Acapulco sabe a lo que sabe… y el Tianguis Turístico 2026 también

Erika Rivera · 28 de abril de 2026

Acapulco sabe a lo que sabe… y el Tianguis Turístico 2026 también

Hay algo en Acapulco que siempre regresa, como las olas que lo bañan. No importa cuántas veces mude la piel —por un capricho intempestivo de huracanes o nostalgias—, la comunidad encuentra la forma de volver y resistirse al olvido.

Esta vez, el pretexto de la visita —como si se necesitara uno— es la edición 50 del Tianguis Turístico. Su efervescencia no se queda ahora en los stands de negociación ni en los discursos oficiales… está en la Costera: donde un festín de identidad marida con ese tráfico que nunca descansa. Durante un par de días, el país entero se condensa en mesas, cazuelas y manos que cocinan.

Le llaman “Ventana a México”. Punto de encuentro que reúne a representantes de los estados que llegan con lo mejor de sus cocinas, ingredientes y saberes y sabores. El nombre se aprieta institucional para una ventana que no se abre, sino que estalla en gorditas de maíz, aceite burbujeante y hierbas molidas. El comal, el metate y las técnicas ancestrales son los protagonistas, así como las cocineras tradicionales que han pasado su vida afinando el sutil arte de hacer una salsa o cocer una tortilla.

Josefina Rodríguez —Secretaria de Turismo— dijo que la idea es “abrir una ventana para que se vea, se pruebe y se compre lo que somos”. Tiene razón. Pero más allá del antojo, este espacio busca impulsar el consumo local y generar ingresos directos para la comunidad que mantiene vivo el fuego y el comal. Escaparate de los sabores de México.

cocinera tradicional en tianguis turístico 2026
La edición 50 del Tianguis Turístico no solo marca un regreso simbólico a su casa en Acapulco, también redefine su esencia: abrirse al público y poner al centro lo que realmente da identidad al país —su gastronomía y sus tradiciones vivas. / Foto: Cuartoscuro

En Plaza Quebec, 16 estados llegan sin pedir permiso, sin narrativa curada; solo un ramillete de antojitos que permiten probar México en pequeños y deliciosos bocados. Hay dulces que se pegan a los dedos, hay productos artesanales, hay barro, textiles, humo. Todo junto. Todo vivo. Todo mío. Todo tuyo. Todo nuestro.

Las cocinas que desfilan en forma de stands son honestas y no están diseñadas para encajonarse en una guía ni para ganar estrellas, pues nacieron bajo ellas. Están hechas para sobrevivir, para alimentar, para contar historias que no necesitan traducción.

Acá uno/a no viene a degustar con método… la comida te secuestra el olfato… te seduce, te obliga a traicionar cualquier plan. Entiendes que el verdadero giro del Tianguis Turístico no es logístico: es una experiencia colectiva que arranca la gastronomía de un escaparate y lo devuelve a su lugar natural, la calle. Eso se nota en la agenda gastronómica de la edición de 2026.

La narrativa se escapa varios kilómetros, a Taxco. Donde las calles empedradas son escenario perfecto para montar un altar al Festival del Taco, que promete “32 sabores, 32 estados”. Lo creo. El taco es archivo nacional. Cada versión dice algo sobre el territorio, sobre la escasez o la abundancia, sobre la memoria y hasta la creatividad. El taco no compite, dialoga y queremos charlar con él lo que dure la feria.

De regreso a Acapulco, en el Auditorio Sinfonía del Mar, un concierto. “México Canta”, dicen. Y sí, pero también mastica rituales cargados de vasos sudados, frituras crujientes y salsas de las que sí pican.

Después de cinco décadas, el Tianguis vuelve a casa. No regresa igual. Algo cambió. Viene a abrirlo todo. A permitir que la gente toque, pruebe, se ensucie las manos. Porque la mejor forma de promocionar un país no es con folletos, sino con el fuego que convoca al paladar.

Caótico, luminoso, contradictorio… aquí donde el comal y el mar se miran. Acapulco sabe a lo que sabe.

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