AFP / Animal Político · 21 de octubre de 2026
El presidente Donald Trump y los republicanos enfrentan malos sondeos de cara a las elecciones de medio término en Estados Unidos, que podrían precipitar la pérdida de su mayoría en el Congreso.
Los estadounidenses están llamados a renovar la totalidad de la Cámara de Representantes (435 escaños) y un tercio (35 de 100) del Senado.
Una derrota pondría en dificultades la ambiciosa agenda de Trump, empeñado en darle un vuelco político y económico al país.
Trump ha hecho de los aranceles un arma de negociación económica y se embarcó en una guerra con Irán de resultado incierto, pero de impacto inmediato en el precio de la gasolina y la inflación.
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La economía sigue siendo el principal punto de preocupación de los votantes, como hace dos años, cuando llevaron a Trump al poder de nuevo, en un regreso electoral histórico.
El pronosticador Decision Desk HQ otorgaba a los demócratas un 75 % de posibilidades de ganar la Cámara de Representantes, proyectando una mayoría de 234-201.
En el Senado, los demócratas tienen una ligera ventaja y podrían lograr un resultado ajustado, que les daría una ventaja 51-49.
La Cámara de Representantes tiene la llave de la financiación del Pentágono o de agencias como la policía migratoria (ICE), y además puede abrir innumerables comisiones de investigación, tanto sobre el gobierno Trump como sobre su familia o empresas.
Esa fue la estrategia de los demócratas durante la primera presidencia, que intentaron en dos ocasiones destituirlo mediante votaciones que se estrellaron en el Senado.
El líder demócrata de la Cámara, Hakeem Jeffries, ha prometido “hacer que los delincuentes rindan cuentas” y afirma que, si llegan a la mayoría, su partido buscaría revertir los aranceles de Trump, poner fin a la participación de Estados Unidos en la guerra de Irán y restablecer los subsidios al seguro de salud.
Un triunfo en el Senado iría aún más lejos, permitiendo a los demócratas bloquear a los candidatos de Trump para el Poder Judicial y su gabinete.
Trump emprendió una gira electoral que lo llevará casi a diario a algún estado en disputa, al igual que su vicepresidente, JD Vance.
Además, ha hecho promesas extravagantes, como entregar 5 mil dólares a cada votante estadounidense si se mantiene la mayoría republicana en el Congreso.
Bastiones republicanos como Texas, donde un candidato a senador demócrata cuenta con serias aspiraciones, han encendido las alarmas de los republicanos.
Los votantes hispanos, recuerda Spencer Kimball, director ejecutivo de encuestas de Emerson, prefieren en la actualidad en un 64 % a un candidato demócrata frente a un 31 % que se inclina por un republicano.
Otros analistas estiman que los sondeos tienden a infravalorar el voto republicano, como sucedió en 2024.
Las razones del optimismo demócrata se basan en el desconcierto de la base republicana ante la guerra en Irán, que es muy poco popular.

El propio presidente Trump se ha resentido de esa guerra iniciada en febrero. Su popularidad es muy baja: más de 6 estadounidenses de cada 10 desaprueban su gestión.
Pero los partidarios del mandatario alegan que ese tipo de baches son habituales para todos los presidentes a medio mandato, desde hace lustros.
“Tanto si eres un buen presidente como si eres un gran presidente, pierdes las elecciones de medio mandato“, lamentó Trump en un reciente encuentro con republicanos.
“Tradicionalmente, el partido de la oposición está en una buena posición” antes de las elecciones de mitad de mandato, confirma Julian Zelizer, profesor de historia política en la Universidad de Princeton.
El presidente es impopular a nivel nacional, pero logró que prácticamente todos sus candidatos en las primarias republicanas resultaran elegidos. Algunos de esos candidatos han protagonizado escándalos tras su elección.
Otros tienen poca experiencia. Trump, por ejemplo, apoyó a la hermana del senador fallecido Lindsey Graham, Darline, para reemplazarlo en la elección de Carolina del Sur.
Darline Graham reconoció que tenía pocos conocimientos en temas de política exterior, que era el principal recurso de su hermano, un peso pesado en el Senado.
Trump sigue dominando a su partido de forma avasalladora, lo que es una incógnita en esta campaña, para la que los republicanos esperan invertir fondos sustanciales.
Los demócratas cuentan, por su parte, con sus propias incógnitas electorales: en varios estados, sus candidatos son en realidad miembros de los Socialistas Demócratas (DSA), que concurrieron en las primarias demócratas, y que presentan una agenda sustancialmente a la izquierda del partido.
El acercamiento entre Trump y el presidente ruso Vladimir Putin se produjo a través de los hidrocarburos rusos. Trump levantó sanciones al gas y al petróleo de Moscú con la intención de reducir el precio de la energía y aumentar su popularidad de cara a los comicios de noviembre.
La gran perjudicada por este movimiento es Ucrania, y también su presidente, Volodimir Zelenski. El presidente estadounidense aconsejó el 10 de octubre a los ucranianos que buscaran “un líder nuevo”. Y cinco días después afirmó que era “más difícil” tratar con Zelenski que con Putin.
Trump responsabiliza a Ucrania con sus ataques contra refinerías rusas, de los altos precios de los combustibles, cuando en realidad el alza de los hidrocarburos se dio con la guerra en Oriente Medio, desatada a finales de febrero por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
El presidente estadounidense, que trata de no tensar el conflicto con Teherán antes del 3 de noviembre, afirmó recientemente que Rusia está haciendo “muy poco, o incluso nada, para ayudar” a Irán. “Quiero que siga así”, añadió.
