Mi primera vez en la Ceremonia Michelin México 2026: esto es lo que nadie te cuenta de uno de los eventos gastronómicos más relevantes de la industria

Erika Rivera · 27 de mayo de 2026

Mi primera vez en la Ceremonia Michelin México 2026: esto es lo que nadie te cuenta de uno de los eventos gastronómicos más relevantes de la industria

Crecí viendo grandes premiaciones en la sala de mi casa. Nunca imaginé que pasaría de estar detrás de la pantalla, a las primeras filas de una. Esto comí, olí y disfruté en la ceremonia de entrega de las estrellas Michelin México 2026.

La invitación llegó más pronto que tarde. El mensaje confirmaba la cita: miércoles 20 de mayo del 2026; siete de la noche (5:30 para prensa); Edén Benavento; Guadalajara, Jalisco. Cinco horas de viaje en carretera o una hora en avión. Vestimenta tipo coctel. Confirmación indispensable. 

Hay varias formas para llegar a este tipo de eventos: te invita una marca relacionada con la gala, directamente la Guía o la sede de la ceremonia. Yo, por las dos últimas. Eso implicaba cumplir con una agenda: de una destilería en los Altos a una cata de chocolate en Tlaquepaque. De una cena a seis manos en Bruna a una cata de raicilla. De un desayuno en Yunaites hasta un paseo en calandria por el centro. Todo, dos días antes de la ceremonia.

Guadalajara nos recibió con ese calor seco que lo caracteriza y con el tráfico infernal de las obras que, por el Mundial, han ahorcado las vialidades durante meses. Ese mismo nudo de autos hizo que apenas llegara a tiempo a la cita de la gala.  

Cómo es la Ceremonia Michelin: el detrás de cámaras

chefs galardonados de la ceremonia michelin méxico 2026
Jalisco reunió a varios chefs que están marcando tendencia desde sus cocinas. / Foto: Erika Rivera-Animal Gourmet

“¡Bienvenida! ¿De qué medio nos visitas?”, Animal Gourmet, respondo. Proceden a ponerme una pulsera de color amarillo. De reojo, veo que chefs llevan otro color, influencers otro y así nos dividen, porque aunque la reunión sea en el mismo lugar: juntos, pero no revueltos. 

Nos conducen al jardín para la recepción. En sus marcas, listos… y comienza el chacaleo. Puedes encontrarte a algún chef echándose una cuba o “degustando” (para usar el argot propio de esta gala) alguna de las etiquetas de los patrocinadores. Da pena interrumpirlos mientras prueban los canapés que van saliendo a destajo. Pero alguien tiene que hacerlo. 

Los meseros pasean por las mesas con las charolas. A veces, toca perseguirlos; otras, llegan directo a ti. Es cuestión de suerte o de colocarte en algún punto estratégico que quede en el paso del servicio. Una técnica aprendida de los viejos periodistas que detestan que nunca les llegue nada. 

La gala se dividió en tres grandes momentos: la bienvenida, la ceremonia de entrega de reconocimientos y estrellas, y la celebración. 

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El chef a cargo de los canapés fue uno de los “gallos” a llevarse una estrella en Jalisco: Francisco Ruano, del restaurante Alcalde (spoiler: las quinielas no fallaron y sí se llevó su estrella). 

Paco presentó canapés inspirados en las 9 regiones que entraron en la Guía este 2026 (Ciudad de México, Oaxaca, Baja California, Baja California Sur, Nuevo León, Puebla, Yucatán, Quintana Roo y Jalisco, el estado anfitrión). En la primera parte de la gala desfilaron en las charolas: un coctel de carreta con almeja chiluda, camarón y pulpo; cecina con guacamole; birote salado con crema de rancho y caviar; taco dorado con langosta y caldillo; tartaleta de mole blanco y helado de plátano verde. 

Una hora después de la cita y después de habernos zampado varios de los hijuelos de la cocina y cinco o seis entrevistas, nos invitan a pasar al salón donde ocurriría la ceremonia de entrega. En las primeras filas, representantes de gobierno y marcas aliadas; después, chefs que serían premiados y atrás, la prensa, seguidos de los creadores de contenido.

El metro de la Ciudad de México me ha enseñado a apañar buenos lugares en ‘horas pico’. Pude afianzarme en la zona del centro con una  vista privilegiada del escenario. “Ya la hicimos, de aquí sale la portada para la nota de breaking”. Ninguno de nosotros contaba con que nos pondrían a una persona en el pasillo para evitar que nos fuéramos hasta adelante en el momento de la foto. Casi me taclea.

“Ni modo, hay que resolver”. Mis brazos, aunque pequeños, salen al quite cuando se les requiere y lograron capturar esos momentos de la ceremonia que vemos en los titulares, en los carruseles de redes sociales y en las historias del minuto a minuto.  

Termina la premiación con algunas sorpresas, como que la taquería El Califa de León pierde su estrella; o la entrada de otros proyectos que habrá que probar (aunque pareciera lo contrario, no siempre dan la vida, la cartera y los botones para conocerlos todos). 

En las pantallas un resumen de la jornada: 133 restaurantes con recomendación Michelin; 63 Bib Gourmand; 26 lugares con una estrella, dos con dos, 11 estrellas verdes y 4 premios especiales.  

Corremos todos para el jardín. Ahora sí, a deschongarse. La presión, la angustia, la ansiedad ya pasaron. Las estrellas que cayeron, ya cayeron. No hay más. Con esa relajación llegan más risas, más conversaciones, más jolgorio. Un mariachi y un grupo en vivo que amenizan. 

El ambiente se acompaña de nuevos canapés: ceviche de coco tierno y recado negro; tostada de pipián de pollo y aguacate; esquite, menudencias y espuma de queso ranchero; chicharrón de la Ramos y piquín; tamal de barbacoa; sope de chinchayote y espinazo con verdolagas; helado de aceite de oliva con semilla de hinojo; arroz con leche y marquesitas de jamaica. Las regiones no pierden presencia. Tampoco los guiños a ingredientes de lujo, como el caviar reserva especial Kaluga Huso Hybrid de Petrossian; ostiones de Bendito Mar (unos con tartar de costilla de atún aleta azul y otros con panza de atún y ponzu trufada) y jamón ibérico de bellota de Castro y González.

Este año, otra novedad en la gala. Se dejó atrás la champaña y se le dio la bienvenida a las cavas de Mestres (Visol, Mas Via y Clos Damiana), como reconocimiento a esos espumosos que han ganado presencia en las  mesas a nivel mundial.

Miro a mi alrededor y me siento afortunada de estar rodeada de mucha gente que admiro, pero extraño mi casa y la sala donde veía las premiaciones desde un televisor. Hoy, bajo el cielo “estrellado” de México. Me quito los tacones y el estrés. Que me lleven las burbujas, mientras suena el Son de la Negra.

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