Vanessa Farías Maya y Olivia Zerón Tena · 9 de febrero de 2026
Este domingo 8 de febrero fue el Día de Bad Bunny. Lo declaró oficialmente el gobernador de California, Gavin Newsom, antes del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl. Luego, ya sobre el escenario, lo confirmó por todo lo alto Benito Antonio Martínez Ocasio con la tremenda fiesta latina que se armó en la que hizo caber y bailar a todo América.
Además de entretenimiento, el show intermedio de la final de la NFL, es un breve espacio de alto valor simbólico comprimido, en el que todo comunica. Y Benito lo tuvo clarísimo desde el inicio.
Cuando el partido entre Seahawks y Patriots llegó al final del primer tiempo, una escenografía tropical con cañas de azúcar, palmeras y casas que evocan a Puerto Rico se impuso -colorida y soleada- en el centro del campo del Levi’s Stadium en Santa Clara.
La primera frase subrayó la intención: ¡qué rico es ser latino! Luego, con el grito “¡hoy se bebe!” de un cañero, comenzaron los 13 minutos con los que Benito hizo rabiar a Donald Trump. Algo que para el boricua no podría tener otro sabor que el de una victoria frente al odio y el miedo que propaga el ICE hacia las personas migrantes.
Esas familias, al menos por una noche, miraron el televisor y se sintieron representadas dentro del país donde viven, estudian y trabajan, pero que el gobierno quiere fuera y lo demuestra a punta de persecución y discriminación por el tono de piel. Para esa gente -su cultura y raíces- fue todo, de principio a fin.
“El show del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia”, escribió Trump en su red Truth Social.
“Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo. Este ”espectáculo“ es una bofetada para nuestro país, que está estableciendo nuevos estándares y récords cada día”, advirtió.

Pero los “estándares récord” en la fiesta de Bad Bunny eran otros. Uno relevantísimo con el que Benito marcó historia, fue el de hablar en español a lo largo de todo el concierto. Otro fue organizar una boda latina, donde todas y todos fuimos ese niño que se queda dormido en las sillas.
Uno más, fue vestir un jersey blanco con el número 64 por el año de nacimiento de su madre y perderse como uno más en una puesta en escena que mostró la diversidad de la comunidad latina, que cada día se gana la vida procurando el baile y la alegría,a aunque el camino sea cuesta arriba.
Para eso se requirió un recorrido, al ritmo de “Titi me preguntó”, entre comercios de “coco frío”, “piraguas”, “villa tacos”, “la marqueta”, “compro oro y plata”, diseño de uñas, y hasta un vistazo a un par de boxeadores representando al deporte en el que Puerto Rico es potencia. De ahí, salto hasta Nueva York directo a la Casa Toñita -con ella misma en persona- como se conoce al Caribbean Social Club, un bar puertorriqueño activo desde la década de 1970 en el barrio de Williamsburg en Brooklyn.
“Las mujeres en el mundo entero perreando sin miedo” dijo Benito mientras sonaba “Yo perreo sola”, con su famosa casita de la residencia en Puerto Rico de fondo; la misma con la que cumplió una exitosa gira en la que no hizo ni una sola fecha en Estados Unidos. De invitados esta noche estaban Pedro Pascal, Carol G, Raw Alejandro, Cardi B y Jessica de Alba.
También hubo espacio para rendir homenaje a quienes abrieron paso. Sonaba “Party” y “Voy a llevarte pa PR”, cuando una escena pregrabada irrumpió con perfección en las pantallas: Bad Bunny atravesando el techo y “cayendo” dentro la casita para cantar “EoO” y dar paso a un guiño a dos temas de los más grandes exponentes del reggaeton: “Dale Don Dale” de Don Omar y “Gasolina” de Daddy Yankee.
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Ambas, canciones que globalizaron este ritmo hace más de 20 años y que influyeron en aquel chico de Vega Baja, que aún sin formación musical comenzó a subir sus producciones Sound Cloud y el resto es historia.
“Si estoy aquí en el Super Bowl 60 es porque nunca dejé de creer en mí, tú también debes creer en ti”, dijo entonces Benito Antonio Martínez Ocasio, después de decir su nombre completo otra vez. Luego, apareció Lady Gaga y se asomó brevemente el sapo Concho, endémico de Puerto Rico y en peligro de extinción, que ahora acompaña en pancartas las marchas contra el ICE en Estados Unidos.

Sonó “Un Verano en Nueva Yol” y después llegó uno de los momentos más conmovedores, cuando Benito le entregó uno de sus premios Grammy, recién ganados, a un niño que parecía representar simbólicamente al pequeño Liam Conejo, el niño de cinco años que fue detenido en Minneapolis por los agentes antimigrantes de Trump.
Un cambio de cámara después y ahí estaba Ricky Martin cantando “Lo que pasó en Hawaii”, una de las canciones más políticas del disco “Debí Tirar Más Fotos”, ganador del Grammy a Mejor Álbum del Año.
Casi al final, cuando parecía que ya nada podría sorprender a la audiencia, comenzó “El Apagón” y Benito era ahora un trabajador trepado en un poste de luz, tratando de restablecer el servicio en la isla. “Ahora todo mundo quiere ser latino”, dijo y de pronto todas las banderas del continente entraron a escena. “Café con Ron” y a sus espaldas un letrero enorme con la frase: ”La única cosa más poderosa que el odio, es el amor”.
Luego enlistó a todos los países americanos para culminar su show con “Debí Tirar Más fotos”, un balón y el mensaje que sintetizaba todo: “Juntos Somos América”.

Cuando el escenario se desmontó y los jugadores regresaron al campo, el marcador seguía abierto. Pero algo ya se había definido.
El medio tiempo dejó su huella, no solo como espectáculo, sino como registro de una época marcada por tensiones políticas. El balón volvió a moverse. El Super Bowl continuó. Seahawks ganó. Pero el eco del show se quedó para siempre.
Seguía siendo 8 de febrero, el día oficial de Bad Bunny.