Ángeles Cataño · 16 de marzo de 2026
Cuando hablamos de la gastronomía mexicana, solemos dar por sentado que todos sus ingredientes picantes nacieron en estas tierras. Sin embargo, el chile Perón (Capsicum pubescens) es la gran excepción. Este fruto, de colores vibrantes y semillas oscuras, es en realidad un viajero que cruzó el continente para echar raíces en los climas templados de México.
A diferencia del serrano o el habanero, el chile Perón no es originario de México. Sus raíces se remontan a la región andina de Sudamérica, específicamente en las zonas altas de lo que hoy es Perú y Bolivia.
Se estima que su introducción en territorio mexicano es relativamente reciente en comparación con otras especies. Debido a su evolución en las montañas sudamericanas, este chile encontró su ecosistema ideal en las zonas elevadas de Michoacán, el Estado de México y Veracruz, ya que es el único que tolera heladas ligeras pero sucumbe ante el calor extremo de las costas.

El chile Perón pertenece a la especie Capsicum pubescens. El término pubescens hace referencia a la vellosidad o “pelitos” de sus hojas, una característica de defensa contra el frío.
Si cortas un chile Perón, notarás de inmediato su rasgo más distintivo: sus semillas son de color negro o café muy oscuro. Esta es una característica genética exclusiva de su linaje andino; casi todos los chiles nativos de Mesoamérica poseen semillas claras o amarillentas.
A pesar de su origen extranjero, el chile Perón (también llamado manzano, cera o canario) se ha mimetizado perfectamente con la dieta mexicana. Sus usos más comunes incluyen:

Consumir chile Perón no solo es un deleite sensorial; también aporta grandes beneficios:
Dato Curioso: En Sudamérica se le conoce comúnmente como “Rocoto”. Si viajas a Perú, lo encontrarás como el ingrediente estrella del famoso Rocoto Relleno.