Entre Trump y la soberanía: así ven jóvenes colombianos en EU el triunfo de Abelardo De la Espriella

María Fernanda Alarcón · 8 de julio de 2026

Entre Trump y la soberanía: así ven jóvenes colombianos en EU el triunfo de Abelardo De la Espriella

Tras la victoria del empresario y abogado Abelardo De la Espriella en la segunda vuelta presidencial de Colombia, donde se impuso por apenas 250 mil votos de diferencia —poco menos del 1 %—, la disputa electoral no terminó en las urnas.

El triunfo del candidato de derecha, respaldado públicamente por Donald Trump y con ciudadanía estadounidense, italiana y colombiana, abrió una nueva discusión sobre soberanía, la relación con Estados Unidos, así como legitimidad política en un país que llegó dividido al cierre de la elección.

Su principal adversario, el senador Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico que proponía dar continuidad al proyecto político de izquierda asociado al gobierno de Gustavo Petro, denunció en una rueda de prensa que, si no se cumplen condiciones de legalidad, recurrirá a la “desobediencia civil”.

“Si estas condiciones de legalidad no se cumplen, como líder de la oposición (…) emprenderé el camino de la desobediencia civil pacífica que implica no reconocer la autoridad de alguien que no responde a la defensa de la soberanía nacional”, dijo el senador.

Entre las exigencias de Cepeda está que Abelardo De la Espriella renuncie a su ciudadanía estadounidense antes de asumir la presidencia de Colombia y que aclare si ha tenido vínculos con agencias de seguridad de Estados Unidos. 

Para el excandidato, el problema no es solo electoral, sino de soberanía: quién puede representar al Estado colombiano cuando también mantiene una relación jurídica y política con otro país.

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Para México, socio regional de Colombia y país que enfrenta sus propias tensiones con Washington en materia de crimen organizado, migración y comercio, el giro político colombiano no es un asunto lejano.

Cuando se elige a un jefe de Estado, la decisión rara vez se queda dentro de las fronteras nacionales. En el caso colombiano, esa dimensión internacional aparece de forma especialmente visible: por la relación histórica con Estados Unidos, por la cooperación en seguridad y narcotráfico, por el peso de la diáspora y por el lugar que Colombia ocupa en el equilibrio político de América Latina.

Por eso, para los adultos jóvenes colombianos que viven en Estados Unidos, la elección de De la Espriella no se lee solo como un cambio de gobierno. 

También abre preguntas sobre migración, oportunidades, familia, regreso y pertenencia: qué significa seguir siendo parte de Colombia cuando las decisiones del país se toman lejos, pero sus consecuencias todavía cruzan fronteras.

En Animal Político hablamos con 10 adultos jóvenes colombianos de distintas edades y trayectorias migratorias en Nueva York para conocer su postura ante el futuro gobierno.

Bandera de Colombia en el consulado en Manhattan, Nueva York
Bandera de Colombia en el Consulado en Manhattan, Nueva York. Foto: María Fernanda Alarcón

Algunos se preguntan: ¿seguridad por soberanía?

Felipe Collazos, bogotano de 28 años que vive en Estados Unidos desde 2022, votó por De la Espriella y aunque recibió el resultado como un alivio, no lo describe como una victoria que cierre los conflictos, sino como reflejo de una ruptura más profunda.

“No me siento 100 % representado por el candidato por el que voté, pero siento que no es algo generacional, ni siquiera siento que puedo poner al país como dividido, sino que está fracturado”.

Esa palabra, fractura, también la identifican quienes votaron por Cepeda o esperaban una continuidad del proyecto progresista. Alexandra Aldana, de 28 años, nacida en Neiva y residente en Nueva York desde hace casi siete años, dice entre lágrimas que “quería con todo mi corazón que Cepeda ganara, pero sé que mi país, Colombia, está muy polarizado, muy dividido”. Agrega que “hay una parte del país que quiere paz, que quiere que el conflicto armado que lleva tanto tiempo azotando a Colombia se tome de maneras diferentes, que si alguien hace algo tenemos que hacerle algo peor.”

Alexa Aldana
Alexa Aldana. Foto: Cortesía

La elección volvió a poner en disputa dos formas de leer la seguridad: una que ve en la mano dura una respuesta al deterioro del orden público, y otra que teme que ese camino profundice los ciclos de violencia que Colombia ha intentado dejar atrás desde el 2016.

El gobierno de De la Espriella propone una relación mucho más alineada con Washington en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico. En un momento en que la administración Trump ha endurecido su discurso contra los cárteles en América Latina y ha puesto en duda la capacidad de los Estados para enfrentar por sí solos al crimen organizado —presionando a países como México con la posibilidad de una mayor acción militar estadounidense— la pregunta para Colombia es hasta dónde puede llegar esa cooperación sin convertirse en subordinación. 

“Yo creo que va a facilitar mucho esas políticas de deportación”

Alrededor de 1.6 millones de personas forman parte de la diáspora colombiana en Estados Unidos, una de las comunidades más grandes fuera del país, de acuerdo con datos del Migration Policy Institute.

Por eso, para varios de los entrevistados, el triunfo de Abelardo De la Espriella también se leyó desde otra pregunta: ¿qué puede significar para los colombianos que viven en Estados Unidos que el próximo presidente de su país tenga una relación más cercana con Washington y con el gobierno de Donald Trump?

John Moreno, de 24 años, originario de Palmira, Valle, y residente en Estados Unidos desde 2024, dice que esa diferencia de vida entre quienes están en Colombia y quienes viven en Estados Unidos también puede influir en la forma en que se interpreta el resultado.

John Moreno frente al Consulado de Colombia en Manhattan, Nueva York
John Moreno frente al Consulado de Colombia en Manhattan, Nueva York. Foto: María Fernanda Alarcón

“Con Abelardo como que siento que pueden ser un poco más fáciles las relaciones que tenga Colombia con Estados Unidos, así que a una persona aquí puede beneficiar hasta cierto punto, pero no es lo mismo para alguien que está en Colombia”, dijo.

Esa dependencia, sin embargo, también genera preocupación. Nicolás Vargas, bogotano de 28 años que vive en Nueva York desde hace más de cuatro años, dice que le “preocupa una posible cooperación ciega y subordinación (con Estados Unidos), que es un poco lo que hemos experimentado a lo largo de los años en Colombia”.

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Ana María Betancourt, de 27 años y también bogotana, tiene una postura muy directa. Para ella, la cercanía política entre Abelardo De la Espriella y Donald Trump podría facilitar políticas de deportación.

“Lo que ocurre con este sujeto es que él sí es ciudadano americano y él votó por Trump. Yo creo que va a facilitar mucho esas políticas de deportación. No sé, pienso, de pronto puede aumentar el número de deportados colombianos porque ahora hay una mayor cooperación”.

La discusión sobre el salario, el trabajo y la pobreza 

Recordemos que en 2022 —antes del inicio del gobierno de Gustavo Petro— la pobreza monetaria en Colombia se ubicaba en 36.6 % y la pobreza monetaria extrema en 13.8 %. Para 2025, esas cifras habían bajado a 28 % y 9.6 %, respectivamente, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). 

Por su parte, el salario mínimo legal mensual para 2026 fue fijado por el gobierno nacional en 1 millón 750 mil 905 pesos colombianos, más un auxilio de transporte de 249 mil 095 pesos colombianos, para un total de 2 millones de pesos colombianos mensuales, equivalentes a cerca de 10 mil pesos mexicanos.

Sin embargo, esos datos pueden interpretarse de distintas maneras. Guisselle Moisés, de 39 años, quien desde hace seis años vive entre Nueva York y Miami, celebró el triunfo de De la Espriella porque lo asocia con valores de derecha, familia, religión y una visión empresarial del país.

Guisselle Moisés, en Queens, Nueva York
Guisselle Moisés, en Queens, Nueva York. Foto: María Fernanda Alarcón

Desde esa mirada, Moisés dice que conoce a personas de izquierda a quienes les convence “una postura muy obrera”, pero que ella se identifica con una “postura más desde la posición empresarial, de salir adelante, de crear lo tuyo, de generar empleo.

La respuesta de Sofía Franco, de 21 años, originaria del norte del Valle, va en sentido contrario. Para ella, el triunfo de Abelardo De la Espriella no fue solo una noticia política, sino un golpe emocional que la hizo “llorar durante horas” y que reactivó su preocupación por “la clase obrera, porque así yo viva en este país, sigo siendo clase obrera aquí, en Colombia, y donde sea que yo vaya, que igual tengo que luchar, matarme trabajando, tratar de estudiar y trabajar al mismo tiempo. Para mí es importante que todos estemos bien”.

Sofía Franco
Sofía Franco. Foto: Cortesía

Esa preocupación por estudiar, trabajar y construir una vida posible también apareció en Breiman Cárdenas, quien nació en Medellín hace 22 años y vive en Estados Unidos desde hace dos años y medio. Para él, lo que está en juego son las condiciones con las que los jóvenes imaginan su futuro.

“El tema que me impacta a mí es el tema de los jóvenes, más que de todo, porque yo soy uno. Por sus estudios, su financiamiento y su desarrollo de vida. También me importa mucho el tema de la seguridad y de la fauna y flora de mi país”, expresó.

Breiman Cárdenas, en Brooklyn, Nueva York
Breiman Cárdenas, en Brooklyn, Nueva York. Foto: María Fernanda Alarcón

El derecho a pertenecer

La distancia, sin embargo, no significa lo mismo para todos. Entre los entrevistados también hubo jóvenes que aunque no nacieron en Colombia son colombianos por herencia.

Justin Montaño, de 21 años, es hijo de padres colombianos y ha vivido en Estados Unidos toda su vida. Dijo que “siguió la elección guiado por su familia” y aseguró que los colombianos nacidos en el exterior también deben tener voz.

“Es importante que todo el mundo tenga una voz. No importa en qué parte vives, porque es una comunidad, es la cultura de los colombianos y necesitamos todo el soporte”, afirmó.

Justin Montaño y su madre frente al Consulado de Colombia en Manhattan, Nueva York
Justin Montaño y su madre frente al Consulado de Colombia en Manhattan, Nueva York. Foto: María Fernanda Alarcón

Esa pertenencia también atraviesa la historia de Jacob Romero, de 25 años. Nació en Nueva Jersey y es hijo de padres colombianos, pero a los siete años se mudó a Manizales, donde vivió 17 años antes de regresar a Estados Unidos en 2024. Para él, ser colombiano no depende solo del lugar de nacimiento, sino de una vida marcada por la familia, la memoria, la distancia y la responsabilidad con quienes siguen allá.

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Romero describe el triunfo de Abelardo De la Espriella como “esa victoria que está en el papel, pero en la moral y en el tema de valores, yo siento que perdemos tanto, tanto, tanto”.

Al hablar de lo que significa ser colombiano desde Estados Unidos, lo resume así: “yo nací acá, pero soy de allá. Yo soy de allá y yo me identifico como colombiano y yo doy mi vida por Colombia todos los días. Soy la persona más orgullosa del mundo por ser colombiano”.

Jacob Romero en Manhattan, Nueva York
Jacob Romero en Manhattan, Nueva York. Foto: María Fernanda Alarcón

La pregunta que deja Colombia sobre soberanía, seguridad y relación con Estados Unidos traspasa fronteras. También pasa por las voces de los jóvenes colombianos que viven estas tensiones en carne propia: quienes crecieron entre promesas de paz, precariedad económica y un futuro incierto, y hoy intentan definir qué significa pertenecer a un país en transformación. 

Hoy Colombia forma parte de una disputa más amplia sobre cómo América Latina maneja sus relaciones internacionales sin perder autonomía, pero también de cómo las nuevas generaciones imaginan o cuestionan ese futuro.