Erika Rivera · 23 de marzo de 2026
En México, el maíz no solo se come: se hereda. Está en las tortillas, tamales, atoles y también en esas recetas que sobreviven lejos de las vitrinas gourmet, y los coricos son muestra de ello. Estas galletas de maíz son uno de esos ejemplos silenciosos de la cocina cotidiana que ha resistido el paso del tiempo, especialmente en el norte del país. Acá te contamos qué son los coricos y dónde se consumen.

Los coricos son una de las galletas tradicionales mexicanas menos conocidas fuera de la región que las vio nacer, pero están profundamente arraigadas en nuestra cultura (quizá hasta los has probado sin saber qué eran). Hechas a base de maíz, estas galletas crujientes cuentan una historia de herencia, identidad y cocina cotidiana que se mantiene viva hasta hoy.
Los coricos son galletas de maíz tradicionales, elaboradas principalmente con harina de maíz nixtamalizado, manteca (tradicionalmente de cerdo), azúcar y un toque de sal. Su forma suele ser redonda, plana y sin decoración, lo que refuerza su carácter sencillo y honesto, pero lleno de sabor. A diferencia de otras galletas mexicanas, los coricos no buscan ser suaves ni esponjosos. Su textura es crujiente y ligeramente arenosa, pensada para acompañar bebidas calientes como café o chocolate, y chopearlas como se debe.

Aunque hoy se encuentran en distintos estados del norte del país, los coricos están fuertemente asociados con Sinaloa, donde son parte de la vida diaria y se consumen en el desayuno o merienda. Se venden en mercados, panaderías tradicionales y puestos locales, generalmente en bolsas de papel o por docena.
A diferencia de muchas galletas de origen europeo, los coricos parten del maíz, el grano base de la alimentación mesoamericana. Esto los convierte en una adaptación local: una forma de repostería que dialoga con ingredientes prehispánicos y técnicas introducidas durante la Colonia. El resultado es una galleta mestiza, sencilla y profundamente regional.
Los coricos han sobrevivido gracias a la transmisión familiar de la receta. Panaderías pequeñas y cocinas domésticas han mantenido su elaboración sin necesidad de reinventarla por lo que representa: identidad regional, memoria y economía local.
En un país donde el maíz es raíz, los coricos siguen cumpliendo su función de alimentar, acompañar y contar historias sin necesidad de adornos. Y son una muestra de que la gastronomía mexicana no solo se construye desde grandes platillos, sino también desde recetas humildes que siguen horneándose generación tras generación.
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