Paulina Figueroa · 30 de marzo de 2026
La vainilla es un tesoro mexicano y la protagonista de platillos de todo el mundo, cultivada desde tiempos prehispánicos por la cultura totonaca, en donde llegó a convertirse en un símbolo de sus dioses, pero es hasta hoy que se descubrió la abeja que poliniza la vainilla de forma natural.
El descubrimiento lo realizó el científico mexicano Miguel Ángel Lozano Rodríguez del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana quien identificó, por primera vez, al polinizador nativo de la vainilla: un grupo de abejas conocido como “abejas de las orquídeas”.
El hallazgo, documentado en cafetales bajo sombra en Veracruz, resuelve un enigma que acompañó al cultivo desde que comenzó a extenderse por el mundo.
“En recetas justamente de las culturas mesoamericanas existe la receta del chocolate que lleva vainilla“, destacó el investigador en entrevista para Aristegui Noticias.

Durante la Conquista, los españoles llevaron plantas de vainilla a colonias francés e inglesas pero no se tenía el polinizador, explicó Lozano. Fue entonces, en una isla cercana a Madagascar, donde se descubrió la polinización artificial. Esa tecnología llegó después a México y transformó por completo la producción. Desde entonces, cada flor de vainilla se poliniza a mano.
“Toda la producción de vainilla es precisamente producto de la polinización artificial. Cada vaina de vainilla, que es el fruto de la vainilla, prácticamente se hace a mano. Hay que polinizar una flor, flor por flor, todos los días. La flor solamente dura siete horas abierta” detalló el científico mexicano.

A lo largo de los años se pensaba que el polinizador natural de la vainilla se había extinguido pero nadie sabía quién era el polinizador se pensaba que eran abejas meliponas, colibríes, murciélagos.
Pero, señaló el investigador, “las meliponas son muy pequeñitas, son de menos de un centímetro y la flor es más grande. El proceso de polinización físicamente no se puede dar porque las abejas son muy pequeñas comparado con la flor”.
Las abejas de las orquídeas, son abejas metálicas, solitarias, que no producen miel aprovechable para el humano ni viven en colonias. “Los machos y las hembras viven separados y solamente se reúnen a la hora del apareamiento”, explicó Lozano.
Su nombre viene de una conducta particular: los machos recolectan fragancias de flores de orquídeas para crear su propio perfume y atraer a las hembras. Pero también recolectan aromas de hongos, madera y frutas.
Lozano y su equipo se dieron a la tarea de observar qué llegaba realmente a las flores de vainilla en entornos naturales. Lo hicieron en cafetales bajo sombra, un sistema agroforestal que conserva árboles y diversidad vegetal. Descubrieron que las que polinizan son las hembras, no los machos.
“Son las hembras, solo las hembras, las que recolectan el polen y el néctar, son las que pueden polinizar”, precisó el investigador.

“Algo muy irónico es que las flores de la vainilla no producen néctar, sino que producen un aroma el cual la abeja identifica como un aroma relacionado al alimento. Huele a comida, pero no tiene comida”. Este mecanismo se llama polinización por engaño: la flor atrae a la abeja, esta entra buscando alimento y, al hacerlo, adhiere el polen. Cuando visita otra flor, completa la polinización.
La polinización natural no ocurre en cualquier lado. Para que las abejas lleguen, se necesita un ecosistema que les ofrezca alimento y refugio.
Además, el investigador apuntó a un posible valor agregado: “La polinización natural podría mejorar inclusive la calidad del fruto y la calidad aromática”. Lozano reconoce que aún hay mucho por investigar ya que en México existe muy poca información sobre estas abejas.