Ángeles Cataño · 29 de mayo de 2026
Si has paseado por los puestos de jugos de un mercado tradicional, seguramente has visto un letrero que ofrece la famosa “polla”. Lejos de lo que su nombre pueda sugerir a los no iniciados, se trata de una bebida espesa, potente y altamente nutritiva que se consume principalmente por las mañanas.
Es considerada el “elíxir de los madrugadores” o el remedio definitivo para quienes necesitan un empujón extra de energía tras una noche larga o una jornada de trabajo pesada.

Aunque la receta puede variar según la región o el “juguero”, la base clásica de una polla incluye:
La popularidad de la Polla no nació por una necesidad funcional y económica de la clase trabajadora. Originalmente, esta bebida era el combustible de los estibadores, cargadores y comerciantes de los grandes mercados (como la Merced o el mercado de Coyoacán). Estas personas iniciaban su jornada a las 3:00 o 4:00 de la mañana con un esfuerzo físico extenuante. Al no tener tiempo para un desayuno sentado, la Polla ofrecía:

Años a tras existía una gran confianza en los vinos medicinales y tónicos reconstructores. El uso del Jerez no era solo por sabor; en la medicina popular de la época, el vino generoso se consideraba un vehículo para “abrir el apetito” y fortalecer la sangre. Mezclarlo con huevo (la proteína más barata y accesible) era la versión casera de un suplemento alimenticio de farmacia.