AFP y Redacción Animal Político · 11 de febrero de 2026
Ante el riesgo de un agravamiento de la crisis energética, los habitantes de La Habana, Cuba, intentan protegerse: reservas de carbón para unos, motos eléctricas para otros o paneles solares para quienes pueden permitírselo.
A la orilla de una carretera periférica al sureste de La Habana, algunos vendedores ofrecen carbón directamente sobre el asfalto y braseros artesanales, unos fabricados con viejos tambores de lavadora y otros más sofisticados.
“Todo el mundo sabe lo que viene ahora. No tenemos combustible en el país, hay que tomar alternativas”, dice a la AFP Niurbis Lamothe, una empleada estatal de 53 años, luego de adquirir una cocina artesanal de carbón.
“Se apretó el zapato más de lo que estaba”, comenta una compradora que prefiere no dar su nombre, mirando una bolsa de carbón vegetal de 2 mil 600 pesos (5.25 dólares), es decir, cerca del 50 % del salario medio cubano.
Esta madre de una niña pequeña explicó que su sueldo no le alcanza para comprar de una planta eléctrica o una pequeña batería de litio para sortear las 10 o 12 horas de cortes eléctricos que vive a diario.
“Esta es la vía más asequible al bolsillo” para poder cocinar, explica mientras carga un saco de carbón en su moto eléctrica.

Yurisnel Agosto, un comerciante de 36 años, confirmó que “nunca había vendido tanto”. Antes, sus clientes principales eran pizzerías o restaurantes con parrilladas, pero ahora cada vez más personas llevan carbón para sus casas.
“La gente viene y compra tres sacos para prepararse para cuando no haya electricidad”, dice el joven con las manos tiznadas de llenar, apilar y acomodar los sacos al borde de la carretera.
La situación económica de Cuba se ha deteriorado gravemente en los últimos años, con todo tipo de carencias y con cortes de electricidad y de falta de combustible que se agravan.
Ahora, el estrangulamiento energético impuesto por Estados Unidos, que ya mantiene un embargo a la isla comunista desde hace más de 60 años, hace temer lo peor. A esto se suma que la economía cubana no logra recuperarse. En 2025 se contrajo alrededor del 5%, según un informe reciente del Centro de Estudios de la Economía Cubana.
Los cubanos intentan adaptarse. Algunos recuerdan que ya vivieron el “periodo especial”, la gravísima crisis económica que siguió a la caída de la Unión Soviética en 1991, entonces principal aliado de Cuba y su sostén económico.
A partir de 2000, con Hugo Chávez en la presidencia, Venezuela tomó el relevo como proveedor de petróleo a Cuba.
Pero la caída de Nicolás Maduro, capturado el 3 de enero en Caracas en una incursión militar estadounidense, hizo saltar las alarmas en Cuba, que ya antes tenía dificultades para cubrir la mitad de sus necesidades en electricidad.
Los cubanos ahora ven su salvación en los paneles solares. Las empresas de instalación se han multiplicado desde 2024, gracias a las facilidades de importación abiertas por el gobierno.
“La gente está desesperada por resolver”, refiere a la AFP Reinier Hernández, de 42 años, propietario de una empresa privada de instalación de sistemas solares que enfrenta una demanda exponencial.
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Desde mediados de enero casi no duerme, entre llamadas telefónicas, preparación de presupuestos y la organización del trabajo de su veintena de empleados que hacen jornadas interminables.
“En estas dos últimas semanas no he descansado”, confiesa Orley Estrada, jefe de brigada de 30 años. “A veces he llegado a la casa a la una de la mañana” y “están llamando más clientes constantemente”, dice.

En el barrio de Guanabacoa, en el este de La Habana, los obreros se afanan en instalar 12 paneles solares en el techo de un hogar para ancianos gestionado por la Iglesia católica. Con ellos, las religiosas podrán preparar comida para unas 80 personas.
“Sin electricidad no teníamos otra forma”, explica a la AFP la hermana Gertrudis Abreu, una religiosa dominicana que administra el comedor social y tuvo que pedir donaciones para reunir los 7 mil dólares necesarios para la instalación.
Y es que Washington se ha asegurado de que Cuba no reciba petróleo de Venezuela, que durante dos décadas ha sido el principal aliado de La Habana, y ha incrementado la presión para reducir el crudo que llega desde México.
Con ausencia de transporte público, racionamiento de combustible, teletrabajo y clases a distancia, Cuba comenzó a aplicar desde el lunes 9 de febrero, medidas de emergencia para enfrentar la crisis energética.
En La Habana, el tráfico menor de lo habitual y sus habitantes, que ya llevan años sufriendo apagones diarios, escasez de todo tipo y una inflación galopante, no ocultan su preocupación.
Usuarios de taxis privados dijeron que las tarifas se habían disparado de la noche a la mañana.
Para ahorrar energía, el gobierno comunista anunció la restricción de la venta de combustible, la disminución de los viajes entre provincias por ómnibus y trenes, el cierre temporal de algunas empresas estatales, así como el teletrabajo y la disminución de la semana laboral a cuatro días (de lunes a jueves).
Además, los hospitales en la isla laboran en condiciones mínimas, limitando las cirugías y la atención a los pacientes.
El Ministerio de Salud Pública de Cuba informó que se están aplicando medidas de racionalización de recursos y reducción de personal en clínicas y hospitales, ante “el recrudecimiento de las restricciones del gobierno estadounidense y las severas dificultades energéticas”.
Autoridades de gobierno señalaron que este plan busca dar prioridad a servicios esenciales, como la atención a pacientes con enfermedades terminales, cáncer y otros padecimientos crónicos, y al programa de maternidad.
“Se reducirá el personal en las instituciones, privilegiando que trabajen quienes vivan más cerca, para disminuir la movilidad. Se crearán grupos de trabajo por periodos y se buscarán alternativas de transporte para los trabajadores”, detallaron las autoridades.
El gobierno de La Habana aseguró que se garantizará el combustible para las ambulancias, “priorizando las emergencias”, y se mantendrán también las medidas antiepidémicas y de prevención de enfermedades de transmisión mediante organismos.
Además, las autoridades convocarán a jubilados del sector que residan cerca de las instituciones de salud “para que se incorporen de manera contratada”, con la finalidad de reforzar la presencia del personal de salud.
“Vamos a vivir tiempos difíciles”, aseguró el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, el pasado 5 de febrero previo al anuncio de un plan extraordinario de ahorro energético.

El turismo, que ya sufría el impacto de la crisis económica que castiga al país desde hace seis años, se verá gravemente afectado, lo que reducirá aún más la entrada de divisas.
Como señal de la gravedad de la crisis, las autoridades cubanas informaron a las aerolíneas que operan en el país que el suministro de combustible quedará congelado durante un mes, desde el 9 de febrero.
Air Transat y WestJet, ambas especializadas en viajes vacacionales, se sumaron a Air Canada, que informó que cancelaba sus rutas a Cuba. En los próximos días ésta última enviará aviones vacíos para recoger a unos 3 mil clientes y llevarlos a casa. Y varias compañías, como Air France, Iberia o Air Europa ya anunciaron que realizarán una escala para reabastecer sus aeronaves en otras naciones del Caribe con el fin de continuar sus operaciones.
Además, el gobierno anunció el cierre de algunos hoteles con baja ocupación y la reubicación de los turistas.
Ahora, lo que se vive en Cuba estos días trae recuerdos del pasado a algunos de los habitantes de la isla: apagones de hasta 16 horas diarias, escasez de alimentos, calles vacías o llenas de bicicletas, fábricas paralizadas y empleados enviados a casa.