Contenido Animal Político · 13 de octubre de 2026
Para Antonia, rentar su casa no es un negocio: es su sustento
Cuando Antonia recibe huéspedes en el departamento que anuncia como alojamiento temporal y que está ubicado prácticamente a unos pasos de la estación del Metro Balderas, en ocasiones tiene que abandonar temporalmente su propia casa y quedarse con su hija. Es una de las alternativas que encontró para obtener ingresos después de casi siete años sin empleo.
Primero comenzó a rentar habitaciones. Después decidió ofrecer también el departamento completo, una modalidad que le ha permitido mantener una ocupación que, según sus cálculos, ronda el 80% de las noches del año.

“Pues llegué a Airbnb por necesidad, ya con el desempleo, buscando también otras opciones que por la edad ya no consigo”, cuenta.
Hoy enfrenta un problema que va más allá de encontrar huéspedes: la reforma aprobada por el Congreso de la Ciudad de México en octubre de 2024 establece que los inmuebles destinados al alojamiento turístico temporal no podrán renovar su registro si superan el 50% de ocupación anual.
Para Antonia, esa disposición pone en riesgo la actividad de la que depende económicamente. No tiene empleo ni recibe una pensión.
“A mi edad no tengo ni pensión, ni trabajo”, explica al hablar de la posibilidad de perder una parte importante de sus ingresos.
La alternativa de regresar al arrendamiento tradicional tampoco le resulta atractiva. Ya lo intentó durante un año, pero asegura que recuperó su propiedad en malas condiciones y tuvo que asumir los gastos de reparación.

Su preocupación no significa que rechace cualquier regulación. Por el contrario, reconoce que existe un problema con quienes concentran numerosos inmuebles para destinarlos al hospedaje turístico.
Lo que cuestiona es que las disposiciones no distingan entre esos operadores y personas como ella.
“También en alguna parte el gobierno tiene razón, ¿no? Porque ya para todas las personas ya no hay manera de vivir con renta […] Pero es que se fijen quiénes estamos con solo una propiedad, cómo lo rentamos y demás”.
La diferencia, sostiene, es fundamental:
“El mío no es negocio, es subsistencia”.
El 3 de octubre de 2024, se publicó en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México, reformas a la Ley de Turismo de la ciudad, en la que se estableció el límite del 50% de las noches del año para las estancias turísticas eventuales.

La medida, enviada al Congreso por el entonces jefe de Gobierno Martí Batres, tenía como objetivo equilibrar la competencia entre los hoteles y las plataformas de alojamiento.
Sin embargo, el límite se aplica a todos los anfitriones. La ley no distingue entre quienes operan grandes desarrollos como negocio, y quienes, como Antonia, rentan la única propiedad que tienen como sustento.
De acuerdo con información difundida por Airbnb, el 80% de los anfitriones de la Ciudad de México comparte un único espacio a través de la plataforma.
La cifra muestra que la oferta de un solo alojamiento tiene un peso considerable dentro de la comunidad capitalina.
Para el 53%, esos recursos adicionales han contribuido a cubrir los gastos necesarios para permanecer en su vivienda.

El ingreso anual promedio que reporta la plataforma es de 84 mil pesos, equivalentes a aproximadamente 7 mil pesos mensuales. Se trata de un promedio, no de una cantidad que reciba necesariamente cada anfitrión.
Los datos ayudan a explicar la diversidad de situaciones que existen detrás de los anuncios de alojamiento temporal. Aunque para algunos representa una actividad empresarial, para otros constituye un complemento de sus ingresos o una alternativa ante la falta de empleo. Asimismo, la mitad de su comunidad de anfitriones está integrada por mujeres y que los adultos mayores representan el 15%.
En la colonia La Candelaria, en Coyoacán, a sus 70 años, Gustavo Santillán comenzó a recibir huéspedes en 2017, después de salir del mercado laboral.
Su hijo mayor se había casado y una parte de la vivienda familiar quedó disponible. La posibilidad de rentarla temporalmente surgió como una manera de aprovechar ese espacio y obtener recursos adicionales.
Llegó a ofrecer dos alojamientos, pero actualmente mantiene uno solo en la plataforma.
Su alojamiento tiene una ocupación que calcula entre el 40% y el 60% de las fechas disponibles durante el año, por lo que el límite establecido en la reforma podría afectarlo dependiendo de su ocupación efectiva.

Pero su mayor preocupación está relacionada con los impuestos y los servicios asociados a la vivienda.
Gustavo teme que el registro de su propiedad como alojamiento temporal pueda derivar en una clasificación de uso comercial y, con ello, en la pérdida de descuentos que recibe como adulto mayor en el pago del predial y el agua.
“En mi caso, el predial ya lo tengo bien calculado. El agua, yo no sé si me pusieran a una cuota comercial o simplemente me quitaran el descuento del 50% de adulto mayor”, afirma.
Se trata de un cálculo personal sobre un escenario que teme enfrentar. El decreto de octubre de 2024 no establece por sí mismo ese incremento del predial ni determina automáticamente la pérdida de descuentos para adultos mayores.
El anfitrión también señala que los impuestos y comisiones asociados a las reservaciones han reducido sus ingresos con el paso de los años.

“Ya pagamos impuestos, se cobra IVA, me cobran ISR. Tengo ejemplos de lo que me paga hoy el huésped. Hoy me paga 100 pesos a mí, pero él paga 142 pesos”.
Si los costos continúan aumentando, Gustavo considera la posibilidad de dejar de recibir huéspedes.
“Si aparte nos quitan los beneficios y tenemos que pagar más, yo sí te diría que tendría que evaluar el cerrarlo”.
La misma regla pesa distinto en cada adulto mayor. Para Antonia, está en juego lo que come cada mes. Para Gustavo, el ingreso que completa su pensión y la actividad que le da un nuevo propósito.
La actividad de los alojamientos temporales no termina cuando un huésped paga una reservación.
Pintores, plomeros, electricistas, trabajadores de limpieza, restaurantes, transportistas y pequeños comercios forman parte de los servicios que pueden beneficiarse del movimiento de visitantes.
Óscar Reyes conoce una parte de esa cadena económica. Es fundador de Kinex Servicios Integrales, una microempresa dedicada al mantenimiento de inmuebles, desde trabajos de pintura hasta reparaciones de plomería y electricidad.
En los últimos años ha comenzado a atender propiedades destinadas al hospedaje temporal. Aunque no todos sus clientes le informan el uso que dan a los inmuebles, ha identificado una mayor demanda de servicios relacionada con esta actividad.
“La diferencia es prácticamente en la frecuencia, es más frecuente y por la cantidad de personas que utilizan, un ejemplo, un departamento que una casa”, explica al comparar el mantenimiento de alojamientos turísticos con el de viviendas de uso habitual.

Su empresa cuenta con cuatro personas que trabajan directamente en ella y una red de proveedores externos a quienes recurre cuando aumenta la demanda.
Óscar reconoce que una reducción de la actividad en plataformas de alojamiento temporal no necesariamente pondría en riesgo su negocio, porque también atiende establecimientos comerciales, restaurantes y otros inmuebles.
No obstante, asegura que su participación en actividades de vinculación empresarial organizadas alrededor del turismo le ha permitido ampliar su cartera de clientes.
Su experiencia ayuda a dimensionar una parte de la discusión que suele quedar fuera del debate sobre la vivienda: los ingresos que el hospedaje temporal puede generar para otros negocios.
Según cifras difundidas por Airbnb, durante 2024 la actividad de anfitriones y huéspedes de la plataforma en México generó más de 145 mil millones de pesos en impacto económico.
Para la Ciudad de México, la empresa reportó un impacto económico superior a 22 mil millones de pesos en 2024, además de más de 46 mil fuentes de trabajo respaldadas y 5 mil 600 millones de pesos en ingresos laborales relacionados con la actividad de sus huéspedes y anfitriones.
De acuerdo con estimaciones, por cada peso destinado al alojamiento en la capital, los visitantes gastan aproximadamente cuatro pesos adicionales en transporte, alimentos, entretenimiento y comercio.

El estudio Impacto económico de las plataformas digitales de hospedaje en las Pymes 2025, elaborado por CONCANACO y Sinestesia.Digital también examina los vínculos entre las plataformas de hospedaje y las pequeñas empresas.
Estas estimaciones aportan elementos al debate económico, aunque no permiten determinar por sí solas el efecto que tendría el límite de ocupación sobre los comercios ni resuelven la discusión sobre sus consecuencias en el mercado de vivienda.
La discusión sobre los alojamientos temporales enfrenta dos preocupaciones que no necesariamente son incompatibles.
Por un lado, está la necesidad de evitar que el crecimiento de la oferta turística reduzca la disponibilidad de inmuebles para vivienda permanente o incremente la presión sobre los mercados de arrendamiento.
Por otro, las consecuencias que una regulación general puede tener sobre propietarios que no operan grandes negocios inmobiliarios y utilizan un solo espacio para obtener ingresos.
Los testimonios de Antonia, Gustavo y Óscar muestran que detrás de la actividad existen distintas realidades económicas. También que no todos los participantes dependen de estas plataformas en la misma medida.
Los datos de las plataformas de alojamiento temporal permiten dimensionar la importancia del ingreso complementario entre sus anfitriones, pero no establece cuántos de ellos superarían efectivamente el límite de ocupación ni cuántos dejarían de operar como consecuencia de la reforma.

Tampoco permite concluir que los alojamientos temporales carezcan de efectos sobre la disponibilidad o los precios de la vivienda.
Antonia no desconoce esa discusión. De hecho, admite que las autoridades tienen motivos para intervenir cuando una persona acumula numerosas propiedades para rentarlas a turistas.
Lo que pide es que las reglas también consideren a quienes llegaron a la plataforma porque no encontraron otra forma de obtener ingresos.
Para ella, el debate no se reduce a cuántas noches puede recibir huéspedes. Se trata de saber si podrá seguir sosteniéndose con la vivienda que todavía está pagando.