Paulina Figueroa · 29 de mayo de 2026
El arenque (Clupea harengus), también conocido por arenque del Atlántico, es muy similar a la sardina pero no es lo mismo; la principal diferencia a primera vista es la aleta anal, ausente en el arenque. Ya a profundidad las diferencias radican en su tamaño, especie y sabor, aunque vengan de la misma familia de pescados azules.
La sardina tiene un perfil de sabor más intenso y graso, con mayor concentración de calcio. El arenque tiene una carne más suave y suele prepararse encurtido, ahumado o marinado.

El arenque es más grande que la sardina, cuando se come fresco, el arenque tiene un sabor similar al de la sardina, pero sus valores nutricionales son distintos.
El arenque es un pescado graso, con un alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados omega-3, lo que le convierte en un alimento cardiosaludable. Mientras que la sardina tiene vitaminas A, B y D, además de minerales: calcio, fosforo, potasio, zinc, yodo, hierro y magnesio.
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El arenque era sinónimo de supervivencia y un producto básico durante la Edad Media, gracias a su abundancia en los mares del norte de Europa y su facilidad para ser salado, ahumado o encurtido.
Noruegos, holandeses, daneses y británicos levantaron sus flotas sobre este pez, que también fue moneda de cambio y fuente de impuestos, de acuerdo con el medio español ABC.
Con el tiempo, el arenque fue desplazado por especies más valoradas en el mercado, pero nunca desapareció. En los países nórdicos (Suecia, Noruega, Islandia o Finlandia) sigue siendo un ingrediente cotidiano, presente en ensaladas, sopas y celebraciones tradicionales.

El nombre “sardina” tiene su origen en la isla de Cerdeña, Italia (Sardinia en italiano), donde estos pequeños peces eran particularmente abundantes en la antigüedad.
En México, los estados con mayor producción de sardinas son Sonora, Baja California y Baja California Sur, logrando que el 4.8% de la pesca mundial de sardinas sea de origen mexicano y que además esté disponible en nuestro país todo el año.
Desde las décadas de 1970 y 1980, las poblaciones de sardinas se han recuperado afortunadamente y la especie ya no figura en la Lista Roja de la UICN. Por lo tanto, las sardinas son una variedad de pescado responsable y sostenible.