido Podemos y actual director de Canal Red, medio de comunicación audiovisual que se identifica abiertamente de “izquierda”, coincide con la llegada de una flotilla que lleva ayuda humanitaria a la isla, como parte de la misión Convoy Nuestra América (Our America Convoy).
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Las calles de la capital se ven más vacías que de costumbre. Al salir del aeropuerto tomamos un taxi rumbo al encuentro con el resto del equipo, que ya prepara los antecedentes para la entrevista con el presidente Miguel Díaz-Canel. La primera que otorga en este grave trance. En las aceras, la gente mira el celular mientras hay señal y electricidad.
Desde la Cancillería nos explican que la mayoría se informa a través de canales de WhatsApp: es la forma más barata de descargar datos e información en una isla donde el internet sigue siendo caro para quien no tiene divisas e intermitente por la crisis del combustible. La brecha entre el dólar y el peso cubano ha partido en dos la vida cotidiana. Hay quienes viven en dólares y quienes sobreviven en pesos. La distancia entre lo que cuesta una cosa y lo que vale el dinero ya ha perdido cierto sentido.
Llegando, Pablo Iglesias nos recibe con la noticia de que la entrevista quedó confirmada. No queda más, la noche se presenta como el escenario para repasar las preguntas, afinar ideas y cerrar el guión. La jornada del día siguiente iniciaría temprano.
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Nos dirigimos a la Plaza de la Revolución. Allí aún flota la memoria de los discursos de Fidel Castro, cuando miles de personas coreaban “¡Patria o Muerte!”. Hoy, sin embargo, la plaza está desierta. Es perfecto para grabar tomas limpias de apoyo, pero esa vastedad vacía despierta inevitables interrogantes sobre la gravedad de la crisis que vive la isla.
Será Iglesias quien conduzca la entrevista. El exvicepresidente español, líder de Podemos y actual director de Canal Red, regresa a su viejo oficio de periodista. Aún es fiel creyente de que la batalla política se libra también en la comunicación y se dispara a través de redes, no solo con fusiles.
La entrevista se realizará en el Palacio de la Revolución, sede de la Presidencia; el Consejo de Ministros y el Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Al llegar hacemos un scouting del lugar. Lis Cuesta Peraza, doctora en Ciencias Pedagógicas y esposa del presidente, nos señala con orgullo un mural espectacular al fondo del Salón de Recepciones: al menos doce rostros de mujeres cubanas, obra del maestro René Portocarrero. Ese mural ha servido de marco para las condecoraciones de más alto nivel y los recibimientos oficiales a jefes de Estado.
Mientras esperamos, tomamos café y conversamos sobre Cuba, Irán, Venezuela y Bolivia. Surge también una pregunta sobre el futuro de la OTAN tras las declaraciones de Úrsula von der Leyen. ¿Es posible su disolución? ¿Tendrían entonces los gobiernos europeos que empezar a armarse por su cuenta? Dos continentes entrelazan sus historias y nos devuelven la mirada. Me pregunto en silencio, entonces, ¿cuál es nuestro rol como región?
Se escuchan pasos. Llega el presidente. Amable, saluda a todo el equipo con un par de bromas. Nada protocolar. Se le explica la idea de la entrevista y Pablo Iglesias toma el control. Sube las escaleras para la primera toma. El saludo entre Díaz-Canel e Iglesias en la puerta del Palacio marca el inicio.
El palacio respira historia. El presidente nos cuenta que algunas de sus rocas provienen de la Sierra Maestra. Fue Celia Sánchez, la primera mujer combatiente del Ejército Rebelde y creadora del pelotón femenino “Las Marianas”, quien quiso que Fidel y Raúl tuvieran siempre un pedazo de aquella sierra desde donde lucharon contra Batista.

Iglesias menciona y recuerda su primera visita a Cuba, en una brigada, durante el ‘período especial’. Díaz-Canel responde de inmediato: “este es otro ‘período especial’, pero mucho más recrudecido. Ya no existe el bloque soviético y, desde 2019, las sanciones se aplican también a terceros países. Se cortó el flujo de ingresos y entramos en un círculo vicioso interminable: combustible, economía, insumos… todo”.
A pesar de ello, Cuba mantiene indicadores sociales propios de países desarrollados. Sin embargo, más de 11 mil niños y pacientes esperan cirugías o tratamientos que el bloqueo les niega directamente. La lógica comunitaria se ha vuelto respuesta obligada. Muchos han instalado sistemas fotovoltaicos y abren sus puertas a vecinos sin electricidad. Esos hogares se convierten en puntos de información, de carga de celulares y hasta de transporte eléctrico para pacientes, mercancías o servicios fúnebres.
Entre líneas, el mandatario habla de una nueva forma de hacer economía: inversiones en petróleo, movilidad eléctrica, alianzas con el sector privado para ensamblaje y sistemas eléctricos, incentivos tarifarios para quien genere electricidad, eliminación de aranceles e impuestos facilitados. “Es un camino que tomará tiempo, admite, pero es también parte de la consigna revolucionaria de no rendirse”.
Pablo, no aguanta las ganas y menciona “el elefante en la habitación”: Trump, del que todos quieren escuchar. Díaz-Canel responde con calma: “Para solucionar las cosas deben construirse canales de diálogo y agendas comunes. No es la primera vez que intentamos conversaciones con Estados Unidos. Lo que planteamos ahora, no contradice la historia de la Revolución”.
Afirma que no hay divisiones internas en la Revolución. “Hay personas que tienen poder no por su cargo, sino por su historia. Raúl Castro está presente”. Confirma que se han sostenido contactos recientes con el Departamento de Estado. Para Cuba, sin embargo, hay líneas rojas innegociables: respeto a su soberanía, a su economía y a su sistema político.
“Dicen que Cuba es un Estado fallido, señala el presidente con ironía. ¿Un Estado fallido podría haber resistido más de sesenta años de bloqueo?”
Se detiene un segundo y agrega con voz serena: “la perversidad de la política estadounidense llega al punto de asesinar la reputación. ¿Por qué una potencia tiene que recurrir a prácticas tan inmorales? Porque Cuba es un ejemplo”.
Cuando López Obrador lanza un mensaje en México, sacude la política mexicana. El dirigente de Podemos no desaprovecha la oportunidad, sonríe y pregunta por la posición del expresidente mexicano. Díaz-Canel habla con admiración de quienes sí han ayudado. Menciona a Andrés Manuel López Obrador, como quien, aun fuera de la presidencia, mantiene una posición clara. “AMLO es un seguidor de la tradición mexicana de apoyo a la revolución cubana. Los cubanos formamos parte del círculo más cercano de Benito Juárez; Fidel organizó la expedición del Granma desde México. Culturalmente estamos unidos: al menos una vez por semana hay un programa de música mexicana en la televisión cubana”.

Recuerda que México es el único país latinoamericano que nunca rompió relaciones diplomáticas con Cuba, y que la historia parece repetirse pese a las presiones de Washington.
Finalmente, menciona con afecto a Claudia Sheinbaum: “La presidenta que queremos y admiramos. Cada vez defiende a Cuba con más fuerza y desafía la intoxicación mediática. Entre nosotros hay una relación de profunda compenetración”.
La entrevista termina. El Palacio de la Revolución queda en silencio otra vez. Afuera, La Habana sigue su día: con menos turistas, con más paneles solares en los techos, con nuevas propuestas económicas y con esa terca voluntad de no rendirse que, una vez más, queda registrada frente a las cámaras.